Entre el odio y la tentación

1949 Palabras
Fiorela —¿Estás segura de que esto es legal? —cuestiona Iris mientras entramos al elevador, radiantes y puntuales en esta encantadora mañana de martes. No dormí. Casi ni un maldito pestañeo, y cada vez que lograba conciliar el sueño, tenía sueños salvajes con mi nuevo jefe. La mitad tenían que ver conmigo sangrando sobre su traje y él diciéndome que, si no dejaba de hacer eso, me pondría sobre sus rodillas y me daría azotes para sacarme lo de niña traviesa. No son los mejores sueños que puedes tener antes de empezar a trabajar para alguien que, categóricamente, no te agrada tanto. —Sabes, esas fueron las palabras exactas que le pregunté. Él dijo que sí. La gente empieza a amontonarse en los elevadores, empujándonos hacia el fondo. —Explícame otra vez, ¿de qué lo conoces? —Iris se inclina, hablando en voz baja para que solo yo pueda oírla—. Porque hemos sido mejores amigas durante cuatro años desde que empezamos juntas en el FIT y no sé nada de esto. —Irónicamente, Iris es la razón principal por la que quería hacer mis prácticas aquí. Mi jefe es la última. —No puedo. Aquí no, ni ahora. —Escuché que su última pasante de diseño renunció después de una semana de trabajar para él, se mudó a Montana o a algún lugar así y se convirtió en pescadora profesional de moscas. ¿Pescador? Lo que sea. Ni siquiera sabía que eso fuera una profesión real. El punto es que la mujer prefiere trabajar con carnada viva y peces en lugar de humanos y muestras de tela. No solo dejó el trabajo o esta empresa, dejó la industria por culpa de él. Sin mencionar que solo llegas al grupo de pasantes ejecutivos una vez que has cumplido un año completo como pasante básica y ellos te seleccionan. Levanto las manos y golpeo el café de un tipo, casi derramándolo todo sobre su camisa blanca. Él me lanza una mirada tensa. —Lo siento —murmuro con timidez antes de volverme hacia Iris—. Este es exactamente mi problema. ¿Por qué me dan este puesto cuando no debería ser así? ¿Qué me estoy perdiendo? —No lo sé, azúcar, pero ahora es tuyo y tienes que montar ese toro hasta que esté bien domado. —¿Eh? —Le hago un gesto para que se calle porque esta es Iris, e Iris no siempre tiene sentido—. Soy un desastre con este trabajo. ¿Cuándo en mi vida he sido torpe? Nunca, Iris. Jamás. Puedo desfilar por una pasarela en ese hilo dental que llaman bikini y tacones de aguja de quince centímetros frente a espectadores y fotógrafos sin dar un mal paso. Ayer, me peleé con un ladrón y me destrocé ambas rodillas. Anoche, me quemé la mano y la lengua con mi tazón de pasta. Y ahora casi le tiro el café a extraños. Esta no soy yo. El elevador se detiene en el piso de Iris, y ella me arrastra pasando a los otros usuarios, por el pasillo y hacia el baño de mujeres. Después de revisar para asegurarse de que estamos solas, se vuelve hacia mí, agarrándome por los hombros y girándome para que mire al espejo. —Mírate y dime qué ves. —Iris, en serio no tengo tiempo para... —Dime qué ves —exige ella. —Me veo a mí misma. —No. Ves a una perra talentosa y ruda que no acepta mierda de nadie, incluso cuando vienen por ella con todo. Ves a una mujer que ha subido a la cima como la espuma cuando todas las probabilidades estaban en su contra. Ves a una mujer que no fracasa y no permite que nadie más la haga cuestionar quién y qué es. Conoce tu valor y, hagas lo que hagas, no dejes que Zachary Whitaker y su boca sexy y malvada te descarrilen. Reflexiono sobre sus palabras, echándome una mirada larga y profunda. Tiene razón. Esa soy yo. O, más apropiadamente, quien quiero ser. —Yo puedo con esto. Ella me da un apretón en los hombros. —Tú puedes. Ahora lleva tu adorable trasero allá arriba y muéstrales a esos ejecutivos precisamente de qué estás hecha. Y ya que estás en eso, dale a tu jefe un buen masaje y una mamada. —¡Iris! —Me sonrojo en siete tonos diferentes del Hades. —¿Qué? Dios sabe que el hombre podría usar una buena felación y unos cuantos orgasmos bien entregados para deshacerse del perpetuo ceño fruncido y la mueca de su rostro, que es demasiado guapo. —Bueno, esas felaciones y orgasmos no vendrán de mi parte. Ella frunce sus labios rojos hacia un lado. —Lástima. Apuesto a que tiene una polla bonita a juego con su cara bonita, y tengo curiosidad por saber si todavía recuerda qué hacer con ella. Ahora, vete. —Me da un azote en el trasero hacia la puerta—. No puedes llegar tarde en tu segundo primer día. —Te quiero —le digo y salgo del baño, pero en lugar de tomar el elevador los ocho pisos restantes, decido ir por las escaleras para ayudar a calmar los nervios. Para cuando llego al piso ejecutivo, estoy jadeando por mi vida, puede que tenga manchas de sudor en las axilas y me duelen los pies por los tacones, pero al menos mis músculos han dejado de vibrar. Al abrir la puerta de la escalera, miro a través de la vasta planta y me digo a mí misma un segundo: —Yo puedo con esto. —¿Me hablas a mí? Giro la cabeza hacia la derecha y me encuentro con una mujer pequeña y embarazada que hace malabares con una pila de papeles en una mano y un café en la otra. —¿Perdón? —Dijiste "yo puedo con esto", y si