Yo estaba sumida en mis pensamientos cuando alguien se sentó a mi lado.
―¿Qué hay Marina? ―Era Leo, uno de los chicos con los cuales me había relacionado en estos meses y el único con el que mantenía en contacto en todo ese tiempo, no era que me gustase mucho pero al menos estaba en la misma frecuencia que yo, es decir sin interés en una relación o meter sentimientos en el medio, no como otros que querían una apenas dos horas después de habernos conocido―. hace tiempo no te veía ―continuó el chico, el no era súper atractivo, pero era de estos que tienen la combinación de ternura con maldad que los vuelve interesantes.
Después de su saludo continuamos hablando naturalmente y como me había prometido deje salir mi sentido de humor, así que me estaba permitiendo reír abiertamente.
―Leo― escuché una voz conocida llamando al chico a mi lado.
―Luego vengo ―me dijo mientras se alejaba y se acercaba a Enzo.
A mi, poco me importaba que viniera o no, me estaba riendo con él , pero no tenía la mínima intención de ir más allá de donde estábamos.
Los vi hablar para dirigirse luego al club de la playa juntos. Estuve otro rato divagando, hasta que el aburrimiento me impulsó a buscar entre la gente alguna cara conocida, cuando vi a Leo besándose con una chica, me quedé sorprendida y no por él, sino porque se estaba besando con la chica que hasta ahora yo creía era pareja con mi tormento. No pude encontrar ni a Nadia, ni a Leannys, así que seguí con mis pensamientos.
―¿Cómo le haces para atraer puros idiotas a tu vida? Voy a empezar a creer que es una tu habilidad especial, así como un superpoder ―me dijo Enzo mientras se sentaba a mi lado dando un brinquito.
―Se llama física ¿Conoces la ley de los polos opuestos? Es la misma que me hizo conocerte.
―Ouch, tu tan cariñosa como siempre.
No le contesté y opté por ignorarlo y mirar a otro lugar.
―Sabes, seria bueno olvidar todo lo malo entre nosotros y continuar con la relación que teníamos en un principio, tu y yo éramos muy buenos amigos, quizás perdimos algo entre los dos pero podemos mantener al menos eso.
―OK ―le dije intentando sonar despreocupada y ocultando muy bien el hecho de estar muerta de nervios, no quería que pensara que aún estaba ardida y que le daba demasiada importancia todavía.
Después de un incómodo y largo silencio se giró hacia mí y me dijo.
―Verte reír como lo hacías hoy fue bonito, hace tiempo no te veía tan despreocupada y feliz.
―Yo nunca he dejado de reír, no entiendo tus palabras.
―Es verdad no has parado de reír, pero has reído sin transmitir eso que transmites ahora, cuando sonríes siendo sincera tus ojos casi se cierran y tiendes a levantar una de tus comisuras más que la otra―. yo lo escuchaba dar una específica descripción de mi sonrisa sintiéndome sorprendida y sin poder evitar que las mariposas hicieran de mi estómago una locura, pero manteniendo mi cara sin expresiones.
¿Qué rayos hay en tu cabeza Enzo?
El continuó ―me gusta como te queda el n***o, te ves muy bonita por estos días.
―Lástima que no pueda decir lo mismo de ti, cada día más feo ―dije mientras reía.
―Quizás estar lejos de ti no le hace bien a mi belleza.
―Seria una excusa, aunque tonta, si tu belleza hubiese existido alguna vez.
―Tu no cambias, que bueno verte siento tu de nuevo, estaba preocupado.
―No tienes porque, al fin y al cabo nada fue tu culpa.
―Si lo fue.
―No te creas importante, fuiste algo pasajero, igual que Leo y que cualquier otro, así como lo fui yo para ti. No te comas el coco, todo esta en el pasado―mentí si, porque mi orgullo nunca me permitió perder una batalla.
La conversación fluyó sin darnos cuenta, el estar juntos de esa forma se nos daba natural y sin notarlo se nos fue la noche poniéndonos al día.
Extrañaba esto demasiado pero no lo demostraría nunca.
―Me voy, es tarde. ―dije, mientras me levantaba del banco.
―¿Te acompaño? ―me preguntó levantándose también.
―No hace falta, gracias―. Un beso frío en la mejilla y me encaminé a mi casa.
Pensé que recuperar nuestra amistad era la mejor manera de superar todo.
Empezamos a reunirnos con frecuencia incluyendo a Miken, se sentía tan refrescante, casi toda la tensión ya no se existía, aunque a veces se hacía presente, hablábamos con naturalidad sobre nuestra fallida relación y aunque dolía un poco era algo de lo que reíamos juntos. Nos la pasábamos bien haciendo bromas, íbamos a la playa, a bailar, al teatro y conversábamos por horas. Sentía su apoyo en todo, como yo también lo apoyaba a él, le ayudaba a manejar su estrés que le provocaba el trabajo y los estudios, recuerdo que un día me confesó que su sueño era ser cantante de rap y aunque me reí, le dije que podía empezar cantando solo para mí y podía ver su felicidad sincera, creo que nuestra relación estaba a otro nivel y eso me empezaba a asustar porque para ser sinceros...
¿ Se puede ser amigo del amor de tu vida?
Me quedé estática, con los ojos perdidos en el cuadro de clasificación general en la entrada de mi horrible escuela. Y ahí me ví en el lugar veinte y seis. ¡Terminé por fin mi curso! Y luego de un año complicado, de estar con cambios de adolescente rebelde, y de hacer lo que me diera la gana, había salido adelante y en un buen puesto.
Soy un puto genio, sufre Einstein.
Estaba tan contenta que no podía dejar de ver el cuadro que mostraba mi genialidad, y no estaba prestando atención a los demás a mi alrededor.
―Marina, vámonos. ¿No vas a la fiesta? ―me preguntó Leannys que estaba junto a mis demás compañeros.
―Obvio voy, esto ―dije señalando el dichoso cuadro ―hay que celebrarlo. ―Y me fuí corriendo a donde estaban, arreglando mi mochila vacía, ya que había donado mis libros.
Menuda fiesta que hicimos, estábamos contentos, ya que aunque todos no habían logrado aprobar el curso, la mayoría si, y había sido bastante difícil.