Toque prohibido

1587 Palabras
Zachary Ella no es nada para mí y así seguirá siendo. Con esa declaración mental, ya vestido con el traje con el que quieren fotografiarme, entro en la sala; el eco de mis zapatos corta el murmullo y todo se detiene. —¿Cómo vamos, Franco? ¿Todo listo? —Buenos días, Sr. Whitaker. Sí. Le estaba enseñando a Fiore algunas de sus fotos. —Gira la cámara para que pueda ver una de las imágenes que acaba de tomar. No muerdo el anzuelo. Ni siquiera reconozco a la mujer que está de pie a mi lado, observando mi perfil. —Fantástico. ¿Podemos hacer esto y hacerlo rápido para que pueda volver a mis asuntos? —Por supuesto, señor —asiente Franco antes de hablar más alto para que toda la sala pueda oírle—. Vamos a colocarnos, equipo. Empezamos en dos minutos. —Vaya. Así que eres así de desagradable con todo el mundo y no solo conmigo. Pongo los ojos en blanco ante la pasante, que se inclina para volverse a poner los zapatos. Ese movimiento no debería ser sexy, pero maldita sea si no lo es. Aprieto los dientes y me alejo de ella, dejando que el asistente me coloque junto a la ventana que tiene una especie de pantalla oscura cubriéndola. Sobre mí hay luces titilantes que proyectan un brillo cálido mientras las luces del techo se atenúan ligeramente. —¿Estás segura de que deberías llevar tacones tan altos? —Mi tono está cargado de sarcasmo mientras mi mirada baja hacia sus rodillas cubiertas por el vestido—. Claramente tienes problemas para mantenerlos intactos. —Vaya, ¿estás preocupado por mí? —Más bien por mis zapatos contigo dentro de ellos. —Si están hechos como es debido, los tacones de estos no se romperán. Los míos solo lo hicieron porque me estaban asaltando y luego me lanzaron como a una muñeca de trapo. —Da una vuelta, haciendo que la falda de su vestido se abra a su alrededor—. Mira. Fíjate en eso. Perfecto. No cabe duda. —Sr. Whitaker —interviene Franco—. Tome su mano y hágala girar una vez antes de atraerla hacia su cuerpo. Es una noche de cita y ambos están en alguna fiesta fabulosa. Sonrían. Diviértanse el uno con el otro. Estén enamorados. ¿Estar enamorados? ¿No puede hablar en serio? A regañadientes, extiendo mi mano y ella pone la suya, pequeña y fría, en la mía. Es molestamente suave y frágil contra mi mano más grande y, a juzgar por la forma en que sus ojos se agrandan y sus pupilas se dilatan un poco, ella también lo siente. De la misma manera que lo sentí abajo cuando toqué sus piernas. Energía crepitante antes del rayo. La hago girar ante el aplauso de las cámaras haciendo clic. Ella echa la cabeza hacia atrás, dejando que su pelo rubio, rubísimo, vuele junto con el vestido, y luego le doy un tirón, atrayéndola hacia mí. Su cuerpo aterriza firmemente contra el mío y la miro a los ojos, los más azules que he visto nunca. Combinan con el vestido como si este hubiera sido diseñado solo para ella. Con la cabeza inclinada hacia atrás y la barbilla apuntando hacia mí, me dedica una sonrisa de adoración, apoyando la mano que no estoy sosteniendo sobre mi pecho. Una docena de clics más, aunque empiezan a desvanecerse cuanto más tiempo la miro. —Fiore. ¿Qué clase de nombre es Fiore? Ella me sonríe con timidez mientras coloco su mano alrededor de mi cuello, atrayendo su cuerpo firmemente contra el mío. Su aroma inunda mis fosas nasales, haciendo que mi pulso vibre y mi m*****o se agite. —Del tipo que no es de tu incumbencia. Resisto el impulso de sonreírle por devolverme mis propias palabras. Tiene fuego, se lo concederé. —Ah, pero trabajas para mí, así que creo que sí es mi incumbencia. —¿No podemos simplemente fingir que no lo es? —¿Fingir? —Sí. Ya sabes. Fantasía. Imaginación. Simplemente soy una modelo aquí para hacer que tu ropa luzca bien. Más tarde seré otra cosa, y si todavía te interesa mi nombre, estoy segura de que tienes formas de descubrirlo. Aunque espero que no lo hagas. Mis cejas se elevan confundidas. —¿Esperas que no lo haga? —Repites muchas de mis palabras. —Porque hablas con acertijos y códigos cuando no eres abiertamente despectiva conmigo. —Cierto. Estoy jugando a la defensiva y no muy bien. Algo en ti me saca de quicio. —Sacude la cabeza, sus dientes atrapan su labio hasta que se da cuenta de que debe interpretar un papel conmigo y que parecer vulnerable y nerviosa no forma parte