Amo sus ojos

1598 Palabras
Eran las seis de la tarde y estábamos en casa de Cristina, nuestra disposición de cocinar no era equivalente a nuestra habilidad, e intentar hacer algo decente sería un fracaso, pero encontramos una solución fácil y nos decidimos por espaguetis, repartimos las tareas, y poco tiempo después ya había comida en nuestra mesa.Nos sentamos a comer y Nadia sacó una conversación en la cual no quería participar. —Me gusta mucho ese chico que les conté, hoy necesito saber al menos su nombre. —¡Hace falta una estrategia! —dijo Cristina, ella solía ser buena con todos estos temas, y tenia experiencia. —¡Es verdad! —dice Lidia, mientras le preguntaba Cristina que hacer y yo me mantenía al margen. Decidí no hacer nada con mis sentimientos.¡Porque si, ya tenía sentimientos por el sin siquiera saber nada, aunque estaban destinados a ser desechados! Pero no creía poder opinar fríamente. —Bueno, primero hay que acercarnos a sus amigos, son dos y hay uno bastante atractivo. Siendo una amiga en común hay más probabilidades de coincidir y de conocerlo mejor y así acercarnos a él de forma silenciosa. Ese es el camino difícil, sino, hoy le decimos que él te gusta y ya. —No, no, mejor poco a poco. Ya todas estábamos arregladas y listas para romper corazones. Llegamos al club; lleno como siempre, esta vez fuimos con un propósito: ¡Conocerlo! Yo también quería, aunque una parte de mi estaba aterrada por verlo y que se me estremeciera el corazón. Miré hacia la gente y como una ilusión lo vi entre todos, como si no hubiese más nadie en ese lugar, dicen que de eso trata el amor, cuando entre la multitud solo puedes ver a una persona estás condenado, lo vi reír y temblé, lo vi bailar y parte de mi cuerpo anhelaba convertirse en mujer, me asusté, me reprimí y me regañé por sentir cosas así. —¿Los has visto? —me preguntó Nadia. —¡No! No lo he visto, estoy buscando a Eric —mentí, quise quedarmelo un rato solo para mi, sabía que estaba siendo egoísta e incluso patética y ruin, pero quién sabe si esa sería la última vez que lo podría ver de esa forma, quizás mi amiga tendria suerte y lo conquistaba, pensaba mientras mi corazón gritaba entristecido pidiendo lo contrario. —¡Míralo! De verdad es guapo, Nadia muy bien, cuidado, que si no lo conquistas tú, voy y lo enamoro— dijo Cristina y... Celos sentí celos de mi amiga. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaba mal con mi cabeza? ¿Por qué me molestaba ese tipo de comentarios? Si ni siquiera lo conocía, además ya había decidido renunciar a él. —Marina, por ahí viene el amigo del chico de Nadia, choca con él y sácale conversación, tú eres muy buena en eso —dijo Lidia y me empujó. —Ah, lo siento, la gente bailando empuja, que bonitos zapatos los tuyos— ¿Qué carajos dices Marina? —¿Te gustan? A mí me gustan mucho los zapatos también —me dijo el chico, resultando ser muy simpático, aunque para nada atractivo, y terminamos manteniendo una conversación. — Por cierto, me llamo Miken ¿Y tú?— me preguntó. — ¿Mi educación? Yo soy Marina y ven, ellas son Nadia, Lidia y Cristina; mis amigas. ¿Andas solo aquí? —¡No! estoy con mis amigos Enzo y Ariel, son aquellos de allá—. Y los saludó con la mano. Éxito : nos dijimos con las miradas. —Bueno Miken, vamos a estar aquí si quieres venir con tus amigos ya sabes, estamos encantadas. Estábamos bailando y celebrando que podíamos saber más de el. Había mucho calor, me recogí el pelo porque lo tenia bastante largo cuando escuché como llegaba alguien a nosotros. —Miren, estos son mis amigos. —dijo Miken. —Yo soy Ariel, mucho gusto. - Nos dijo un chico que parecía hermano del misterioso dueño de mis suspiros, era muy parecido: su altura y su color de piel eran las mismas, se podrían confundir fácilmente, pero la energía que desprendía era diferente. Elevé la cabeza sorprendida. ¡Oh por dios él estaba justo enfrente de mi! Todas lo miramos revisando su anatomía, su forma de vestir tan a la moda, todo su perfecto ser que no era tan perfecto ni tan hermoso, pero yo lo veía como un dios. Su piel color canela, su sudor bajando por el cuello, sus brazos bien trabajados en el gimnasio y una cara masculina que se asomaba debajo de la gorra que traía puesta. Él lo notó y se acercó a saludar. —Hola, soy Enzo, mucho