La primera noche peligrosa

1439 Palabras
Esa noche, la ciudad estaba cubierta por un manto de niebla que hacía que las luces de las farolas parecieran fantasmas flotando en la oscuridad. Yo caminaba sola por las calles silenciosas, mis pasos resonando en el pavimento húmedo, cada sombra parecía moverse con vida propia. Mi instinto me decía que no debía estar allí… pero algo dentro de mí me impulsaba a buscarlo. De repente, lo vi. Él estaba en lo alto de un tejado, inmóvil, observándome como si pudiera leer cada pensamiento mío. Sus ojos rojos brillaban intensamente, reflejando la luz de la luna y haciendo que mi corazón se acelerara sin control. —Valeria —susurró, bajando con una agilidad que desafiaba la gravedad—. No deberías caminar sola. —No puedo evitarlo —dije, la voz temblando a pesar de mi intento de sonar firme—. Necesitaba verte. Él bajó hasta el suelo con pasos silenciosos, acercándose a mí con esa elegancia felina que siempre me dejaba sin aliento. Cada movimiento suyo era calculado, perfecto, como si estuviera diseñado para hipnotizarme. —Siempre corres riesgos —dijo, sus ojos brillando con advertencia y deseo—. Pero esta noche… esta noche es diferente. Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, escuchamos un ruido detrás de nosotros. Una figura emergió de las sombras, demasiado rápida y silenciosa como para ser humana. Mi corazón se detuvo y sentí que todo mi cuerpo se tensaba. —Aléjate de ella —ordenó él, su voz grave retumbando en la calle desierta—. El intruso no retrocedió, y entonces lo vi. Sus colmillos brillaban bajo la luz de la luna, y sus ojos rojos parecían encenderse aún más. En un instante, se lanzó hacia la sombra con una velocidad imposible, derribándola al suelo en un movimiento que combinaba fuerza y precisión mortal. —¿Qué… qué eres? —pregunté, incapaz de articular más palabras, mientras mis manos temblaban. —Soy lo que nadie espera —respondió, volviéndose hacia mí, su mirada intensa y ardiente—. Y estoy aquí para protegerte. El miedo y la atracción se mezclaban en mí como un torbellino. Cada fibra de mi ser quería huir, y al mismo tiempo, deseaba que me envolviera, que me protegiera, que me llevara a su mundo oscuro. Se acercó y tomó mi mano, su piel fría y suave al contacto. Mi corazón latía con fuerza desbocada. —Valeria… —susurró—. Esta noche no es como las demás. Te mostraré algo que cambiará todo lo que creías posible. —¿Qué quieres decir? —pregunté, aunque sabía que no había vuelta atrás. —La noche tiene secretos —respondió, sus ojos rojos fijos en los míos—. Y tú ya estás atrapada en ellos. Sin previo aviso, me tomó en sus brazos y comenzó a correr. Sus movimientos eran tan veloces que el viento azotaba mi rostro y mi cabello, y todo a mi alrededor se convertía en un borrón de luces y sombras. Sentí miedo, emoción y deseo al mismo tiempo. No había forma de resistirme a él, y no quería hacerlo. Cuando finalmente nos detuvimos, estábamos en un parque desierto, rodeados por árboles altos que parecían tocar el cielo. La luz de la luna bañaba la escena, y todo se sentía irreal, como si hubiéramos sido transportados a otro mundo. —Aquí estás segura… por ahora —dijo, soltándome suavemente, pero sin apartarse demasiado—. Pero debes saber que esta noche solo es el comienzo. Mi respiración estaba agitada, mi corazón latiendo con fuerza. Sus ojos rojos brillaban a la luz de la luna, y cada mirada era un recordatorio de que estaba atrapada en un mundo que nunca había imaginado. —¿Y si no quiero esto? —pregunté, aunque en el fondo sabía que ya lo quería. —No hay marcha atrás —dijo con una media sonrisa—. Una vez que entras en mi mundo, no hay vuelta. Pero te prometo algo… —su voz bajó hasta un susurro—. No dejaré que te pase nada mientras yo esté cerca. