[ZEHRA] Días después, la pesadilla no se disipa. Se organiza. No hay sirenas ni sobresaltos repentinos. Hay algo peor: una normalidad hostil que se instala en cada gesto cotidiano. Despierto con el cuerpo cansado antes de hacer nada. Camino por el departamento con la sensación de estar siendo observada, aunque sé que nadie mira. El mundo aprendió mi nombre y decidió repetirlo sin cuidado. Las consecuencias de la noticia no llegan en bloque. Llegan por capas. Primero, los silencios. Personas que antes respondían de inmediato ahora lo hacen con cautela, como si cada palabra pudiera comprometerlos. Después, las preguntas que nadie formula de frente, pero que flotan en el aire de cada reunión: ¿Qué sabía? ¿Cuánto participó? ¿De qué lado está realmente? Finalmente, la burocracia, que no sie

