Capítulo 7

1682 Palabras

Él sonrió y me devolvió el abrazo, y le di un beso cariñoso en la mejilla. Pero entonces sentí que se detenía al darse cuenta de algo. —¿Evie, cariño? —preguntó con algo parecido a la inquietud—. ¿Te... te pusiste las bragas antes de venir a verme? Me sonrojé aún más. —Yo... no, papi. Lo siento, lo olvidé. Y, para ser sincera, no esperaba sentarme en tu regazo. —Yo solo...—, balbuceó. —Solo... llevo unos pantalones de estar por casa y creo que puedo... sentirte... Me quedé muy quieta un momento, intentando disimular la emoción que sentí al darme cuenta de que, efectivamente, lo único que impedía que mi coño, aún húmedo, tocara su polla eran los finos pantalones de pijama de satén que se había puesto al entrar en su habitación. Estaba casi segura de que también podía sentir su enorme m*

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