Después del momento familiar dónde hubo de todo, desde lágrimas, palabras llenas de amor y un homenaje a mi mamá comenzó la rumba. Bebida y comida sin límites, música y amigos, todos bailando y tomando como si no hubiese un mañana. Yo estuve buen rato saludando a los invitados y tomándome fotos, vuelta loca y atormentada porque yo solo quería bailar con mis amigas, lejos de toda la atención. Logré escapar de los compromisos y le pedí al camarógrafo que filmara a mis invitados y a mí me ignorara por completo, y cuando me relajé llegó Eric a mi lado.
—Estas preciosa pareces una princesa. ¡No, eres mi princesa! —me dijo de una forma muy tierna y me besó.
—Vamos— le dije jalándolo por el brazo.
—Caballeros —dije dirigiéndome a mis padres y abuelos.
—Este es Eric, mi novio—. Su cara roja de sorpresa y felicidad me dio mucha gracia y ternura, le sonreí coquetamente, me acerqué a su oído y le susurré
—Desde hoy eres mi novio.
Lo presenté formalmente a mi familia y seguí mi camino.
—Espérame por aquí, voy a ver a mis niñas que no le he dedicado nada de tiempo— le pedí a mi ahora novio.
—Hey hey ¿Que está pasando aquí?—les pregunté a Ariel y Liannys que...¿Se estaban besando?— ¿Cómo pueden estar haciéndole algo así a Cris?— pregunté molesta.
—¿De que hablas loca? —me dijo Liannys.
—¿Por qué se besan?
—¿Quien se está besando? ¿Estás borracha?— resulta que no se estaban besando y que yo había visto mal, aún sigo sin creerlo pero me juraron mil veces lo contrario y quién soy yo para juzgar.
Seguí mi camino hacia el grupo y ahí estaba él, bailando tan sensual como siempre, me quedé unos minutos mirándolo, triste por no poder ser quien lo acompañaba pero resignada a la idea de que solo era posible una amistad entre nosotros.
—¡Feliz cumpleaños a la niña mas linda del mundo! ¿O ya mujer? —me dijo riendo haciendo mi mundo giran en contra de las manecillas del reloj —...mi niña se vuelve mujeeeeerrr...— cantó burlándose de la típica canción de quinceañera que no podía faltar.
—Gracias—respondí entre risas y un abrazo que fue el mejor regalo que recibí en la noche.
—Gente me tengo que ir, ustedes sabem como es esto, pero recuerden que pueden tomar y comer como deseen no se midan—. Me despedí de mis amigos y seguí con el ritual de personaje principal en estos eventos, un momento para cada invitado.
Dos meses habían pasado desde la fiesta y aún era un tema caliente, pasaron muchas cosas ahí y entre ellas la declaración de amor de Nadia a Enzo, impulsada por la magia del alcohol ¿Tristemente? Él la rechazó de forma fría y tajante. Ella estuvo destrozada por diez días y luego como persona testaruda que es decidió no rendirse y seguir intentándolo. Yo mantenía una relación tranquila y sin grandes sorpresas con Eric, mis sentimientos por él se asentaban y estaba contenta con mi decisión.
Con mi amor prohibido en cambio tenía una bonita amistad, la química era absurda y esto a Eric no le gustaba nada y las únicas discusiones que teníamos era por el mismo tema, pero yo me propuse hacer que ellos limaran sus asperezas pues no tenía pensado ni de broma sacar a Enzo de mi vida.
—Cris— le dije a mi amiga sentadas en su cuarto— quiero acostarme con Eric, ya estoy lista.
Yo nunca había tenido relaciones sexuales, Cristina ya lo había hecho y tenia algo de experiencia.
—¿Estas segura? —me preguntó.
—Si, sé que va a pasar y no quiero que sea mientras no lo tenga bajo control, quiero hacerlo en un ambiente de confianza y no en algún lugar por ahí.
—Esta bien si estas decidida, entonces el sábado pijamada con los chicos, ni mi papá, ni mi hermano van a estar, y es un buen momento para que des ese paso.
Estuve toda la semana pensando en ese momento, averiguando que hacer, como debía comportarme, intentando darme fuerzas pero mi seguridad poco a poco se desvanecía y estaba cada vez mas asustada, pero nada me detendría, era algo que deseaba y obvio iba a tener.
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Llegó el tan esperando día, desde la mañana era un saco de nervios ambulante. No podía contener el miedo y el deseo acumulado dando brincos dentro de mi. Estaba decidida, así que intenté bailar y disfrutar toda la noche, hasta que llegara la hora de invitarlo a casa de Cristina dónde ya tenía todo preparado.
—Eric hoy vamos a dormir todos es casa de Cris. ¿Quieres venir?
—¿Puedo?
—Te estoy invitando, obvio puedes venir.
Al fin sonó la última canción de la noche y nos fuimos todos, Cristina, Nadia, Lidia, la prima de Cris, los amigos de Eric, él y yo. Cuando llegamos a la casa me percaté de la cantidad de gente que se había unido, pero eso tampoco me haría cambiar de idea. Para aliviar un poco de tensiones y no ser tan directa, le pedí a mis amigas poner música y seguir la fiesta. Luces apagadas, bailando pegaditos el calor fue subiendo, se lo veía en su cara y sabía que el momento había llegado.
—Me quiero acostar contigo— le susurré al odio.
—¿Qué?
—No me hagas repetirlo. Tu me escuchaste bien.
—Si, si te escuché, pero no.
—¿No qué?
—No me puedo acostar contigo.
—¿Qué? ¿Tu me estas jodiendo no?
—Es la primera vez que soy tan serio con algo— me tomó de los hombros. —No es una buena idea y tú no estás preparada.
Salí de allí dejándolo con la palabra en la boca, estaba enfurecida y me fui para el cuarto donde pensaba tener una noche especial.