Química Para Explotar un Laboratorio

1674 Palabras
Fiorela El resto de la sesión se hace eterna. Mi corazón y mi mente simplemente no están en ello, atrapados en la peor de las espirales mientras repito lo ocurrido una y otra vez, reprendiéndome con más dureza cada vez que lo hago. Me dejé llevar. Me dejé arrastrar por el momento. Por la forma en que me miraba y cómo se sentía contra mí. No sé por qué le dije eso. No sé por qué le dije nada de eso. Es como si, en el segundo en que me acerco a él, me volviera colérica y mordaz. Me saca de quicio y sé que no soy objetiva. Sé que me aferro a viejos rencores que debería soltar. El odio que emanaba de él como el humo, la mirada mordaz que me lanzó... todo el calor y el fuego de nuestro contacto y nuestro coqueteo se extinguieron al instante. Mi bocota fue y le restregó su trauma en la cara. ¿Qué clase de persona hace eso? Después de lo que parece una eternidad, me dejan marchar, enviada a buscar el camino hacia la planta de diseño y hacia mi escritorio. Una de las asistentes del armario pegó mi tacón, pero el daño ya está hecho. Me encantaría imaginar que puedo dejar atrás esta mañana y los desastres que la acompañaron para dedicarme a lo que realmente he venido a hacer. Diseñar. Pero no puedo evitar los pensamientos que me asolan. La culpa. Debería odiarlo. Y aunque ciertamente no me agrada, es imposible odiarlo por completo. Tal vez sea lo que perdió lo que excusa todos sus pecados actuales. O cómo me ayudó esta mañana. Quién sabe. Sea lo que sea, hace que abra el chat interno de la oficina en mi teléfono y escriba su nombre en el bloque de mensajes. Mis dedos tamborilean sobre la pantalla mientras debato qué debería decirle, si es que debo decirle algo. Luego lo pienso mejor. Que mantenga las distancias mientras me odia es lo mejor. Si le escribo, sabrá exactamente quién soy... si es que no lo sabe ya. Fiore tiene un apellido distinto al mío porque quería mantenerlo todo separado. Fue idea de mi agente, y fue la decisión correcta. Me quedo mirando su nombre, hasta que entra un mensaje de Iris. —Iris: Me han contado lo de tu mañana arriba con Whitaker. Tu sesión con él es de lo único que se habla. —Yo: Genial. ¿Saben que soy Fiore? —Iris: No lo creo. Dicen "Fiore" o "la modelo", pero ¿cuánto tiempo pasará antes de que unan los puntos? Tu jefa, Gretchen, lo sabe, así que es solo cuestión de tiempo. Me lo imaginaba, pero tenía la esperanza de que el rumor no se hubiera extendido. Esperaba que fuera solo una sesión más y que mi nombre permaneciera aparte. Me las he arreglado para arruinarlo todo en unas pocas horas. —Yo: ¿Qué dicen de la sesión? —Iris: Que tenían química suficiente para hacer explotar un laboratorio y que luego él se fue furioso. Nadie ha visto las fotos todavía, pero he oído que son ardientes. ¿Es verdad? Necesito todos los detalles y los necesito ya. Pongo mala cara, golpeando de nuevo la pantalla con los dedos. No se equivocan. Solo desearía que no hubiera ya chismes sobre mí. Especialmente con Zack. Es imposible que no descubra quién soy ahora. Empiezo a escribir, muy enfadada conmigo misma. —Yo: No hubo química, solo actuación. Fue una sesión como cualquier otra que he hecho con un compañero masculino, excepto que Whitaker era Whitaker. Cruel, frío y despectivo. Conmigo y con el personal. Me imagino que así es como van todas sus sesiones. Probablemente no debería escribir esto en un mensaje de la empresa, pero quiero que ella acalle el rumor en su lado y espero que esto sirva para ello. Cuanto menos se hable del tema, mejor. Además, no es que esté diciendo nada de él que la gente no sepa ya. Le doy a enviar, dejo el teléfono con un poco más de fuerza de la que pretendía y saco el almuerzo que traje conmigo. Tengo una reunión en diez minutos y no he tenido ni un segundo libre para comer nada. Engullendo mi sándwich de mantequilla de cacahuete y pasándolo con mi Diet Coke, reviso mis correos electrónicos y me instalo. —Hola. —Una voz sobre mi hombro me sobresalta y giro en mi silla, solo para golpear mi rodilla ya lastimada directamente contra el lateral de la partición del cubículo. Hago una mueca, apretando los dientes contra mi labio para sofocar un gemido. —Oh, maldición. Lo siento —dice un chico lindo, de estilo hípster, con una camisa de cuadros, tirantes negros y pantalones grises, con una mueca propia—. No quería asustarte. ¿Estás bien? —Nada que un tanque de tequila no pueda curar. Él se ríe, con sus ojos verdes brillando. —Soy