Un comienzo complicado

2094 Palabras
Fiorela —Perfecto. —Se incorpora, dejando su café junto al teclado—. Creo que ya podemos empezar entonces. El tuyo es el escritorio vacío en el espacio abierto fuera de la oficina del Sr. Whitaker. Thalia, que es su asistente, puede orientarte. Te veré más tarde hoy o mañana por la mañana. Mucha suerte. Me levanto. —Gracias. —¿Puedo darte un consejo? —me grita justo cuando mi mano toca el pomo de la puerta. Giro la cabeza sobre mi hombro y me encuentro con sus ojos marrones oscuros. —Claro. —Céntrate en tu trabajo. No en él. Eres joven y muy hermosa y, a juzgar por la sesión de ayer, digas lo que digas, hay cierta química entre tú y él. Pero las mujeres han estado tratando de ganarse el corazón muerto de Zachary Whitaker durante años sin éxito. No digo que ese sea tu interés o intención, pero él es brusco y no tiene problemas en hacérselo saber a todo el mundo, mientras despide a la gente a la primera de cambio si así lo decide. Si te tomas en serio el diseño de moda, usa esto como tu trampolín en la industria y haz lo mejor que puedas para trabajar a pesar de él. Interesante. Me pregunto si habla por experiencia personal. —Gracias por el consejo. Ese fue siempre mi plan. Otro asentimiento y luego me despide centrando su atención en su computadora. Cierro la puerta tras de mí y robo un suspiro, mirando a izquierda y derecha. Es una planta abierta enorme con madera gris alternando con alfombra gris. Las paredes son ventanales que dejan entrar mucha luz filtrada. A mi alrededor, la gente corre de un lado a otro, haciendo sus trabajos con un sentido definitivo de urgencia. Me pregunto si eso es lo que Zack les transmite. No se puede negar el poder que ejerce. Tanto aquí como en el mundo de la moda. Incluso para una empresa con sede en Boston. No precisamente conocida como la Meca de la moda mundial. Él es un transgresor. Un creador de tendencias. Tiene mucho éxito en lo que hace. Y claramente le importa un carajo si a alguien no le gusta la forma en que maneja las cosas. Abriéndome paso hacia el otro lado de la planta, encuentro la oficina de Zack y el escritorio vacío en un cubículo parcialmente dividido que asumo es el de la pasante ejecutiva de diseño. Thalia, la mujer que vino a buscarme a mi reunión ayer, no aparece por ninguna parte, así que dejo mi bolso sobre el escritorio y miro alrededor. La oficina de Zack tiene una línea de visión directa a la mía, y me pregunto si es intencional. No por mí necesariamente, sino para poder vigilar de cerca a sus pasantes. Justo cuando abro mi bolso para sacar mi laptop, la puerta de la oficina de Zack se abre y sale Thalia, pero es Zack quien capta y mantiene mi atención. Lleva un traje azul oscuro con una camisa blanca impecable y sin corbata. Su cabello castaño oscuro y grueso es un desastre revuelto, como si ya se hubiera pasado las manos agitadas por él. El hombre está seriamente demasiado tenso para su propio bien. Tal vez Iris tenía razón cuando dijo que al hombre le vendrían bien unos cuantos buenos orgasmos. Aparte de eso, se ve sexy como el demonio. ¿Qué tiene el tipo alto, moreno y guapo con un hoyuelo en la barbilla? Estoy acostumbrada a hombres hermosos, pero nunca antes me habían flaqueado las rodillas por ninguno de ellos como ahora. El suyo es el tipo de atractivo al que no estoy del todo acostumbrada. Si no acabara de prometerles a Beth e Iris que no estoy aquí para tirarme al hombre, juraría que mi v****a se encargaría por sí sola de escalarle la cara antes de empalarse en su polla. Sus ojos se clavan en los míos, un fuego latente que ruega ser desatado me mantiene donde estoy. Es una mirada que dice "te estoy imaginando en varias posiciones desnuda" o "te odio tanto que quiero lanzarte por la ventana del piso veintiséis y verte caer". Sinceramente, no puedo decir cuál de las dos