Como cada día, Santiago se despertó y fue al gimnasio que había dispuesto en su lujoso apartamento que, aunque no era muy amplio contaba con todas las comodidades para hacer más placentera la estancia en dicho lugar, al ser de tres habitaciones pudo distribuirlas para lo que necesitaba.
Donde una era su área de entrenamiento físico, otra la oficina-estudio-biblioteca y la que destinaba para dormir que había decorado en tonos tierra, ese era su espacio íntimo y muy privado, ninguna mujer había entrado allí.
La sala, comedor y cocina eran un solo ambiente abierto y exquisito, estaba orgulloso de lo bien que se veía cada rincón, el buen gusto se evidenciaba en cada detalle.
Aquí podía hacer algo de lo que no alardeaba y que consideraba un secreto: amaba cocinar, su despensa sería la envidia de cualquiera que le gustara la cocina, al ser sábado y mientras entrenaba iba pensando en el suculento desayuno que se prepararía, sin descuidar el menú para el almuerzo; no pensaba salir de la vivienda porque tenía trabajo que terminar antes de realizar un nuevo viaje a las construcciones.
Se duchó y durante la preparación del desayuno, encendió la televisión para ver el noticiero, en ese momento se enteró del accidente del autobús escolar y de que los niños habían sido trasladados al hospital donde fueron atendidos durante todo el día y parte de la noche por los excelentes pediatras de allí.
Todos comandados por la doctora Camila Hernández a quien los padres agradecían efusivamente su servicio, salía una foto de ella y con solo ver esa imagen de su hermoso rostro revivió en la mente el beso, sus atuendos descuidados y sus conversaciones sin sentido, por lo que no pudo evitar sonreír.
Esa mujer había hecho cualquier cantidad de cosas para decepcionarlo y resultó que obtuvo exactamente lo contrario, estaba cautivado con ella, no la culpaba del engaño ya que la justificaba por querer hacerle un gran favor a su amiga.
Tal vez debió negarse a mentirle a un tercero, pero seguía exculpándola diciéndose que no lo hizo con mala intención, de quién no estaba muy seguro aún era de Evelyn Oropeza.
Últimamente mostraba un repentino interés por él, cambiando toda su estrategia de rechazo a una de evidente plan conquistador al borde del acoso, incluso desvirtuando a Camila, y todo surgió justo al notar que a él le había llamado la atención su amiga.
Todo lo que hacía y decía Evelyn ahora lo colocaba en una posición muy incómoda, aunque, por una parte, quisiera darle una oportunidad por respeto y consideración a su abuelo, pero, por otra parte, la verdad era que la oportunidad quería dársela a sí mismo tratando de acercarse a la pediatra.
Revisó una vez más el teléfono y ahora sí estaba en visto el mensaje para Camila, pero sin respuesta, tendría que ser más agresivo y buscarla personalmente si quería hablar con ella.
***
Por su parte Evelyn despertó y cuando bajó a desayunar se encontró con su abuelo, quien le informó que ya había hecho todas las diligencias pertinentes para lograr dos buenas propuestas laborales en los mejores hospitales infantiles de Washington y California; de la Dirección de Salud le indicaron que solo esperaban por la respuesta de Camila, ahora quedaba esperar a que la chica se decidiera por una de ellas.
La linda rubia sonrió, su plan ya estaba en camino a buen término, confiaba en que las tentadoras ofertas surtieran efecto en Camila para que aceptara y se marchara muy lejos de ella y del precioso hombre que la tenía obsesionada, había soñado con él, se vio en sus brazos vestida de novia.
Camila también despertó, revisó su teléfono y leyó el mensaje de Santiago, pero aún no se sentía en disposición de hablar con él.
Luego de asearse un poco, fue a visitar a los niños que había atendido, todos estaban estables, por lo que decidió ir a desayunar para regresar donde su madre, ya que había recordado que estaba pendiente una información por parte de don Servando y una conversación de ella con su madre para contarle lo sucedido con Evelyn y Santiago.
Llamó a su madre y le preguntó si ya estaba en casa de don Servando, su madre dio gracias porque estaba al teléfono y su hija no podría ver lo rojo de su rostro cuando le respondió que, sí estaba en la mansión de don Servando, cuando la tuviera frente a ella tal vez le confiaría que había dormido allí, Camila le avisó que iba saliendo a verla y quedaron en reunirse pronto.
