Capítulo 11: Mío.
Franco me alcanzó a mitad de la escalera y terminó de bajar más rápido que yo, abrió la puerta de par en par dejando ver a una mujer de cabello n***o largo y brillante, vestía un pantalón holgado color blanco y una camisa de rayas negras, sobre su nariz llevaba unas gafas oscuras, la mujer tenía estilo y era muy guapa, cuando miró a Franco prácticamente se lo comió con la mirada, él al igual que ella también la reparó un poco, mientras yo pasé por un lado en busca de Nicolás. No lo veía cerca y comencé a asustarme, mi mirada viajaba entre ella y la calle, donde había un Audi aparcado, los vidrios estaban blindados así que no podía ver si él estaba dentro del auto, carraspee mi garganta haciéndolos salir de ese estúpido juego de miradas. —¿Dónde está el niño? — pregunté impaciente. —¿Qué niño? — dijo y sentí la rabia burbujear en mis venas. —¿Quién es usted? — pregunté entonces cruzandome de brazos. —Han pedido mis servicios— miré a Franco con las cejas alzadas y volví a reparar aquella mujer, era guapa y extravagante, así que ese era el tipo de mujer que a él le gustaban —No me habían avisado que sería con dos personas, eso sube un poco más el precio. —No me digas— comenté soltando una fuerte carcajada, Franco se encontraba apoyado en el marco de la puerta sin hacer ni decir nada. —Date media vuelta que yo me puedo encargar de él solita. No supe la razón del porque mis palabras sonaron tan duras, estaba como rabiosa al pensar que esa mujer había venido únicamente para estar con él, ¿Dónde estaba Nicolás entonces? —¿Eso es lo que quiere, señor?—preguntó ella mirando directamente a Franco. Me gire hacia él para ver qué respondía, podía ver que en sus labios bailaba una pequeña sonrisa mientras nos miraba de una a la otra, me acerqué a él con un poco de coquetería. —Sabes que no puedes dejar entrar a esa mujer, espera a que Nicolás llegue y luego te vas. Cuando me separé de él, me di cuenta de que algo en su mirada estaba teniendo un conflicto, parecía que estuviera sopesando si debía hacerla entrar o irse en ese mismo momento con ella, y yo deseaba con todas mis fuerzas que no eligiera ninguna de las dos opciones, tenía que esperar al menos hasta que llegara su sobrino para ahí si decidir que era lo que haríamos, porque sinceramente ya estaba haciéndome a la idea de que a mi me tocaría hacer mucho más por él de lo que haría su propio tío y tenía miedo de haberme metido en un lío como me había dicho Kris. —Puedes irte—terminó diciendo Franco y yo suspire con alivio, la mujer rodó sus ojos. —Cuando no tenga visitas de este tipo me llama— le pasó una tarjeta personal que Franco ni siquiera hizo el intento. —Estoy mejor con ella — el pecho se me lleno de orgullo al saber que un hombre con Franco, todo un adonis, había rechazad a uno mujer tan hermosa como aquella por una simple mortal como yo, el ego se me inflo como nunca antes. Ella no dijo nada y se fue indignada, miré a Franco con una pequeña sonrisa, no podía creer que él haya hecho eso. —No creas que lo he hecho por ti— comentó de manera petulante —Solamente estoy pensando en Nicolás y como me has dicho antes, es mejor que no haga las cosas mal ahora que él estará conmigo. Mi pequeña sonrisa desapareció tras escuchar sus palabras, pero no dejé que viera que me había afectado, simplemente me encogí de hombros y lo encaré. —Lo sé, no he dicho nada de lo contrario. —Bien, voy a seguir ordenando la ropa. Él subió las escaleras mientras yo permanecí un momento allá abajo, sentía la garganta un poco seca así fui a la cocina y me serví un poco de agua fría, esperaba no le molestara a Franco que yo hubiera cometido tal acto sin su consentimiento, un vaso de agua no se le negaba a nadie. Bela pasó meneando su cola, dentro de su boca tenia un muñeco de peluche, lo puso a mis pies. —¿Quieres que juguemos, preciosa? — ella ladró dando un pequeño salto, supuse que eso significaba que si quería que jugáramos. Comenzamos a jugar con el peluche, se lo lanzaba de un lado a otro mientras ella corría, también intentaba quitárselo y ella se enojaba por lo que ahí estábamos las dos peleando por un juguete, sus gruñidos me hacían reír bastante, Zeus no tardò en llegar para saber que era lo que pasaba con su hermana, él también intentó quitarme el peluche, pero yo no me dejaba. En ese momento me sentía feliz, mamá no había dejado que tuviéramos perro nunca, decían que eran muy sucios y grandes para el pequeño departamento en el que vivíamos, el único perro que de vez en cuando iba a casa y ella permitía, era el de Kris, perro que ya había fallecido hace varios años atrás y del cual aun tenía recuerdos agradables, ellos dejaron de intentar quitarme el peluche y se sentaron rectos y en silencio mirando a la puerta de la cocina. Al voltearme hacia allí vi a Franco, su rostro estaba inexpresivo, me levanté del suelo limpiando mi ropa y miré mi reflejo en la puerta del horno, mi cabello estaba desordenado medio suelto de la coleta, mi pantalón estaba muy sucio más que todo en la parte de las rodillas y mis mejillas muy rojas, la sonrisa que había en mi cara no me la quitaba nadie. —Te tienen miedo— comenté refiriéndome a los perros. —No me tienen miedo, solo es respeto— refutó, me acerqué un poco a él. —¿Nunca juegas con ellos? — pregunté, ellos se veían en forma, no eran perros obesos y al ser tan jóvenes aún y por ser de una r**a grande tenían bastante energía que no sabía donde gastaban. —Claro, todos los días salimos a trotar, es solo que saben que acá en la casa no pueden hacer mucho ruido porque los vecinos se molestan mucho, digamos que por acá no nos quiere nadie. —No lo dudo de ti— mis labios se cerraron en una fina línea al darme cuenta de lo que había dicho, Franco no dijo nada al respecto —Ehh por cierto, creo que Zeus va a ser papá. —¿Qué? —Si, eso me ha dicho una vecina— respondí levantando los hombros —Pronto serás abuelo, felicidades. —Imposible. —Pues tendrás que hacerle una prueba de ADN para saber si es verdad. La puerta sonó de nuevo y esta vez mi corazón se aceleró solo un poco, no quería volver a emocionarme y que llegara otra mujer, me negaba así que no le di importancia y me quedé en la cocina mientras limpiaba mi ropa y acomodaba bien mi cabello, Franco si que fue a abrir y los perros también salieron corriendo dispuestos a ver quién había llegado, comencé a escuchar voces así que fui a mirar quién era. —¡Profesora! — escuché la voz tierna de Nicolás y lo busqué por todo el lugar, él salió de atrás de las piernas de una señora y corrió hacia mí. Lo alce en un abrazo apretándolo contra mi pecho, ¿Podía sentirlo como si fuera mío? No sabía si eso era malo, pero lo sentía de esa forma y me daban ganas de quedarme así para siempre.