¿Cómo?

1215 Palabras
A los pocos minutos él entró y cerró la puerta. —No quiero verte, vete. —¿Por qué te pones así conmigo, yo solo intento protegerte? ¿Cuál es el problema? —Odio que asumas cosas de mi. Si yo te digo que quiero algo es porque estoy lista y no entiendo porque dices que el problema soy yo, cuando eres tú el que no quieres hacerlo. ¿No es más fácil decirme que no quieres? —Pero yo quiero. —No lo creo. —Marina— se sentó a mi lado y tomó mis manos — lo que siento por ti es genuino, yo te amo de verdad, no tengo forma de expresar todo mis sentimientos hacia ti, por eso quiero atesorar cada momento contigo, quiero que todo sea especial entre nosotros y tengo miedo que las cosas no sean como tú esperas. Es tu primera vez, es un recuerdo para siempre. Yo nunca entendí el porque es tan importante la primera vez de una mujer, nunca he visto a un hombre atesorando su primera relación s****l. ¿Por qué tiene que ser tan significativo? Yo estaba segura de lo que quería, lo tenía bajo control, sabría que sería como yo esperaba, así que ni sus palabras me harían cambiar mi testaruda idea. —Estas disfrazando las cosas de romanticismo, eso no va conmigo— me paré y le dije, lo pensé un momento y decidí tirar una venenosa amenaza que me funcionaria de forma segura. —Yo no quiero estar con un cobarde, ni con un hombre que no me desee, si no te acuestas conmigo hoy esto se acabó— sentencié. —¿Pero tú te estás escuchando? —Ya lo dije, terminé de discutir— vociferé y me paré para salir del cuarto, pero el me detuvo por el brazo. —Si eres tan cabezona con el tema y estás tan decidida como para amenazarme, no esperes salir de aquí como si nada— me tiró del brazo haciéndome caer a la cama, el se puso de pie y le pasó el seguro a la puerta. —Ya no te puedes arrepentir— se abalanzó sobre mi. De pronto me comencé a sentir tímida, mis piernas temblaban y no sabía que hacer, él lo notó y tiernamente me besó la frente, luego bajó hacia mi boca de forma suave, pero cambió el ritmo haciéndolos más húmedos e intensos, modificando mis sentidos y haciéndome perder la timidez, acarició y mordió mis labios, fue hacia mi cuello y gemí, se deshizo de mi vestido dejando al descubierto mis senos los cuales besó, su mano se deslizó hacia mis profundidades desde donde yo lo llamaba, estaba en trance mientras imitaba sus pasos; desvistiéndolo y acariciándolo, cuando el deseo era palpable se detuvo, se puso un condón, me miró y dijo — Mi amor, ya voy, espero no hacerte daño. A esas alturas lo único que me haría daño es que no se introdujera en mí. Y lo hizo tan delicado al principio y luego tan majestuoso que gritaba de placer y éxtasis hasta llegar un orgasmo, pero solo para él, a pesar de haber disfrutado tanto me faltó algo, terminamos y mi timidez regresó. —¿Estás bien?— me preguntaba Cristina mientras yo estaba en el baño nada más terminar. —Claro— le respondí riéndome saliendo de allí —vuelvo al cuarto a dormir, te veo mañana. —Esa es mi amiga, el orgullo del grupo— dijo burlándose de mí. Pasada una semana de aquella noche especial yo estaba deseosa de repetir dicha experiencia, era algo tan nuevo e interesante que no podía pensar en otra cosa. Pero todo cambió cuando por fin pude estar de frente a mi segunda vez, sentí como si me estuvieran violando, me dolía, estaba incómoda y no lo disfruté, fue desagradable y no me lo podía creer, me comenzó a aterrar la idea de que el sexo siempre seria así y pensé que tal vez Eric tenia razón cuando me dijo que no estaba preparada. Siempre había escuchado sobre la dolorosa primera vez en la que a mi no me fue tan mal, pero de esto no tenia idea. —Cris, la primera vez fue muy buena, pero la segunda fue horrible. ¿Qué pasa? Yo le contaba todo a Cristina menos mi amor unilateral por Enzo eso muere conmigo. — Mari, eso es normal tu cuerpo está irritado y es algo nuevo, dale tiempo y otra oportunidad. Y bien. ¿Es bueno? —me preguntó. —Hay si Cris, Eric es muy bueno—. le comenté sonriendo. A los días le di otra oportunidad a mis nuevas experiencias, y desde ahí todo se trataba de sexo, cada vez fue mejor que la anterior y comenzamos a encontrarnos más seguido para hacer el amor. —Eric, ven en la noche para hablar con mi mamá, hay que contarle—. le dije hablando por teléfono. *************** —Mamá, Eric te tiene que contar una cosa—, dije mientras lo empujé un paso hacia adelante —Eric hizo algo y te lo quiere decir— el me miró con cara de querer matarme y yo le saqué la lengua. Mi mamá estaba trabajando en su portátil pero se detuvo, se giró y dijo. —Eric siéntate, Marina estoy segura que no lo hizo solo, tu también lo hiciste, porque para hacer el amor hacen falta dos personas. Y no creo que ta haya puesto un cuchillo en el cuello—. dijo más tranquila de lo que yo esperaba. —¿Ma, cómo?— Pregunté sorprendida. —A ti se te olvida quien soy yo, ya me imaginaba esto, fuiste valiente en contármelo y eso habla mucho de la confianza que me tienes. —¡Claro mami! Eres la primera en saber, ¡Eres la mejor! —le dije mientras la abrazaba. —Ahora si, nada de acostarse por ahí, vienen a mi casa OK. Los días pasaron con normalidad, concentrada en mi nuevo y delicioso pasatiempo, hasta una noche cuando sentados fuera de mi casa el me comentó. —Amor, no sabía si decirte esto, o cómo decírtelo, pero no me gusta que se burlen de ti mientras tu no eres consciente de la verdad. Cristina se me ha estado insinuando y ayer intentó besarme cuando tu fuiste al baño—. me dijo apenado y con la cabeza baja. —¿Qué?—, repliqué insultada— ¡Vete, vete de aquí! Tú solo quieres que yo no tenga amigas, te pones celoso porque paso más tiempo con ellas que contigo, pero no te voy a permitir hablar mal de ella. Ha sido suficiente. ¡Tú y yo terminamos! ¡Se acabó! —me levanté con furia para irme y el me detuvo. -Marina, por favor sé racional, piensa, Cristina no te quiere, solo te utiliza, todos lo dicen solo tu no lo ves, no has notado que ya Nadia y Lidia no están con ustedes como antes, ¡Bebé por favor no me dejes! Yo solo quiero que veas la verdad. —me dijo agarrando mis manos suplicante. —Déjame Eric, no quiero verte —me solté de entre sus manos y me fui dando un portazo en su cara.
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