es. De cualquier manera, está visiblemente alterado. Un cable de alta tensión ansioso por electrocutar a todo el que esté a su vista, y en este momento, esa soy yo. Zachary Whitaker es rico, poderoso, exasperantemente guapo y cree que estoy aquí para arruinarle la vida. El problema es que podría no estar equivocado. Incluso si no es intencional. Él no habla y yo tampoco, incluso cuando su mirada hace un lento recorrido por mi cuerpo. El aire crepita con la intensidad que emana de él, la temperatura del aire sube mientras se demora en el dobladillo de mi vestido. Su mandíbula se aprieta más que un tambor mientras sus ojos, ahora entrecerrados, vuelven a encontrarse con los míos. Sonrío con suficiencia, saludándolo con un pequeño movimiento de dedos. —Buenos días, Sr. Whitaker. Sin decir palabra, cierra su puerta de un portazo, y yo suelto el aire que no me había dado cuenta de que estaba conteniendo. —Su jefe es intenso, Thalia. ¿Cómo logra manejar eso? La mujer de unos cincuenta años que parece una bibliotecaria dice: —Mi hijo está en prisión por dirigir pandillas y por asesinato en primer grado. —¿Qué? —sale de mis labios. Ella se ríe de mi expresión. —Solo bromeaba, pero así es como lo hago. Con humor, paciencia maternal y recordándome que siempre podría ser peor. Y cuando todo eso falla, vino. Mucho, mucho vino. —Mujer inteligente. —Sentándome en mi escritorio, abro mi laptop para ponerme al día con mis correos y cualquier tarea que aún no haya visto. Y, por supuesto, el que está justo arriba del todo... De: Zachary Whitaker, CEO Para: Fiorela Moreau Asunto: Vestimenta adecuada para el lugar de trabajo Srta. Moreau, Me he tomado la libertad de adjuntar el segmento de los documentos de Recursos Humanos que firmó al ser contratada. Aunque en Whitaker Fashions no tenemos un código de vestimenta per se, sí exigimos un cierto nivel de profesionalismo a nuestros empleados en todo momento. Especialmente en el nivel ejecutivo. Esto significa que no permitimos faldas ni vestidos por encima de la mitad del muslo. Antes de su primera reunión oficial como pasante ejecutiva de diseño, espero que vaya al vestidor y adquiera un vestido o falda más largos o, mejor aún, pantalones. Zachary Whitaker Me toma dos lecturas antes de sentir que puedo digerir lo que acaba de lanzarme. Miro el dobladillo de mi vestido. No está por encima de la mitad del muslo. Bueno, quiero decir... tal vez cuando estoy sentada, sí. Pero con los cuatro centímetros de encaje en la parte inferior, parece más largo. ¿No? Por otro lado, la maldita audacia de este hombre. —¿Está bromeando con esto? Mi correo emite un pitido con un mensaje entrante. De: Zachary Whitaker, CEO Para: Fiorela Moreau Asunto: Vestimenta adecuada para el lugar de trabajo No, no estoy bromeando. Giro la cabeza hacia todas partes, pero Zack no aparece por ningún lado. ¿Tendrá un micrófono en alguna parte aquí fuera? Rayos. Qué mundo tan aterrador, no me extrañaría nada de él. Pero yo se lo advertí. De: Fiorela Moreau Para: Zachary Whitaker, CEO Asunto: RE: Vestimenta adecuada para el lugar de trabajo Sr. Whitaker, Aunque agradezco su preocupación por el largo de mi vestido actual, puedo asegurarle que, según el extracto de las directrices de Recursos Humanos que me envió, mi vestido cumple plenamente con lo que los humanos considerarían una vestimenta profesional para el lugar de trabajo. Incluso a nivel ejecutivo. A eso hay que añadir que es mi propio diseño y, francamente, no le corresponde a usted comentarlo. Espero con interés mi primera reunión de pasantes ejecutivos. Feliz mañana, Fiorela De: Zachary Whitaker, CEO Para: Fiorela Moreau Asunto: RE: RE: Vestimenta adecuada para el lugar de trabajo ¿Es esta su manera de renunciar a su nuevo puesto? Porque si no se cambia antes de esa reunión, está oficialmente fuera. Lo mismo si vuelve a decirme "feliz