—¡Profesora! — escuché la voz tierna de Nicolás y lo busqué por todo el lugar, él salió de atrás de las piernas de una señora y corrió hacia mí.
Lo alce en un abrazo apretándolo contra mi pecho, ¿Podía sentirlo como si fuera mío? No sabía si eso era malo, pero lo sentía de esa forma y me daban ganas de quedarme así para siempre.
—No quiero estar más en ese lugar, prefiero quedarme con el tío Franco, ellos tienen muchos niños y ninguno quiso jugar conmigo— un puchero bailaba en su labio inferior y me lo queria comer, todo en el desprendía una ternura inigualable.
—Tranquilo cariño, te quedarás acá con tu tío. —respondí acariciando su cabello.
—¿Y si el tío franco no me quiere? — preguntó con los ojitos tristes.
—Si te quiere, te quiere mucho solo que es un hombre que se cree ogro, pero èl si quiere que vivas con él, ya verás la sorpresa que tiene para ti.
Su sonrisa fue tan grande que por un momento también olvidé que su vida en ese momento era un asco, pero así era la mente de los niños, no eran conscientes de la realidad y poco entendían de la vida él en este momento era una pequeña alma inocente con ganas de ver su sorpresa, nada más parecía importarle y me daban tantas ganas de volver a ser una niña.
Ignorando todo aquello que me hizo daño, olvidando todas las malas decisiones que había tomado a lo largo de mi vida, como también buscar el lado correcto de la vida, creo que la mía la viví de cabeza, y si en mis manos estaba darle una vida buena a Nicolás siendo su amiga, pues ahí estaría con él hasta que él solito decidiera que ya no me quería cerca y sinceramente esperaba ese día nunca llegara porque apenas lo conocía y quería saber todo acerca de él.
—¿Dormiste bien, príncipe? — él suspiró lentamente y negó con la cabeza.
—No me leyeron un cuento — mordí el interior de mi mejilla para no llorar frente a él.
Anotado, le tengo que decir a Franco que cada noche debe leerle un cuento antes de dormir, son muy importantes para la imaginación de los pequeños, ayudarlos a ser creativos y espantar todos los monstruos de la noche, eran infaltables.
—Pues tu tío lo hará cada noche y cada día en e colegio leeremos un nuevo cuento, ¿quieres?
—¡Si! — sus dientes eran las cositas más pequeñas y blancas, le terminaban de dar ese toque tierno y me daban ganas de llenarlo a besos, tenía que decirle a Franco que algún día lo llevara a mi casa para que él jugara con mis sobrinos, si no tenía amigos en el lugar donde estuvo, con mis pequeñitos no le iba a hacer falta más, ellos eran así de la misma edad que Nicolás así que podrían llevarse muy bien.
—¿Vivirás acá conmigo? — preguntó moviendo sus piecitos de arriba abajo sobre mi regazo.
—No, hermoso. Yo vivo en otra casa, no puedo vivir acá— su mirada decayó un poco —pero vendré a visitarte y también nos veremos en el colegio.
—¡Bien! — respondió un poco más animado. —Bela, Zeus y tío Franco se quedan acá conmigo entonces.
—Así es, todos ellos te cuidaran en todo momento para que estés bien y nunca pero nunca te faltará nada, ¿Entendido? —asintió con su cabeza — Y si necesita salgo me dices, ¿Vale?
—Vale.
Franco apareció de no sé donde y se sentó frente a nosotros, yo decidí ignorarlo por un momento mientras continuaba hablando con Nicolás y así se nos fue la tarde.
♡o ~Narra Franco~ o♡
Lía tenía una facilidad con los niños que estaba seguro yo jamás tendría, llevaba al menos una hora hablando con Nicolás, no se cansaba y no sabía cómo le entendía todo lo que decía ya que a veces él se trababa para decir alguna frase porque no conocía las palabras o también decía cosas incoherentes, pero ella le prestaba una atención tan calmada y le respondía a todo lo que él decía, yo solo los observaba sin querer interrumpirlos, se veían confidentes y me daba pena dañar esa aura.