Cuando Camila salió de la mansión de don Servando y subió a su automóvil, llamó a Evelyn: –¡Amiga preciosa!, ¿cómo estás? –respondió Evelyn alegremente. –No tan bien como tú Evelyn, ¿puedo ir a verte para hablar? –Cariño, ¿cuándo has necesitado preguntar para venir a mi casa?, claro que podemos hablar, te espero. No pudo decirle nada más, cerró la llamada y encendió el auto para tomar rumbo a la casa de Evelyn, la cual quedaba a pocos kilómetros de donde se encontraba la mansión Mondragón. Al llegar estacionó en la entrada y fue recibida por Gregoria el ama de llaves de los Oropeza de toda la vida, subió directamente a la habitación de Evelyn y al entrar, ella, en su mejor actuación, trató de abrazarla, pero fue detenida por Camila con un gesto de su mano al mismo tiempo que le decía

