Un sábado como de costumbre estaba en el club y para no variar borracha, pero esa vez no tanto, cuando comenzó una pelea de bandos dentro del club, lanzaban cualquier cosa que podría ser un proyectil, entre eso botellas, yo estaba parada al final muy lejos de la salida con una conocida y su novio al cual yo le estaba coqueteando, y como andaba básicamente sin cabeza no había notado lo que estaba pasando hasta que una botella venia volando hacia nosotros, Daniel cubrió mi cara y el proyectil impactó sobre su mano y le causó una gran cortada, a la chica la hirió en un seno y tuvo un pequeño rasguño en la cara. Salimos corriendo y logramos salir por la cocina del lugar, estaba nerviosa y muy asustada, me sentía muy mal con el chico así que me cercioré de que el estaba bien y luego me fuí. Logré salir de entre todo el gentío y pude notar que habían muchas personas con heridas, seguí caminando en dirección a mi casa, ya había avanzado unos metros lejos de allí y sentí a Ariel llamarme mientras corría hacia mi.
―¿Dónde es? ¿Te sientes bien? ―decía mientras me revisaba el cuerpo.
―¿Qué pasa? Yo estoy bien ―le respondí asustada viendo su cara de preocupación.
―¿Cómo que bien, no ves el camino de sangre que estás dejando atrás?
Me giré para ver horrorizada lo que decía, todo un sendero de sangre manchaba cada paso que dí, me revisé y pude ver que toda mi parte inferior estaba bañada en sangre, tenía una herida bastante grande en mi rodilla y no lo había notado.
―No es nada, Ariel no te preocupes, ya me voy en la casa y me curo.
―¿Quieres que te lleve a la casa?
―No gracias, estoy bien de verdad.
Seguí caminando y esta vez me eché a llorar y aún no sentía el dolor, fui a la playa y me arrodillé en la orilla con la intención de lavar mi sangre, si llegaba así a mi casa se iban a preocupar, también quería estar sola, me hacía falta
Lloraba con fuerza y sin miedo, porque me aterraba el saber que estaba acabando conmigo solo por un chico, me sentía sola, perdida, amargada, no sentía calidez ninguna hacía tiempo y ya la necesitaba.
Estaba allí arrodillada en el agua, descalza, mojada, tapando mi cara con las manos, vulnerable, pidiendo a gritos una mano que me ayudara salir del hueco donde estaba, cuando siento los pasos en el agua de alguien, y una mano posarse en mi hombro y apretarlo con gentileza.
―Tú, no estás sola, nunca lo estarás, yo te lo prometí, no importa que pase entre los dos, jamás te voy a dar la espalda, eres edición limitada, no lo olvides, no destruyas algo tan valioso como tú, por favor―.me dijo haciendo que su voz sonara cálida y tranquila. Yo no dije nada, ni siquiera levanté mi mirada para verlo, solo seguí llorando en silencio.
―Enzo ―una voz femenina lo llamó desde la calle.
―Vete, yo me quedo con ella. ―respondió él.
―Vete tranquilo, yo no necesito tu lastima, no la quiero, además estoy bien, solo me duele el pie. ―le señale entre lágrimas.
―No es lástima, tu no mereces lástima, es cariño, yo te quiero y jamás sea lo que sea o por pequeño que sea te voy a dejar sola.
―Lo siento Enzo, pero no quiero hablar contigo ―sentía sus palabras demasiado hipócritas, no me iba a dejar sola, pero si ya me había dejado sola.
Él no habló más, pero se sentó detrás de mi a una distancia prudente para brindarme espacio. Lo sentí encender una fosforera y comenzar a fumar algo que me era familiar. Estuvimos allí en silencio por un tiempo, ocultos en la oscuridad de aquella playa que tantas veces nos había visto amarnos. Me levanté del agua con el maquillaje corrido, la cara hinchada y los ojos rojos, le dí una mirada, el estaba dentro de sus propios pensamientos y pude ver en su rostro el rastro claro de lágrimas en sus mejillas, yo no dije nada, solo me fuí.
Joder, yo lo quiero odiar, pero no puedo.
La paz que me transmite es única, ni siquiera en los brazos de mi mamá, llorar me había calmado tanto. Sus palabras resonaban en mi, recordándome que él es un chico genial, solo que como pareja no es el mejor.
¿Por qué lloró? ¿Qué habrá pasado para que Enzo haya cambiado conmigo en horas?
De pronto mi mente se inundó de tantas preguntas. Que hizo que me llegara una respuesta importante.
Soy más que la atención de un chico. ¿Qué demonios estoy haciendo?
Mi mente hizo clic y me di cuenta que tenía que salir de mi locura por mi misma.
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Eran las pruebas de final de semestre y me esforcé para sacar buenas notas y regalarle una sonrisa a mi familia que bien disgustados ya los traía. Mis notas me sorprendieron hasta a mi, todas por encima de los noventa y cinco puntos, recibí felicitaciones por parte de mis maestros que no creían que lo lograría, ya que mis participaciones en clases eran nulas. Cuando me esfuerzo puedo lograr lo que sea.
Todo en mi casa volvió a la normalidad, yo estaba en mis cabales de nuevo, había dejado el cigarro, llevaba dos semanas sin tomar nada de alcohol, ni drogas y me estaba arrepintiendo de haber dejado pasar mi cumpleaños dieciseis sin celebración.
Creí que necesitaba otro cambio y decidí que el rojo ya no iba conmigo, así que me pinte el cabello de n***o, ya lo tenía más largo por la capacidad que tiene de crecer a gran velocidad. Me vino muy bien este cambio y solo recibía halagos por mi nuevo look.
Estaba dedicando más tiempo a conocer a mis compañeros y había entablado una bonita relación con algunos de ellos, así que ya no me sentía tan sola como en el pasado.
Llegó el sábado y me animé a salir después de un tiempo, pero por obvias razones el club seguía cerrado, así que fuí a sentarme al club de la playa pensando que sería un lugar tranquilo, pero estaba lleno de gente cuando llegué, así que preferí irme a sentar a unos bancos que había en una de las salidas, estaban un poco alejado de todos pero lo suficiente para ver el panorama y escuchar música. La noche estaba fresca y el olor del mar me abrazaba y podía escuchar claramente el sonido de las olas, me sentía tranquila, así que miré el cielo.
La luna se está burlando de mi.
Su fase cuarto menguante la hacía parecer una sonrisa clara en el oscuro cielo.
―El cielo está tan oscuro, no hay ni una sola estrella ―dije suspirando sin dejar de mirar hacia arriba. ―eso hace que la luna cree un halo de luz alrededor de su sonrisa, se ve magnífica.
Mirar aquella postal de la noche me hacía pensar que justo eso debería hacer, sonreír más, volver a ser quien era.