Del caos a la felicidad y viceversa

1219 Palabras
El viernes en la noche mi mamá y mi prima quisieron ir a la discoteca y yo fui con ellas, casi nunca iba sin mis amigas pero ese día no me importó mucho. Nada más llegar me encontré con Enzo y Miken y no dudaron en lanzar piropos y chistes sobre lo linda que me veía aunque de una forma respetuosa y amigable, pero igual mi corazón latía como loco, ellos se quedaron toda la noche conmigo, yo me sentía más cómoda alrededor de Enzo aunque tenía mis momentos, pero estaba resignada a verlo como un amigo y convencida de mi idea de empezar una relación con Eric. —En unos días será mi fiesta de quince años y están invitados—.les dije y la noticia les encantó. Pasamos una linda noche, nos llevábamos muy bien y nuestras personalidades eran parecidas, aún no le había comentado nada sobre Nadia porque ella no me había autorizado a hacerlo, pero él lo sabía. —Enzo, te veo solo por estos días. ¿No tienes novia? —¿Por qué, Nadia te mandó a preguntar? He visto que ella me mira mucho y muy diferente a como lo hacen ustedes, yo sé que le gusto, pero Mari... ella a mi no me gusta nada, no es mi tipo, es muy flaca y a mi me gustan algo más... rellenitas—. Me dijo y mi cabeza dio mil vueltas, mi corazón no se podía contener. ¿Qué acaba de pasar? Me acababa de confesar que mi mayor miedo no se hará realidad. —Enzo—, dije tratando de no morir por un infarto. —yo no soy quien para decirte si tu le gustas o no, eso lo tienes que hablar con ella, es muy buena persona, no entiendo porque no le darías una oportunidad. ¡Tú no eres muy selectivo con las mujeres según yo he visto! —¿Me estas diciendo mujeriego? —Si, te estoy diciendo mujeriego, siempre te veo con una mujer distinta a pesar de tener novia— le dije con cierto pesar, porque hacia tiempo sabia que era un patán con las mujeres y las utilizaba descaradamente. El solo sonrió y me dijo con esa cara de desvergonzado que tan bien le asienta. —Tengo veinte años, yo solo estoy jugando, no me he enamorado y no creo hacerlo por ahora, así que disfruto del viaje, las mujeres llegan y se van fácil, yo solo me estoy divirtiendo. Pero si tengo muy claro que tu amiga Nadia no va a formar parte de esa diversión. Para que mentirle a mis recuerdos esa noche dormí tranquila. ************************************ Esa mañana de abril amanecí con unas ojeras terribles, no dormí nada entre los nervios y la cabeza llena de rulos a los cuales no me logré acostumbrar, necesitaba rizos perfectos porque ese día se celebraría mi fiesta de quince años. La noche fue agotadora, la casa era un caos mientras se pulían los últimos detalles, sería algo por todo lo alto, más de quinientos invitados, todo de etiqueta y mi mamá no se podía permitir ningún error luego de tanta planificación y dinero gastado. Incluso gran parte de mi familia que vive en Estados Unidos vino para la ocasión, incluido mi papá, principal promotor del lujo innecesario porque queria una celebración perfecta para su hija. La noche anterior había sido una montaña rusa de emociones, luego de ultimar cada detalle mi mamá abrió una botella de Sherigam y nos la tomamos juntas, saltabámos sobre la cama cantando canciones mariachis, todo era perfecto hasta que mi odioso padrastro apareció borracho, mi mamá le había cerrado la puerta molesta porque según él iba a resolver unas cosas a las cinco de la tarde y apareció a la una de la mañana en esas condiciones. —Ábreme la puerta o ya verás lo que te va a pasar— lo escuchaba amenazarla sabiendo que era capaz de cualquier cosa, no sería la primera vez que la golpeara. —Mamá ábrele, mañana es mi fiesta, no quiero que pase nada hoy. Al fin accedió y él entró como un loco a la casa, la agarró por el cuello. —Tu te crees graciosa, no sé para que te luces.¿ Quieres ver cómo mañana vas a los quince de tu hija con maquillaje morado permanente en la cara?— le decía mientras la apretaba muy fuerte cortándole la respiración y ella lloraba. —Suéltala— le grité —me jodiste mi graduación de sexto grado y ahora esto, no entiendo como mi mamá aguanta todo este maltrato. —Mira tu hija que gallita. Lo ví con intenciones de golpearla en el rostro y corrí hasta el patio, agarré una manguera que me encontré allí y se la estampé en la espalda llena de odio. —¡Suéltala, vete!— le gritaba mientras lo golpeaba una y otra vez, mi mamá se unió a mí y juntas lo echamos de la casa que compartían. Lloré por al menos dos horas, abrazando a mi madre que me consolaba, rato más tarde me arregló los rulos y me acosté a intentar dormir algo. Me esperaba un día tan complicado como especial. Sobre las once de la mañana llegaron mis amigas y los bailarines para irnos a maquillar y vestir, un último ensayo y todo listo para partir hacia el local. —Marina ya el carro, llegó. —Cristina, vamos, eres mi hermana y quiero que estés conmigo en este momento. —le dije abrazándola. Dentro estaba mi mamá y mi primita Estefanía quien sería la damita de compañía. Cuando arrivamos el sitio estaba repleto de gente y todos ansiando verme. Era increíble, el lugar tenia dos pisos, abajo un lobby con unos muebles muy elegantes y una vista trasera al mar, una escalera grande adornada con cintas y flores subía hasta el segundo piso donde estaba un gran salón, decorado en blanco y violeta; mi color favorito. En la entrada una alfombra roja y un camino de pétalos, las mesas perfectamente acomodadas con arreglos florales y regalos para los invitados, en el fondo un espectacular pastel y muchos globos por todos lados, el ambiente que creaban las luces era mágico: simplemente perfecto como lo había soñado. Me bajé del vw dorado con la mirada de todos sobre mi, y el asombro hizo de las suyas. —¿Ella no viene en vestido? —se preguntaban. Y no, no iba en vestido, quería ser distinta, así que llegué con un short n***o corto dejando al descubierto mis piernas, un corsé del mismo color lleno de piedras plateadas en el frente, unos lindos botines altos y un sombrero cubriendo parte de mi cara, era un estilo atrevido y sobre todo muy sexy. Han pasado años de eso y aún la gente habla de ese momento. Minutos después estaba parada en medio del salón, frente a quinientas personas, arrepintiendome de la hora en la que se me ocurrió esta tonta idea. ¡Pero, si yo tengo pánico escénico! ¿Qué hago aquí? ¡Creo que lo mejor será correr e irme! Sonó la música e instintivamente me puse a bailar la divertida coreografía y me la estaba pasando muy bien mientras hacíamos acrobacias y twerking al ritmo de Nicky Minaj y así me olvidé de la gente.
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