Fiorela
Luego nos sentamos y pasamos a revisar algunos de los planes de marketing para el otoño que recibieron de la dirección de arriba, mientras nos acercamos al final del verano y nos lanzamos hacia la semana de la moda, que se celebra a finales de septiembre este año.
Justo antes de que comience la reunión, el bolígrafo de Iris golpea mi mano. —Nunca respondiste sobre lo que pasó con Zack durante la sesión —susurra, girando en su silla para que nuestras cabezas queden cerca.
—¿Eh? —le susurro de vuelta, frunciendo el ceño, aunque mantengo la vista al frente, hacia la mujer que prepara la presentación—. Sí lo hice.
—No. No lo hiciste.
Ahora tiene toda mi atención. —Iris, te respondí casi inmediatamente después de que me escribieras.
Se muerde el labio mientras niega con la cabeza, con los ojos muy abiertos. —Cariño, no. —Saca su teléfono y abre nuestro hilo de mensajes, sosteniéndolo bajo la mesa para que nadie más pueda verlo. Y efectivamente, allí está su último mensaje hablando de la sesión y la química, pero no hay respuesta mía.
Un tipo de pavor nauseabundo me llena el estómago, y la nuca se me calienta. —Debo de no haberle dado a enviar. —Solo que estoy casi noventa y ocho con seis por ciento segura de que sí le di a enviar—. O tal vez no salió.
"Por favor, Dios, que sea eso."
—Revisa tu teléfono. ¿Has estado chateando con alguien más?
Niego con la cabeza, succionando mi labio entre los dientes y royéndolo como un animal hambriento al que le han echado un hueso. —Solo con Gretchen, y ella no mencionó nada. Iris, hablé pestes del Sr. Whitaker.
—¿A qué te refieres con que hablaste pestes de él? Tú nunca dices nada malo de nadie, ni aunque tengas la boca llena de ello.
—Mierda.
Ella pone los ojos en blanco. —Hablo en serio.
—Yo también —le rebato—. El hombre me sacó de mis casillas, y yo le saqué de las suyas y... ¡ugh! —Echándome un poco hacia atrás, agarro mi teléfono y lo pongo en mi regazo, abriendo la aplicación de chat de la oficina seguida de mi chat con Iris—. No veo mi respuesta. No está aquí.
—No me digas. Ya hemos establecido eso. Ve a tu panel de control. Mira si se lo enviaste a alguien por accidente.
—Oh, Cielos —gimo por lo bajo. Si se lo envié a mi jefa, ese sería el mejor de los escenarios, y el mejor de los escenarios no es algo por lo que se me conozca. Solo que, en mis entrañas, sé que no fue a ella a quien se lo envié—. Espera. No puedo. Hazlo tú por mí.
—¿En serio?
—¡Iris!
—Vale. Dame el teléfono. —Me lo quita antes de que pueda entregárselo y, en el segundo en que vuelve al panel de control, su expresión se desploma.
Salto de mi asiento, ganándome la mirada curiosa de todos hacia mí. —Perdón. Un gas. —Y sí, acabo de decir eso. Me siento inmediatamente de nuevo y me cubro la cara con las manos, hiperventilando en ellas sin importarme quién me esté viendo perder los papeles. La bilis me sube por la garganta y creo que estoy a dos segundos de vomitar. O de desmayarme. La adrenalina recorre mis venas, disparando mi modo de pánico. Una cosa tras otra, no tengo respiro. —Dime que lo que vi no es lo que vi.
—Ehhhh...
El mundo se inclina, mi visión se nubla. —Se lo envié a Zack. Al Sr. Whitaker. Se lo envié a él. —Joder. Maldita sea. Maldita perra hija de mil... estoy jodida con J mayúscula.
—¿Por qué tenías una ventana de mensaje abierta con él en primer lugar? —sisea ella, con la mirada clavada en la pizarra SMART del frente como debería estar la mía, pero no puedo hacer otra cosa que mirar mi teléfono mientras se lo quito. Y sí, allí está, brillante y reluciente, el mensaje que le envié a Zack. Y la pequeña palabra de cinco letras debajo del mensaje que dice: LEÍDO.
Así que ahora no solo ha leído las cosas horribles que dije de él, sino que sabe exactamente quién soy.
—No importa por qué. Lo único que importa es que se lo envié a él y no a ti. Estoy acabada, Iris. Eso es todo.
—Oh, tonterías. ¿Qué escribiste? No puede ser tan malo. —Me arrebata el teléfono del regazo, echa un vistazo y luego frunce el ceño—. Maldición. Estás jodida.
—¿Qué hago?
Ella me lanza una mirada de "yo qué diablos voy a saber". —No hay nada que puedas hacer, ¿verdad? Se lo enviaste a él y no a mí. Lo ha leído. La mejor opción es que lo ignore y no le importe, ya que todo el mundo ha dicho algo parecido al menos una vez en su vida después de conocerlo.
