DARKO Entro a mi lugar favorito. El santuario de la bestia. El templo donde se ofician los sacrificios que ella exige. Este lugar fue creado para él. Para la voz que habita en mí, para la bestia que exige sangre. El aire aquí pesa. Se siente como si respirara cenizas. Las paredes rezuman humedad y pecado, cubiertas de símbolos religiosos profanados: crucifijos invertidos, vitrales rotos, páginas de biblias pegadas al muro con sangre seca. La luz de las velas titila, devorando la oscuridad, como si el mismo infierno respirara detrás de cada llama. Resoplo cuando siento que comienza a cantar la primera canción que me susurró cuando apareció por primera vez. "Damas y demonios, bienvenidos al final, pasen, rían, antes de llorar..." —Cállate —le murmuro. Suelta una carcajada, grave, eufór