Howie. Como "¿Howie" lo hizo?, no lo sé. No como Howard el Pato. Mis padres eran crueles, pero no tanto. Me cubro la boca con la mano, riendo ligeramente. —Dios mío. Acabas de citar "Airplane" usando tu propio nombre como chiste. Por favor, dime que trabajamos juntos. —Trabajamos juntos. Soy uno de los diseñadores del equipo de la línea femenina y me han asignado contigo durante los primeros seis meses de tu pasantía. ¿Prefieres que te llamen Fiore o Fiorela? —¿Cómo sabes...? —¿Tu nombre de modelo? Lo sé. Todo el mundo en la planta lo sabe. Gretchen anunció en nuestra reunión de personal que ibas a llegar tarde porque Lamar te reclutó para cubrir la sesión. Ya eres famosa por aquí, y ya lo eras incluso antes de eso. Se me hunden los hombros, nada divertida por la hipérbole. Todo en mí se desinfla a la vez. —Fabuloso. —Oye. ¿Eso es algo malo? —Probablemente. Definitivamente. —Mierda. No pretendía molestarte. —No es culpa tuya —le digo, intentando ofrecer una débil sonrisa—. Es mía. Se apoya contra el lateral de mi cubículo con aspecto compungido. —No he empezado con buen pie contigo. Solo quería decir que nadie sabía que eras Fiore Sage hasta la sesión de esta mañana, pero todos habíamos oído hablar de Fiore Sage, si sabes a qué me refiero. —Lamentablemente, lo sé. —Rayos. Lo estoy empeorando ahora, ¿verdad? —Estás bien. Te lo prometo, Howie-no-Howard. ¿Vas a esta reunión conmigo? —Sí. He venido a buscarte. Gretchen no estaba segura de si ya habías vuelto de tu sesión. Gretchen, nuestra jefa, parece estupenda hasta ahora. Por otra parte, ya he sido engañada por jefes antes, así que quizá debería reservarme mi juicio por el momento. Sin mencionar que dudo que sea mi jefa por mucho más tiempo ahora que se ha corrido la voz sobre quién soy. Me pongo en pie, envolviendo los restos de mi almuerzo y metiéndolos de nuevo en mi bolso. —Me preocupaba que todo el mundo estuviera cabreado porque me perdí mi primera mañana. Empezamos a caminar hacia la sala de conferencias, al otro lado de la planta. —Qué va. ¿Qué ibas a hacer? ¿Decir que no? —Se ríe, lanzándome una mirada de reojo—. No creo que nadie le haya dicho nunca que no a Lamar y ciertamente tampoco al Sr. Whitaker, pero tampoco ha sido muy necesario. Ambos son muy buenos en lo que hacen y, aunque estemos en Boston y no en Nueva York, parece que tienen el dedo puesto justo en el pulso de la moda. Asiento con concesión. —La línea de otoño que fotografiamos hoy era increíble. —No puedo esperar a ver las fotos. Todo el mundo ha estado... Un cuerpo choca contra mí, haciéndome retroceder un paso. —Pedazo de zorra. No te he visto desde que llegaste a la ciudad y luego ocurre toda esta locura en tu primer día, ¿y tengo que enterarme de los detalles jugosos por mis compañeros de marketing y no por mi mejor amiga? ¿Cómo están tus rodillas? —Iris me abraza con fuerza, luego se aparta y me sujeta por los hombros para examinarme—. Oh, cielito, te has hecho un buen destrozo. —Sanarán. —¿Y el resto de ti? —Me temo que el veredicto aún no es definitivo. Su rostro se arruga de preocupación y yo niego sutilmente con la cabeza antes de que pueda decir nada más al respecto. —Veo que has conocido a Howie. —Cambia de tema, captando mi indirecta—. ¿A que es adorable? Si no tuviera ya novia, los habría emparejado totalmente. —Estoy aquí mismo —dice Howie, aunque sin acritud. —Sí, querido. Lo veo tan claro como las pecas de tu guapo rostro. Promete que, si alguna vez rompes con tu chica, te quedarás con la mía. —Iris, yo también estoy aquí mismo. Ella se ríe, despachándonos a ambos con un gesto. —Venid. Es una divertida reunión de diseño de marketing. No puedo esperar. —Nos entrelaza los brazos a ambos, caminando en medio—. Sigo queriendo detalles. Lo bueno. Lo malo. Lo absolutamente magnífico. He oído que el Sr. Whitaker huele de maravilla, ¿verdad o mentira? —Verdad —admito a regañadientes. —Lo sabía. ¿Cómo fue trabajar con él y qué pasó en esa sesión? Nunca respondiste a mi último mensaje. Los rumores son una locura. —Ya te dije cómo fue —le digo mientras nos acercamos a la entrada de la sala de conferencias. Ella me lanza una mirada extraña, justo antes de ser engullida por todos los demás en la sala. Gretchen se toma unos minutos y me presenta a todos. Todos en los diversos equipos, tanto pasantes como empleados fijos, parecen agradables. Nadie pregunta por mi sesión de fotos con Zack esta mañana, aunque claramente todos lo saben.
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