—¿Y la peor?
—La peor es que estés en la calle antes de que acabe el día.
—No puedo perder este trabajo. Es mi última oportunidad después de que Valencci me pusiera en la lista negra. Abrí la boca entonces y mira adónde me trajo. La abrí de nuevo y podría acabar conmigo. ¿Cuándo aprenderé a mantener mi maldita boca cerrada?
—¿Qué vas a hacer?
Aspiro una bocanada de aire temblorosa, con las manos vibrando. ¿Qué haré si Zack me despide? O más bien cuando Zack me despida. Tomo otra respiración profunda, esta vez calmante, pensando en todo esto. Solía creer que todo en la vida sucede por una razón. Que lo que no te mata te hace más fuerte.
¿Pero he sido más fuerte estos meses desde que ocurrió todo aquello? ¿O me han vuelto débil y asustadiza las personas que han buscado precisamente eso? Algún día esto será un recuerdo y ¿cómo quiero recordarlo? ¿Como el momento que finalmente me hundió, o el momento en que tomé las riendas de mi vida de una vez por todas, incluso cuando sentía que se desmoronaba a mi alrededor?
—¿Sabes qué? —digo, tomando otro aire para asentar mi corazón—. Estaré bien. Solo me estoy volviendo loca como me he estado volviendo loca desde la semana de la moda en febrero. —Desde que era una niña de dieciséis años, abandonada a su suerte—. No puedo seguir viviendo así. Haré lo que tenga que hacer —declaro—. Modelaré y diseñaré por mi cuenta. Buscaré una casa de diseño más pequeña e intentaré entrar allí. Si todo falla, me mudaré al extranjero y resolveré mi situación allí, lejos de Nueva York y ahora lejos de Boston.
Él sabe quién soy. No hay forma de que me quede. De ninguna manera.
Me ha odiado desde el momento en que me conoció y hoy, todos estos años después, incluso sin reconocerme, seguía odiándome.
—¿Por qué tengo que tener esta lengua?
Su mano me agarra el antebrazo. —Porque tienes derecho a tenerla, como todos nosotros. Nadie cuestiona la lengua de Zack o incluso la de Valencci. ¿Por qué? ¿Porque tienen más poder? Al carajo con eso. Una diseñadora te robó un vestido y no solo lo reclamó como suyo, sino que cuando intentaste denunciar lo que hizo, te puso en la lista negra de todas las pasantías posibles. Así que ahora estás aquí. Y tal vez dijiste algunas cosas que no debías. Fuiste irrespetuosa y lo entiendo. Él es el jefe. Pero el miedo a hablar es lo que ha mantenido sistemáticamente a las mujeres en la edad oscura y ha hecho que no se nos considere iguales. Sé audaz. Sé fuerte. Y si aquí es donde termina para ti, recuerda que eres brillante y talentosa. Labra tu propio camino sin necesitar la ayuda de nadie más.
Mi corazón se hincha. —Gracias. Necesitaba eso. Más de lo que imaginas. ¿Puedo tener a tus hijos?
Ella disimula una risita con una tos cuando la gente se gira hacia nosotras. —No. Los hijos son para mujeres que son mejores seres humanos y menos egoístas que yo. No estoy hecha para ser madre y eso es simplemente ley de vida. Algunas no lo estamos.
Levanto una mano. —No juzgo eso. Mi madre nunca estuvo hecha para ser madre. Lecciones que aprendí por las malas más de una vez.
—No es broma. En lugar de parir a mis hijos por mí, ¿qué tal si te invito a unas copas esta semana? Buscaremos algún pub de Boston e intentaremos ignorar el aliento a cerveza y la charla deportiva de los lugareños. Mi querida Dorothy, ya no estamos en Nueva York, y los de Boston parecen ser de otra r**a.
—La familia Fritz vive aquí.
Ella se abanica la cara. —Señor, lo sé. Pero esos médicos multimillonarios y guapísimos están lamentablemente todos pillados ya. En fin, nos quedamos con el grupo de Central Square, que por suerte están todos solteros. ¿Crees que si fuera a acechar a las puertas de sus casas, me dejarían entrar para un arrumaco?
—Eh... poco probable. Pero claro, no es que los conozca. Tan bien.
—¿Tan bien?
—Por favor, no preguntes.
—Te lo pregunto. Solo que ahora no.
—¿Fiorela Moreau? —Una mujer entra en la sala, gritando mi nombre delante de todo el mundo. Me pongo de siete tonos de rojo virgen.
Aquí vamos. No ha tardado mucho.
—Soy yo.
Me levanto, recogiendo todas mis cosas, separando mis pertenencias personales de las de trabajo sin mirar a Iris, ni a Howie, ni a nadie más. No puedo soportarlo.
—Por favor, venga conmigo. El Sr. Whitaker ha solicitado una reunión con usted en su despacho en tres minutos.
Oh, estoy segura de que lo ha hecho.