Cuando Santiago y Evelyn se retiraron dejando a Camila con semblante triste, don Servando invitó a bailar a Eloísa nuevamente, al llegar a la pista de baile, él tomó su cintura suavemente, pero con firmeza la atrajo hacia su pecho, ella puso su mano en su hombro y al unir sus manos se miraron a los ojos y sonrieron.
La danza los transportó, solo eran ellos y la música que los envolvía animándolos a mirarse y sonreírse, pero se mantenían en silencio, al terminar la pieza don Servando no la soltaba entonces ella lo instó a separarse por lo que él le dijo en el oído:
–Quisiera quedarme así contigo eternamente.
Eloísa muy sonrojada, no se atrevía a mirarlo, él soltó su mano sin dejar su cintura y levantó el rostro de ella tomándola por la barbilla para que lo viera, entonces al tener sus ojos en los de él, le dijo:
–Eloísa, ya no puedo disimular más, estoy enamorado de ti desde la primera vez que vi tu rostro, me atrapaste y tuve que ocultar mis sentimientos por temor a tu rechazo, en ese momento tú solo eras la mujer más hermosa que había conocido y yo el hombre que necesitaba asistencia en su mundo entristecido por su viudez, sé que me hubieras rechazado.
Pero hoy después de tantos años juntos, necesito descubrirte lo que hay en mi corazón para ti, lo que haces conmigo cada día es darme vida, no obstante, necesito más Eloísa, soy un egoísta al pedirte más cuando me das tanto, sin embargo, me atrevo a hacerlo porque siento que no te soy indiferente, tus ojos me miran con algo que quiero llamar cariño y le ruego al cielo porque pronto se convierta en algo más fuerte.
–Servando yo me reprochaba por lo que nacía en mi pecho por ti, no me creía merecedora de tus atenciones, pensaba que era imposible que alguien como tú se fijara en mí, por eso solo me limitaba a apoyarte de la mejor manera posible, pero manteniendo la distancia hasta hoy, no es cariño lo que siento hacia ti, es amor y muy grande.
Don Servando no había soltado su barbilla, por lo que le resultó muy fácil inclinarse y unir sus labios con los de Eloísa en un primer beso cargado de sentimientos y muchas promesas, después ambos caminaron hacia la mesa tomados de la mano, Camila notó ese gesto y al ver el rostro de su madre lo supo, así que cuando estaban más cerca ella se levantó de su silla y aproximándose a ambos les dijo:
–¿Al fin se dijeron lo que sentían uno por el otro?
–¿Tú sabias? –preguntó Eloísa.
–Por la forma en que se miran ustedes solamente se puede pensar en lo enamorados que están, me alegro mucho que se hayan declarado sus sentimientos y les deseo que sean muy felices.
–Aún no hago la pregunta, pero este es el mejor momento y escenario con tu hija de testigo querida mía.
Seguidamente don Servando sacó un estuche de su bolsillo y apoyando una rodilla en el piso le preguntó:
–Eloísa, eres mi razón de vida y nada me haría más feliz que compartir el resto de mis días a tu lado, ¿aceptas ser mi esposa?
–¡Por Dios!, claro que sí Servando, acepto ser tu esposa, luego de que he luchado contra este amor pensando que nunca sería correspondida y que solo eras amable conmigo por lo perfecto que eres, al fin puedo demostrarte cuanto te amo.
Él colocó el anillo en su dedo e incorporándose la tomó en sus brazos y la besó tiernamente en los labios bajo la llorosa mirada de Camila, varias personas se dieron cuenta del hecho y comenzaron a aplaudir a la pareja recién comprometida.
Servando le dijo a Eloísa susurrándole al oído:
–Te advierto que no estoy dispuesto a esperar mucho para nuestra boda, comenzaremos a prepararla de inmediato.
–Estoy de acuerdo –dijo Eloísa, pero con el rostro muy rojo, lo que enterneció a don Servando.
***
Al fin había llegado el día en que don Servando Mondragón pudo confesar que estaba enamorado de su asistente a quien contrató a instancias de todas las personas que veían como se estaba abandonando en lo personal y en su hogar, dedicándose exclusivamente al trabajo.
La llegada de Eloísa Hernández a su vida fue un rescate del fondo del mar, él había quedado impactado con la belleza y personalidad de ella, aunque por mucho tiempo se guardó lo que sentía por considerarlo inapropiado al ser su empleada.
También pensaba que había pasado muy poco desde que había muerto su esposa a quien él respetó mucho, pero que no llegó a convertirse en su mujer realmente porque que al casarse con ella ya estaba condenada a una muerte segura debido a que padecía de cáncer en una etapa avanzada.
Esto lo supo Eloísa al poco tiempo de trabajar para él, gracias a la señora encargada de la limpieza que se dedicó toda una mañana a contarle los acontecimientos ya que ella había atendido a la esposa de don Servando.
Esta señora le contó a Eloísa que, don Servando y doña Elena se conocieron porque el padre de ella le vendió unos terrenos a él y las reuniones de negociación se hacían en la residencia del señor porque estaba muy enfermo y no confiaba en nadie más que en su hija para coordinar la venta, solo que la mujer también estaba enferma, aunque se lo ocultaba a su padre para no preocuparlo.
Así comenzaron a frecuentarse y él la conquistó con su caballerosidad haciéndola olvidar su enfermedad, pasado un tiempo después de terminar la transacción de la compra-venta de los terrenos, continuaban las visitas de él, pasaban largas horas conversando y un día, estando con ella, el padre tuvo una recaída por la que falleció dejando a su hija inconsolable y al borde de un colapso.
Al no haber más familiares don Servando la llevó a una clínica de reposo, allí la visitaba semanalmente hasta que ella estuvo más tranquila y pudo volver a su gran casa.
Él no quiso dejarla sola y un par de meses después de salir de la clínica se casó con ella y se mudó a su mansión, la señora siempre estaba en cama y él pensaba que seguía deprimida, hasta que le confesó que padecía de una enfermedad terminal y que le quedaba poco tiempo de vida.
Don Servando tenía sentimientos encontrados porque ella le ocultó su enfermedad, pero tampoco podía dejarla, así que se mantuvo a su lado todo el tiempo y fueron momentos terribles cuando se acercaba el final, ya que los dolores eran atroces y el resto de los síntomas se intensificaron, a pesar de todo, él se mantuvo firme acompañándola hasta que la despidió en el cementerio.
–Don Servando es un buen hombre y merece ser feliz –concluyó la mujer él día que narró su historia.
–Sí, tiene razón señora Martha, don Servando es una buena persona.
Eloísa siempre se había sentido atraída por don Servando y como su razonamiento le decía que eso era incorrecto, se limitaba a tratarlo con mucha atención y respeto, a veces sobraban las palabras cuando de él se trataba ya que había llegado a conocerlo tanto que solo un gesto de su parte le bastaba para saber qué quería hacer o decir.
Aunque sospechaba que las atenciones que él le prodigaba a ella y a su hija, significaran algo más, entonces se reprochaba y no había querido hacerse ilusiones pensando que su motivación iba más allá de ser alguien generoso, ahora llegado el momento de las declaraciones podía decirle libremente que lo amaba y su felicidad era grande al saberse correspondida.
La pareja recibió las felicitaciones de Camila y del ingeniero Freites; Camila estaba muy contenta por su madre, ella se daba cuenta del efecto que don Servando provocaba en Eloísa y sabía dentro de sí que era amada por él, ya podía continuar sus planes de vida sabiendo que su madre estaría acompañada y protegida.