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Sus palabras eran advertencia y promesa, miedo y deseo, todo mezclado en una intensidad que me hacía temblar. Y entonces, me tomó nuevamente de la mano, acercándome a él, y pude sentir su aliento frío rozando mi piel. Su cercanía era tan intensa que no podía distinguir entre miedo y atracción. —Prepárate, Valeria —susurró—. Esta noche descubrirás lo que significa la verdadera oscuridad… y lo que significa sentir deseo por algo que podría destruirte. El aire estaba cargado de misterio y peligro. Aún con su mano entrelazada a la mía, podía sentir cómo sus sentidos detectaban cada sonido, cada movimiento a nuestro alrededor. Era como si él no solo viera el mundo de manera diferente… lo percibiera de otra dimensión. —¿Qué… qué eres capaz de hacer? —pregunté, la voz temblando por la mezcla de miedo y fascinación. —Más de lo que imaginas —respondió, su tono grave, hipnótico, haciendo que cada palabra retumbara dentro de mí—. Pero no te asustes. No te haré daño. Solo te mostraré. Sin previo aviso, se impulsó hacia el aire y saltó sobre la rama más alta de un árbol, desapareciendo de mi vista por un instante. Cuando lo volví a ver, estaba ya sobre el césped, a metros de mí, moviéndose con una agilidad que desafiaba cualquier lógica. —¡Increíble! —exclamé, sin poder contenerme—. ¡Cómo haces eso! Él sonrió, esa sonrisa peligrosa que siempre lograba que mis rodillas temblasen—. Todo es cuestión de entrenamiento… y de naturaleza. Antes de que pudiera decir algo más, escuchamos un ruido cercano. Una sombra oscura se movía entre los arbustos. Él se colocó frente a mí, con una postura protectora que me hizo estremecer. —Aléjate de ella —ordenó, esta vez con un tono que no admitía réplica. La sombra avanzó, pero él se lanzó hacia ella con una velocidad que me dejó sin aliento. En segundos, la figura desapareció, y él volvió hacia mí, sus ojos rojos brillando más que nunca bajo la luz de la luna. —¿Estás bien? —preguntó, su voz suave, pero cargada de intensidad—. No debí dejar que caminaras sola. —Sí… gracias —balbuceé, incapaz de quitar mis ojos de los suyos—. Nunca había visto nada igual. Se inclinó hacia mí, y pude sentir su aliento frío sobre mi rostro. Cada palabra que decía parecía penetrar en mi mente, cada gesto suyo me atrapaba en un hechizo que no podía romper. —Valeria… esta noche no es solo un juego —susurró—. Es la primera vez que te muestro quién soy de verdad, y también… quién puedo ser para ti. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. No podía moverme, pero tampoco quería hacerlo. La tensión entre nosotros era eléctrica, y el deseo mezclado con el miedo me hacía sentir viva de una manera que nunca antes había experimentado. —No puedo… —susurré, pero él me tomó del rostro, acercándome a él con suavidad—. —Sí puedes —dijo, sus labios rozando los míos apenas—. Solo debes confiar. El contacto fue breve, pero suficiente para que todo mi cuerpo ardiera. Mis pensamientos se desvanecieron, mi miedo se mezcló con una atracción incontrolable. Era peligroso, sabía que lo era… pero no podía apartarme. —Valeria… —susurró, sus ojos rojos fijos en los míos—. No hay vuelta atrás. Una vez que entras en mi mundo, no hay retorno. Sentí un escalofrío recorrer mi columna, pero también un deseo intenso. Estaba atrapada, y lo sabía. Su mundo oscuro, sus habilidades imposibles, su presencia ardiente… todo me llamaba, y yo deseaba responder. —Lo sé… y aún así quiero quedarme —confesé, la voz apenas un susurro. Él sonrió, esa mezcla de advertencia y promesa que me volvía loca. Tomó mi mano y me acercó a él de nuevo, sus ojos ardientes sosteniendo los míos. —Entonces prepárate, Valeria. Esta noche solo es el comienzo de algo que cambiará tu vida para siempre. Y con eso, desapareció entre las sombras, dejándome sola en el parque, con la adrenalina corriendo por mis venas y un pensamiento fijo en mi mente: No puedo huir de él. No quiero huir de él. La luna brillaba sobre mí, y su presencia se sentía en cada rincón de la noche. Su mundo oscuro y peligroso me había atrapado, y yo estaba más que dispuesta a dejar que lo hiciera.
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