LUNA

1092 Palabras
—¡Despierta! Marina Solis Dante— . sentí a mi mamá vociferar. Estaba muerta. Sabía que cuando me decían mi nombre completo era algo grave. —¿ Qué pasó? —la claridad quemando mis ojos y un dolor horrible me estaban matando, me dolía la cabeza de forma horrible tenia muchas ganas nde vomitar de nuevo. Logré abrir mis ojos y visualizar la escena, mi mamá y mis abuelos parados frente a mi cama y muy molestos y con cara de poder quitarme la vida ahí mismo. Estoy jodida. —¿ Eres consciente de lo que hisiste ayer? Eres un niña de quince años, coño. ¿No sé que te pasa por la cabeza, a quien te quieres parecer, a quien imitas? Te dimos confianza, porque hasta ahora, habías demostrado madurez, pero lo de ayer es imperdonable y me hace cuestionarme mi criterio sobre ti, esperaba mas sin dudas—. me dijo mi abuelo. —Que vergüenza, cuando yo llegué al trabajo lo primero que supe fue la tremenda borrachera que cogiste tu ayer. ¿Tu sabes cómo me sentí? Todos hablando de los disparates tuyos ayer. Los trabajadores tuvieron que sacarte de la entrada porque te acostaste a dormir allí. ¿Como se te ocurre niña? ¿Que te está pasando por la cabeza?—dijo mi abuela. —Sabes que a mi no me gusta castigarte, pero no puedo hacer nada si tu misma me obligas a hacerlo. Estás tan castigada que no vas a tener deseos de tomar ni agua—.señaló mi mamá tratando de sonar algo comprensiva. Yo no respondí a ninguno de sus comentarios, en ese momento no me importaban sus quejas, solo quería estar sola, hasta yo me comencé a cuestionar las interrogantes de mis abuelos. ¿Que mierda tengo en la cabeza? ¿Que estoy haciendo con mi vida? ¿Por qué el tiene tanto poder sobre mi? Mierda, me odio. Me senté en la cama, enterré mi cara entre mis manos apoyadas en las rodillas y deje fluir mis lágrimas. Fué un domingo largo, me concentré en dejar listo todo para el próximo día ya que empezaba el curso. **************************** Primer día de clases, eran las seis de la mañana y ya estaba despierta. Odiaba eso. Me puse mi nuevo uniforme. Que feo, que mal me quedaba, parecia un jodido pitufo.Mi mamá me acompañó, queria conocer a mis nuevos profesores, así que juntas fuimos a la parada del bus y luego de media hora esperando que algo pasase, logramos irnos. Llegamos y mi mamá y yo nos quedamos frente a la escuela y nos miramos pensando lo mismo Como puede ser esta escuela tan deprimente como la anterior. Luego del acto de bienvenida, de que mi mamá, mi nuevo director y subdirectora se reconocieran ya que habían estudiado juntos y tenían una buena amistad, fuimos a la que sería mi nuevo salón de clases, a la mitad de los nuevos compañeros ya los conocía ya que de nuevos nada eran los mismos de siempre y por suerte entre ellos estaba Liannys. Mis días pasaban y eran como vivir en una foto, todo era lo mismo, ir a la escuela, fingir que estudio, llorar por Enzo, y mi castigo vigente no me permitía ni siquiera salir a tomar algo de aire. Quería ver a Enzo y preguntarle que había pasado, estaba segura que alguna escusa tenía y en este punto de desesperación la mecesitaba. Así que tome la decisión de hacer que rebocaran mi castigo, empecé a ayudar más en mi casa en las tareas domésticas, a estudiar todos los días e incluso mi mamá fue a saber sobre mi desempeño en la escuela y solo recibió buenos comentarios, así que a las dos semanas de estar muy castigada, este desapareció y ya era libre y ya podía salir. Entré al club con el corazón en las manos, deseando que él me buscara y me diera una explicación creíble, pero yo no estaba lista para lo que mis ojos vieron. Allí estaba él, besándose con una chica, riendo abiertamente, se veía feliz. Y sentí como ardía todo mi interior. Lo que vino después duró mucho tiempo. Me rompieron el corazón así sin más, sin motivos y sin que yo lo esperara, pero no sé quedaría así mi orgullo no me permitia mostrar dolor así que la vesti de rebeldía. Colorié mis cabellos de rojo fuego, quería quemar a todo a quien que se me acercara, mi corazón ya no sentía calor, estaba hecho pedazos. También fuí a ponerme un pircing en el ombligo. — Hola, aquí vive Klaus—. pregunté a una señora mayor, que me miró con una cara un poco rara, asintió y fué a buscarlo. De la casa salió un chico sobre los diecinueve años quizás menos, con un pelo n***o que rozaba su frente, uno de sus brazos lleno de tatuajes, tres pircings en la ceja, vestido de n***o total, y una camiseta que decía slipknot, lo raro es que aún así con ese aire oscuro el chico se veía muy pero muy atractivo. —¿Eres Klaus? —Si, ¿Por qué? — Quiero ponerme un pircing en el ombligo. —Carnet, tienes cara de ser menor de edad. —Si, tengo quince años, ¿Algún problema? — dije ya molesta por la actitud del chico. —Obvio que hay problema, lo siento pero no te voy a poner nada, busca a otra persona y no trates de convencerme— Dió la espalda y se fué dejándome con la palabra en la boca. Que tipo tan idiota. No le tomé importancia, ya nada lo tenía, mi mente estaba entumecida, la sensación de estar fuera de mí hizo que conociera cosas que debí evitar : cigarro, alcohol en exceso, sexo y drogas. Rodando de brazo en brazo, fumando mariguana, Red Bull en las mañanas, los regaños en mi casa, los castigos que ignoraba y cuando me encerraban, esperaba que durmieran y escapaba, rebelde, despreocupada, perdida, veía como mi cuerpo se reducía y mis ojeras crecían, apenas comía, casi no dormía, siempre andaba de n***o y dejando sin arreglar mi cabello rojo. Nadia consumía conmigo, yo lo hacía para aliviar mi intenso dolor, ella por diversión. Lo veía un día con una, otro día con otra, el viejo Enzo que conocía, tan imbécil con las mujeres, haciendo que le paguen todo. Y así entre ridículos y malos ratos, vi terminar otro año. Y una nueva versión de mi había nacido por culpa de él y de mi inmadurez.
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