me hablabas a mí en lugar de darte una charla de ánimo mental, no me quejaré. —¿Qué tal ambas cosas? —ofrezco, y una sonrisa separa sus labios. —Suena genial. ¿Te importa llevar los papeles? Solo me permiten un café pequeño al día con esta cosa creciendo dentro de mí y no quiero arruinarlo dejando que se enfríe. —No hay problema. —Paso la pila de papeles que se tambaleaba precariamente de su mano a la mía, reorganizándolos y apretándolos contra mi pecho—. Soy... —Fiorela Moreau, también conocida como Fiore Sage. Sí, lo sé. Soy Beth, la que te envió el correo sobre tu puesto inicial aquí. Soy la encargada de Recursos Humanos para los pasantes de Whitaker Fashions. Ahora que estás en el equipo ejecutivo, trabajaremos de cerca. —Oh. —Mis ojos se abren de par en par—. Es un placer conocerte en persona. Eh... ¿gracias por traerme aquí arriba? —Sí, eso salió tan raro como sonó, con todo y el tono de pregunta. Ella me lanza una sonrisa cómplice mientras caminamos por el impecable piso ejecutivo. —No te preocupes. Sé que todo esto parece un poco repentino y poco ortodoxo. Francamente, lo es. —Toma un sorbo de su café y prácticamente gime después de tragar—. Lo siento. Yo era de las de tres cafés grandes al día y ahora estoy reducida a esta cosa patética. Levanto la mano. —Cero juicios. —Fantástico. Entonces, como decía, normalmente no tenemos pasantes de nivel ejecutivo hasta el segundo año, y esos puestos son muy escasos. Pero quiso la suerte, el destino o como quieras llamarlo, que la última pasante de diseño del Sr. Whitaker se fuera poco después de aceptar el puesto y él aún no lo ha cubierto. No creo que tuvieran... buena química laboral. Suelto un resoplido por lo bajo. —No tienes que endulzar la situación. Ayer trabajé con el Sr. Whitaker y he oído los rumores sobre su... temperamento. La sigo a una oficina donde deja su café y me quita la pila de papeles, poniéndolos en el borde de su escritorio. Me hace una señal para que cierre la puerta y lo hago. —Toma asiento un momento. Me siento al otro lado de su escritorio mientras ella se deja caer en su silla, frotándose el vientre. Levanta su café y lo apoya en el brazo de su silla, aferrándose a él como si fuera su salvavidas. Yo no bebo café. Bebo Coca-Cola de dieta, lo cual sé que es asqueroso por la mañana, pero todos tenemos nuestras manías y vicios. Cuando trabajaba únicamente como modelo antes de empezar en el FIT, algunas de mis compañeras empezaban el día con una pastilla para adelgazar, un Red Bull y un cigarrillo. Mi Coca-Cola de dieta se siente como un batido de col rizada en comparación. —El Sr. Whitaker es duro —continúa Beth—. No voy a mentir ni a endulzarlo, como dijiste. Es un perfeccionista, lo cual no es nada malo en este campo. La perfección es la imagen que vendemos. Pero no tolera nada que sea inferior a lo que él mismo entrega. —Lo entiendo y planeo darlo todo en este nuevo puesto. Ella asiente, aparentemente satisfecha con eso. —Admitiré que era escéptica sobre sus motivos para traerte aquí arriba apenas en tu segundo día. —Sí. Yo estaba... sorprendida —le confieso. —Todos lo estábamos. Pero después de revisar tu portafolio, lo entiendo mejor. Tienes mucho talento y creo que, si logras aguantar trabajando con él, básicamente podrás pedir lo que quieras en esta industria. —Gracias —digo, un poco impactada. Francamente, una parte de mí seguía pensando que Zack me estaba jugando una mala pasada de alguna forma. Dijo que era legítimo, pero ¿por qué yo, cuando estoy segura de que esta empresa está llena de docenas de diseñadores igual o más talentosos? No confío en él. Tiene que tener algún ángulo oculto, porque un hombre como él parece estar hecho de bordes afilados sin ninguna línea suave. —¿Te importa si te pregunto cuál es tu relación con el Sr. Whitaker? Eso me toma desprevenida. —No tengo ninguna. —Vi algunas de las imágenes de la sesión de ayer. —No te sigo. Ella me lanza una mirada de incredulidad. —Cualquier cosa que hayas visto en las fotos fue modelaje. Actuación —le digo con énfasis, esperando que la parte de mí que no se lo cree del todo no se note—. El Sr. Whitaker es mi jefe. Nada más. —Excelente. Siento si eso pareció grosero, pero tenía que asegurarme. Hace unos años, esta empresa casi se ve envuelta en un gran escándalo, y ahora hacemos todo lo posible por evitar eso. —Lo entiendo. —Más o menos. Imagino que el escándalo del que habla es el del padre de Zack. No sé qué pasó aquí en la empresa o entre ellos, pero Zack ciertamente perdió los estribos cuando descubrió la implicación de su padre en mi presencia aquí, y su padre no ocultó la animosidad que existe entre ellos. Tal vez debería revelar que soy la exhermanastra de Zack, ¿pero para qué molestarse? Apenas lo conocía entonces y él me odiaba. No es precisamente como si tuviéramos una relación cálida y acogedora, y él no ha hecho ningún esfuerzo por ocultar el hecho de que todavía no le agrado mucho, ni tampoco mi boca. Y honestamente, no es así como quiero que me vean aquí. Si Zack no sintió la necesidad de informar a la gente sobre ese hecho, ¿por qué debería hacerlo yo?
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