Sin pensarlo dos veces, le entregué mi juguete y esperé a ver qué tenía en mente. No sería la primera vez que me metía uno en el coño mientras el otro entraba por el culo; me encantaba esa sensación. Pero lo que pasó me mandó de repente al suelo de la ducha. Casi grité del susto, lo cual debería haber estado bien ya que no había nadie en casa, pero aun así, me contuve en el último momento.
Ambas vibraciones estaban en mi v****a, expandiéndome más de lo acostumbrado y vibrando de forma diferente. Era increíble cómo me hacía sentir. Pensé que me iba a deshacer mientras me retorcía de espaldas, incapaz de controlar mi cuerpo.
—¡Ay!—, fue todo lo que logré decir, mi coño, una vibrante y palpitante flor de sensaciones. —¡Karli!
—Ooh, ¿por qué no lo hicimos antes?—, reflexionó, usando ambas manos para introducir y extraer el vibrador a diferentes tiempos y velocidades. A veces dejaba que uno se asentara profundamente mientras acariciaba con el otro, pero siempre estaban los dos dentro de mí. —¿Cuántas veces hemos follado a lo largo de los años y nunca se nos ocurrió esto?
—Dios mío —gruñí mientras me penetraba el coño sin parar—. Joder, no pares, estoy...
Antes de que pudiera terminar la frase, mi coño casi explotó. El orgasmo que me invadió fue asombroso. La cabeza me daba vueltas, incluso mientras sentía que mi coño se expandía con una oleada de placer que me llenaba todo el cuerpo. No sentía mis extremidades; todo flotaba y me corría a borbotones.
Respiraba con dificultad, como si no hubiera tenido oxígeno en años. Seguía sin poder ver con claridad, todo me daba vueltas y apenas era consciente del constante zumbido en mi v****a. La sensación de salpicaduras y hormigueo en mi piel podría haber sido la ducha, o simplemente mis nervios encendidos de placer, no había forma de saberlo. Era como el subidón más intenso que jamás hayas experimentado, tu consciencia fragmentada y flotando en olas de color.
—Guau, Kar —dije finalmente, recuperando algo de la compostura—. ¿De dónde sacaste esa idea?
Ella rió y se encogió de hombros. —Solo viniste a mí porque tu coño estaba ahí. Pero no te atrevas a terminar ya, necesitas hacerme correrme, ¿sabes?
—Mmm, ni se me ocurriría dejar que te lo perdieras—, ronroneé mientras la acercaba a mí y la besaba profundamente. Nuestros cuerpos se fundieron bajo la cascada de agua, dedos y manos acariciando la piel húmeda. Finalmente la giré y nos tumbamos de lado, con las caras acurrucadas entre las piernas de la otra. Empecé a besar y lamer su coño con avidez, emocionado por saborearla de nuevo. Karli respondió de la misma manera, casi mordisqueando mis gruesos labios inferiores con su ansia.
Gimió cuando mi lengua se adentró en su raja, mientras mis dedos jugueteaban y acariciaban su pequeño nudo fruncido. Se estremeció y apretó mientras presionaba mi dedo índice en su ano, gimiendo en mi clítoris. Le encantaba que le metiera los dedos en el ano e incluso que se lo follara, algo que solo había hecho unas pocas veces y a lo que todavía me estaba acostumbrando.
—Ooooh —suspiró, apartando la boca de mi clítoris por un momento—. ¿Puedes fingir que esta es la lengua de tu padre?
—Es un poco difícil, porque tendría que fingir que es la v****a de mi papá en mi cara. —Solté una risita. Aceptando la lógica de mi afirmación, se sumergió de nuevo en mí, su lengua descarada haciéndola estremecer y retorcerse con desenfreno.
—Mmm, sííí, fóllame el culo con esos dedos—, siseó, metiendo y sacando dos de los suyos de mi raja mientras mordisqueaba mi c*****o. —Haz que me corra como solo tú puedes, Evie...
Vigorizado por sus palabras lujuriosas, renové mis esfuerzos hasta que ella tembló y gimió con fuerza, sus piernas casi se cerraron alrededor de mi cabeza mientras se acercaba. Podía sentir mi propio orgasmo creciendo rápidamente, provocado por su hábil lengua y sus manos provocadoras. Cálido, estaba calentándose de nuevo...
Ambas gritamos en nuestros coños al corrernos, con nuestros coños rebosando de leche desde lo más profundo. Moví dos dedos en su culo y ella se meció y se agitó, el anillo apretado me apretaba de placer. Sentía mi propio coño disolviéndose en éxtasis, mi clítoris como una estrella fugaz sobre una supernova. Con Karli, la cosa mejoraba constantemente.
Nos desplomamos de espaldas en el suelo de la ducha, jadeando como si hubiéramos corrido una maratón. Los dedos de una mano se nos anudaron mientras permanecíamos inmóviles, intentando recuperar el aliento. Debimos de llevar allí mucho tiempo, porque el agua por fin empezó a salir fría, un delicioso cosquilleo en nuestra piel ardiente.
Nos levantamos con cansancio y cerré el grifo antes de salir del enorme cubículo. Nos secamos con la toalla, recogimos la ropa y volvimos a mi habitación. Una vez allí, nos desplomamos en la cama, completamente desnudos, riéndonos mientras nos besábamos y nos abrazábamos. Nos acariciamos el pelo mientras nos susurrábamos cosas delicadas y traviesas en los labios, un juego que habíamos jugado durante años cuando sentíamos intimidad.