mañana" alguna vez. Zachary Whitaker De: Fiorela Moreau Para: Zachary Whitaker, CEO Asunto: RE: RE: RE: Vestimenta adecuada para el lugar de trabajo Oficialmente me cae mal. ¿Qué le parece eso de oficial? Y mi "feliz mañana" fue irónico. Espero que su mañana la pase con un café amargo de dos días, huevos poco cocidos que le provoquen una intoxicación alimentaria y que la gente por fin le diga exactamente lo que piensa de usted. Estaré encantada de ser la primera. Me cambiaré, pero no puedo prometer que le guste. Fiorela Le doy a enviar y luego cierro la tapa de mi laptop de un golpe, negándome a leer o reconocer cualquier respuesta. Sí, probablemente me pasé de la raya con la forma en que le hablé recién, pero hombre, el imbécil tiene el don de encontrar cada uno de mis puntos sensibles y presionarlos hasta que exploto. Además, él empezó primero exigiendo que me cambiara. ¿Qué clase de mierda machista y sexista es esa? ¿Cambiarse? Apuesto a que nunca le ha pedido a ninguno de los hombres de esta empresa que haga eso. Debería denunciarlo a Recursos Humanos. ¿Pero no me acaba de advertir Beth, mi contacto de RR. HH., sobre lo de la química y que debería mantener las distancias y centrarme en mi trabajo? Sin mencionar que me pondrán de patitas en la calle y volveré a donde empecé, que es estar atrapada entre la espada y la pared. —¿Algún problema? —pregunta Thalia sin quitar los ojos de su monitor. —Evidentemente, tengo que ir a cambiarme. Ella suelta una risita por lo bajo y luego arrastra la mirada hacia mí. Me echa un vistazo rápido y vuelve a lo que fuera que estaba haciendo antes. —Ahora entiendo la mañana que acabo de tener. Suspiro, mirando mi vestido. Estoy acostumbrada a Nueva York y en Nueva York no existe lo de "demasiado corto". —¿Crees que es demasiado corto? —Creo que tus piernas son más largas que las de una jirafa y que un vestido de gala hasta el suelo te quedaría corto. Aparte de eso, me niego a responder porque supongo que ya te han dicho que lo es. Otro suspiro. —También me han dicho que tengo una boca que me mete en problemas. —De hecho, sé que es así. Me sorprende que no haya salido furioso de su oficina para gritar y luego despedirme antes de que seguridad me escolte fuera. —Bien. Él necesita un poco de problemas para sacudir las cosas aquí. Si va a estar aún más gruñón de lo que suele estar, que al menos sea con un propósito. —Supongo que soy la mujer adecuada para el trabajo entonces —digo con tono seco—. Siempre y cuando me cambie. Thalia se acomoda el puente de sus gafas de pasta. —Cariño, él está en el último hilo de su cordura tal como están las cosas. Yo me cambiaría. Por el bien de todos. —Solo porque me caes bien. —Le guiño un ojo y paso furiosa por delante de su oficina, asegurándome de mirar a través del cristal y lanzarle una mirada de odio. Él levanta la vista en el momento perfecto y me pilla en mi acto infantil de desafío. Desearía tanto poder mostrarle el dedo medio para sellar el trato, pero no lo hago. No estoy tan loca. Aun así, no se me escapa. La forma en que sus ojos oscuros se agudizan mientras me observan. El zumbido que vibra en el aire, incluso con una puerta cerrada separándonos. La forma en que mi ritmo cardíaco y mi presión arterial se disparan ante su sola visión. Esa maldita mueca sexy e irritable que tanto le gusta lucir. Beth se refirió a su corazón como muerto y eso es ciertamente lo que se dice por ahí. Sin alma. Roto. Muerto por dentro. El hombre que hay bajo ese exterior gélido es cualquier cosa menos eso. La bestia reprimida que vive en su interior está muy viva, rabiando y apenas contenida. Él la odia y lucha contra ella, pero uno de estos días, esa bestia escapará. La pregunta es: cuando lo haga, ¿será lo que finalmente lo libere o lo que lo destruya para siempre?
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