La pediatra llegó al encuentro con su madre y ya don Servando estaba al pendiente para enterarla de lo que había averiguado, después de saludarse la invitaron a sentarse con ellos en el recibidor y comenzaron a contarle todo:
–Mi niña hablé a la Dirección de Salud y me remitieron al señor Emilio Oropeza –cuando escuchó ese nombre sintió un frío recorrerle la espalda y arrugó la frente, pero continuó escuchando–, lo llamé y él mismo admitió que había intervenido para que te ofrecieran los puestos de Washington y California debido a que hace tiempo le manifestaste a Evelyn tu deseo de ejercer Pediatría lejos de Pensilvania.
–Nunca hice eso, ¿por qué Evelyn inventó tal cosa?
–Hija, ¿hubo algún problema entre tú y Evelyn por el nieto del señor Eugenio Altamirano? –preguntó acertadamente Eloísa.
–¿Será posible? –exclamó con la rabia y la decepción invadiéndola–, mamá los señores Emilio Oropeza y Eugenio Altamirano se prometieron entre ellos que unirían a sus nietos en matrimonio, hace poco Evelyn me pidió que asistiera a una cita a ciegas con el nieto del señor Altamirano y que me hiciera pasar por ella, yo solo debía asegurarme de decepcionarlo para que Santiago rechazara el compromiso. Hice lo que ella me pidió, fui a la cita, hablamos y traté de ser un desastre, pero él insistió en seguir viéndome y fui a una segunda cita donde le supliqué que hablara con su abuelo para que desistiera de su deseo de casarnos, él accedió y nos separamos. El problema se presentó en la fiesta de gala donde Emilio Oropeza quiso que Eugenio Altamirano conociera a su nieta Evelyn, Santiago estaba allí y se dio cuenta del engaño, nos pidió explicación y cuando yo traté de dársela, Evelyn me obligó a retirarme para quedarse a solas con él. Sencillamente Santiago le gustó y ahora está haciendo todo lo posible para alejarme de ellos.
–Y tú, ¿qué sientes por ese Santiago Altamirano? –preguntó su madre.
–Eso no importa ya, desde un principio cualquier acercamiento entre nosotros estaba condenado, porque todo comenzó con una gran mentira y ahora que les conté todo me doy cuenta de que lo mejor es aceptar uno de esos cargos, me preocupaba separarme de ti para no dejarte sola y ahora que estás con don Servando, estoy segura de que no podría dejarte en mejores manos –su madre sonrió y tomó una mano de don Servando–, yo comenzaré nuevamente lejos de aquí, poniendo distancia seguramente podré olvidarme de Santiago.
–Lamento mucho que te hayas enamorado del hombre equivocado hija mía.
–Más lo lamento yo, pero debo asumir la consecuencia de mi acto, ahora díganme, ¿cuál nuevo destino me recomiendan?
–California –dijo rápidamente don Servando–, como regalo de graduación te compraré un apartamento cerca del hospital, ya yo tengo una propiedad allá, tu madre y yo podremos ir y pasaremos tiempo juntos, luego haré los arreglos para enviar tu auto hasta allá, solo debes decirme cuando tengas todo listo.
–¿Un apartamento?, no don Servando, es demasiado.
–Mi niña, sabes que siempre te he considerado como a una hija, solo que lo hice tan calladamente como el gran amor que sentía por tu madre y que solo ahora me atreví a confesarle, nosotros decidimos casarnos el próximo sábado y desde ayer tu madre vive aquí conmigo.
Miró sonriendo a su madre quien tenía la vista clavada en el piso con el rostro tan rojo como un tomate. Camila solo se acercó para abrazarla mientras le decía:
–Estoy muy, muy, muy feliz por ti mamá.
–Gracias hija, puedes venirte tú también a vivir aquí, yo hoy iré a buscar mis cosas a nuestro apartamento.
–Me quedaré allá estos días para terminar de hacer los trámites necesarios para mi traslado, pero cuenta conmigo para los arreglos de tu boda, ahora mismo me voy ya que quiero hablar con Evelyn, le dejaré en claro que sé de todas sus estrategias para alejarme y que me iré porque es lo que me conviene a mí.