Mi puerta, que estaba parcialmente entreabierta, se abrió de golpe y entró mi desprevenido padre.
—Evie, yo...
No sé quién parecía más sorprendido, si mi padre o yo. Estaba paralizado en la puerta, mirándonos boquiabierto, con los ojos como platos. Sus ojos siempre eran expresivos y sabía que no estaba horrorizado, solo estaba... sorprendido. No por estar yo con Karli (él sabía que éramos amantes y lo habíamos sido desde pequeñas), sino por el simple hecho de haberlo vivido.
—¡Papá!—, grité, incorporándome rápidamente hasta quedar medio sentada y cubriéndome con una almohada mientras intentaba parecer indignada. En realidad no lo estaba, pero pensé que sería mejor fingir. —¿Qué demonios? ¿No has oído hablar de tocar o, al menos, anunciarte?
Karli ni siquiera intentó usar una almohada ni mis sábanas para ocultarse. Simplemente se incorporó a medias, como yo, y se cubrió los pechos con el brazo libre mientras movía las piernas para ocultar su coño y dejar al descubierto su precioso trasero. Estaba sonrojada, pero seguía sonriendo con suficiencia, más divertida que nada.
—Yo... yo...— tartamudeó mi padre, olvidándose de mirar hacia otro lado.
—Al menos no mires, papi—, dije en voz alta, poniendo los ojos en blanco. —Así podemos cubrirnos, ¿vale?
—¡Sí, lo siento! —dijo apresuradamente, dándose la vuelta y saliendo de la habitación. Esperamos hasta oírlo correr por el pasillo hacia su habitación y que la puerta se cerrara de golpe antes de desplomarnos en la cama, yo exasperado y Karli riendo.
—La... la expresión de su cara...—, jadeó, con los ojos llorosos de alegría. —Pobre hombre...
—Fue muy gracioso—, admití, suspirando mientras me ponía el dorso de la mano en la frente, mirando al techo. —Supongo que no debería enojarme, o sea, queremos que nos vea desnudos y nos folle, ¿no?
—Y no podría haber salido mejor si lo hubiéramos planeado—, asintió con una enorme sonrisa. —Pudo ver nuestras bondades y no lo matamos. Nunca se le olvidará esa imagen.
—Esperaremos un poco y luego mejor voy a hablar con él, supongo—, murmuré, rodando sobre mi costado para mirarla. Ella se tumbó de lado con indiferencia, claramente para nada incómoda por lo sucedido, pasándose la uña por un pezón con pereza.
—Espero que no nos haga esperar mucho—, dijo en voz baja. —Tengo muchas ganas de que me meta esa polla enorme y gorda, que me magulle el tronco encefálico.
—¡Dios mío, qué pervertido eres! —exclamé—. Voy a ver a mi papá, tú espérame aquí. Intenta no cogerme el poste de la cama mientras no estoy, ¿vale?
—Sin promesas.
Me puse de pie y me envolví en la bata, atando el nudo ligeramente para que se me notara el busto. Olvidé ponerme las bragas. Karli me guiñó un ojo y me dio una palmada en el trasero al pasar junto a ella y dirigirme por el pasillo hacia la habitación de mi padre.
Me detuve un momento antes de golpear la puerta suavemente con los nudillos. —¿Papá? ¿Puedo entrar?
—Eh, claro...—, respondió con incertidumbre. Abrí la puerta y miré a mi alrededor. Lo vi sentado en su pequeño escritorio, aparentemente concentrado en el papeleo. Me acerqué y me senté en la cama, recordando no sentarme con demasiada modestia, pues quería que, al menos inconscientemente, fuera consciente de mi cuerpo.
—Solo quería disculparme—, comencé. —Karli y yo deberíamos haber cerrado...
—No, cariño —dijo, levantando la mano—. No fue tu culpa, no debí haber irrumpido sin más. Eres una jovencita y ya no puedo asumir que eres mi niñita inocente.
Me reí. —Papá, hace mucho que Karli y yo no somos inocentes juntos.
—Bueno, sea como sea, debería ser un poco más sensible—, continuó. —Eso... fue ciertamente incómodo para mí.
—¿Para ti? —, repliqué, intentando sonar un poco más escandalizada de lo que realmente estaba. —Tú no eres quien le estaba mostrando el cuerpo a su padre.
—Sé que fue un accidente, cariño, no pasa nada—, dijo, girándose para mirarme y sonriendo con seguridad. —Te estás convirtiendo en una joven hermosa y atractiva. Suena raro, pero mejor que fuera yo que un chico cachondo, al menos en mi opinión.
Me reí y me sonrojé un poco. —Eso suena sucio, papi.
—Sabes a qué me refiero—, dijo, permitiéndose una risita. —No sé si algún día dejaré de protegerte o cuándo dejarás de ser mi niñita.
—Espero no hacerlo nunca—, dije en voz baja, bajándome de la cama, recorriendo la corta distancia y sentándome de lado en su regazo, rodeándole el cuello con los brazos. Sonreí con cariño. —No quiero que dejes de ser mi papito fuerte y fuerte, que siempre me protegerá, aunque eso signifique que me veas desnudo de vez en cuando.