de él. Una sonrisa deslumbrante reconstruye su rostro; una mano rodea mi cuello, la otra juguetea ahora con mi corbata azul que combina con su vestido. Me da un tirón, bajando mi cabeza hasta que nuestros rostros están a centímetros de distancia, el mío todavía suspendido ligeramente sobre el suyo. —Olvida todo eso —insta ella—. Pon tus manos sobre mí. —¿Qué? —casi me atraganto. —Estamos enamorados, ¿recuerdas? Los amantes se tocan. Tú quieres terminar con esta sesión y, francamente, yo también. Así que pon tus manos sobre mí, Sr. Whitaker. Muéstrales con tu cuerpo y con tus ojos todas las cosas sucias que quieres hacerme. Pon una mano sobre mi piel desnuda para que las cámaras puedan verla. La otra en la parte baja de mi espalda para que mi cuerpo se arquee hacia el tuyo. —¿Ahora vas a decirme cómo hacer mi trabajo? —Arqueo una ceja. Sus dedos se enredan en mi pelo, jugueteando con las puntas, y joder, ¿por qué tiene que sentirse tan malditamente bien? Resisto el impulso de cerrar los ojos. Su mirada es tan cálida y tan fría a la vez. Sin duda coincide con la mía y ahora ambos luchamos por no sonreír. —Quizá se me da mejor que a ti —responde ella, devolviéndome el gesto de la ceja levantada—. Ambos sabemos que odias modelar y yo llevo siete años haciéndolo. Sé cómo diseñar y vender ropa que dan ganas de arrancarle a alguien del cuerpo. Maldito infierno. Con el fuego del desafío y el deseo disparándose por mis venas, y preguntándome si ella se acobardará ante la presión, me acerco. Más. Tan cerca que puedo ver cada mota y matiz de azul en sus ojos. Mi mano aparta su cabello hacia arriba, buscando la piel suave entre sus omóplatos. La otra va a la parte baja de su espalda como ella indicó, solo que no me detengo ahí. Sigo deslizándola más abajo. Tan abajo que alcanzo la prominencia ósea situada en el nacimiento de sus glúteos. Mi m*****o, ya duro, da un respingo entre nosotros, pero no hay nada que pueda hacer al respecto. Ella me sentirá o no, aunque cuando se estremece levemente y se le corta la respiración, no puedo evitar mi sonrisa victoriosa. —¿Es eso lo que buscas, modelo? —"Sentir lo duro que pones a tu jefe", no añado. —Mmm... Mucho mejor. ¿Quién iba a decir que tenías una seducción tan potente dentro? Ahora sonríe para las cámaras, Sr. Whitaker —susurra contra mí, su dulce aliento rozando mis labios. —Yo no sonrío, y nunca seduzco —respondo sin pizca de gracia, librando la batalla para mantener mis ojos en los suyos en lugar de bajar a sus labios brillantes. Sus dedos se deslizan por mi pecho, enganchándose en la solapa de mi chaqueta. —Ya lo he notado —dice—. Quizá simplemente no has encontrado a nadie lo bastante tentador como para usarlos. "Hasta ahora", pienso. El pensamiento me pilla desprevenido e inclino la cabeza hacia abajo para ocultarlo. —Es una lástima —continúa ella, ajena a mi lucha interna con ella. —¿El qué? —respondo en tono inexpresivo, jugueteando con los largos y sedosos mechones de su pelo mientras me hacen cosquillas en los dedos. Rezando para que esto acabe en cualquier momento y no tener que seguir inhalando su fragancia seductora y torturándome con toques que no son ni de lejos suficientes. —Piensa en cuánto más feliz serías si hicieras ambas cosas: seducir y sonreír. Me pongo rígido; la acusación en sus palabras me sienta fatal, una incisión penetrante en mi armadura. —¿Quién dice que no soy feliz? Un ceño fruncido empaña su bonito rostro. —Todo el mundo. El mundo entero. —Su ceño se profundiza y lo veo en sus ojos azules. La lástima. Los titulares mientras bailan por su cerebro. Sacude la cabeza—. Lo siento. Lo siento muchísimo. No debí decir eso. Fue descuidado e insensible. No es que no tengas tus razones para ser así. Ella no sabe nada de mis razones, ni nadie más lo sabe. Prácticamente la aparto de un empujón, dando un paso atrás y respirando con dificultad. —He terminado aquí —anuncio y me marcho furioso sin dedicar ni una mirada atrás a nadie. Hoy no. Hoy se me permite sufrir tanto como necesite sufrir. La modelo puede irse a la mierda junto con todos los demás que me miran así. He terminado con ella. Una distracción no deseada; debí haberla despedido esta mañana cuando tuve la oportunidad. No cometeré el mismo error dos veces.
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