gusto, un placer, las dejo en buena compañía, me tengo que ir. — dijo y escuché su voz la cual amé también. Su saludo fue fugaz sin tiempo a procesar mi primer encuentro pero remarcable, había visto su rostro por primera vez y me ardió el pecho con solo esas pocas palabras. —¿Marina? —llegó Eric y me sacó del trance triste y preocupante en el que estaba. Traté de concentrarme en conocerlo el resto de la noche. ¡Enzo estaba muy lejos de mi! Y mi vida no se podía detener solo por temblar por alguien por un segundo. —Bueno lindas, un placer haberlas conocido— dijo Miken mientras me daba su número. —El fin que viene nos vemos aquí— nos gritó Ariel. A Enzo no lo vimos más en toda la noche, se había ido con una chica. Miken tenia veintiún años y Ariel veinte, este último ya había caído en gracia con Cristina y andaban de palabritas coquetas y miraditas cómplices. Miken no era nada de nuestro gusto particular pero nos agradó mucho. Llegó el lunes demasiado rápido y el viernes ya estaba con nosotras. —Bueno, feas, mañana a las once en mi casa para ir al ensayo. — les dije a mis amigas. —OK bichita. Estábamos en el ensayo dejando salir nuestras bailarinas interiores, unas mejor que otras y yo entre las peores. Cuando apareció Eric, fue a verme y conversamos por un tiempo, me dijo que yo le gustaba más mientras más me conocía y me sentí halagada. El me trataba muy lindo y yo estaba empezando a sentir cierto cariño por él; así que decidí darle una oportunidad y le besé fuera del estudio de baile y a pesar de mis dudas me gustó. En ese punto estaba convencida de que lo mejor sería empezar una relación con él, pero sería más adelante, en ese momento estaba ocupada con la escuela, los quince y mis sentimientos confusos. Pasaron las semanas y nos volvimos cercanas con los amigos de Enzo pero con él no habíamos tenido la oportunidad de volver hablar, la chica con la que lo vimos era su novia y le quitaba mucho tiempo. Eran las vacaciones de invierno y salimos de fiesta como siempre, después de bailar casi toda la noche les dije a mis amigas. —Mis amores voy a salir a sentarme y descansar, me siento algo aturdida— mientras me dirigía a un pequeño muro en la entrada. Estaba revisando mi teléfono cuando sentí a alguien sentándose a mi lado y me preguntó. —¿Tú eres Marina no? Lo miré y quedé congelada, era Enzo, y vi algo que me arrancó la última gota de sentido que me quedaba: ¡Sus ojos! Un par de ojos que no eran verdes ni azules, eran cafés como ese café amargo que te tomas en las mañanas y te quita el sueño. Tan cafés y profundos como un lago en el que me quería ahogar. AMO SUS OJOS Enseguida volví en mi. ¿Qué estoy haciendo? Pensé, y logré responder segundos después. —Si. ¿Cómo sabes mi nombre? Creo que no te lo he dicho. —¿Tú no eres amiga de Miken y Ariel? Ellos me han hablado mucho de ti, pareces una buena chica y sentí curiosidad. —¡Ahh! Si, son muy buenos también, en estos días me he encariñado con ellos. ¿Pero tu eres un poco difícil no? —No, para nada es que mi novia me consume— dijo volcando los ojos. —¿Quieres conocer a las demás? Son muy buenas también, hay una chica que se llama Nadia, es un amor. ¡Conócela!— le dije, sintiendo las miradas de todas presionándome para llevarlo con ellas. —¡Esta bien! Quiero conocerlas, desde hace tiempo he querido hacerlo—dijo y con toda naturalidad fue hasta donde estaban; las besó en la mejilla y se puso a conversar con todas, a contar chistes y a enseñar una parte de él que me encantó aún más. Y así pasaron los días como un carrusel aburrido, imaginando un mundo paralelo dónde conocía a Enzo en otro lado, dónde no tuviera que renunciar a mis sentimientos para no dañar a alguien más, dónde no me auto-engañaba pensando que Eric era quien me convenía y así sin notarlo había acabado el año y me estaba preparando para mi sección fotográfica de quince años. Fui con mi mamá a la peluquería, y quedé impresionada con lo mucho que me cambió un nuevo corte, unas mechas rubias y un simple sacado de cejas: era otra persona, me sentía bella, por primera vez estaba segura de mi físico y me sentía muy bien conmigo misma. Las reacciones no tardaron en llegar, mis amigas me presumían con orgullo y Eric enloqueció al verme.
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