DARKO No podía apartar los ojos de ella. El silencio entre nosotros era denso, tan palpable que casi podía sentirlo apretando mis pulmones. Allí estaba, mi pequeña Koala, con esos ojos que intentaban fingir resistencia, pero cuyo brillo traicionaba el tumulto que le recorría el cuerpo. Sabía que estaba cerca de romperse. Podía sentir su lucha interna, su respiración entrecortada, cada pequeño indicio de que estaba al borde del colapso. "Mírala, Darko. Mírala temblar como Danja en el altar. Solo que ella no espera un cuchillo... espera tu lengua. Espera tu sombra", siseó la voz en el fondo de mi cráneo. Di un paso hacia ella, disfrutando de cómo su cuerpo reaccionaba, un ligero temblor que recorría su piel, desde el cuello hasta los labios. Me miraba como si fuera a devorarla. Y lo haría

