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2894 Palabras
Capítulo 4: Pesadillas. ♡o Narra Franco o♡ Desperté sobresaltado por culpa de la maldita pesadilla que me atormentaba cada noche desde la noche en que nos emboscaron, me senté en el borde de la cama y suspiré cansado, desde ese día no había podido dormir bien, estaba más irritado de lo normal y absolutamente todo me estaba saliendo como la mierda. Miré la hora en la pantalla de mi celular, 4:23 am, sabía que no iba a poder dormir más aún cuando había llegado a casa a las dos de la mañana, el sueño se había declarado mi enemigo número uno pero el alcohol y pasar horas metido en el gimnasio me compensaba ese tiempo.  Decidí salir a correr un poco por el parque, mis perros ya se estaban acostumbrando a que antes de las cinco de la mañana estuviéramos saliendo a dar un paseo por el parque así que no se me hizo raro cuando salí de la habitación y los encontré al lado de la puerta listos para salir a quemar un poco de energía, tome sus correas, una pequeña mochila que llené con dos botellas de agua, unos snacks, un par de audífonos y mi iPod.  —Vamos chicos — los perros ladraron escandalosamente.  Bela, quién era la más alegre y más joven de los dos, se paró en sus patas traseras y sus patas delanteras se apoyaron en mi pecho.  —Ya, hermosa. Vamos. Coloqué los collares a su arnés, vivimos en una unidad donde no toleran mucho los perros, ya he recibido varias quejas porque hacen mucho ruido y Zeus, un día que se escapó, dañó un pequeño rótulo que decía algo sobre cuidar a las mascotas y no dejar que hicieran sus necesidades por donde transitaba las personas y como si él supiera leer, les dejó un gran regalito café junto al cartel roto.  A unas cuantas cuadras de la unidad había un gran parque con un lago, ese era nuestro lugar favorito, ahí no había gente que jodiera por todo y los perros podían correr como almas libres, al igual que yo, trotaba cada mañana al rededor del lago viendo los patos, conejos, iguanas y uno que otro animal, el lugar me llenaba de paz cosa que había perdido bastante tiempo atrás.  Cuando llegamos al lugar, solté a los perros quienes ansiosos salieron corriendo, siempre llevaba bolsas conmigo para recoger los desechos que hacían, pero a veces corrían tan lejos que me tocaba recoger cualquier pedazo de mierda que encontraba en el camino mientras corría porque no sabía si era de ellos o de algún perro más, pero prefería mantener el espacio limpio aún cuando no habían sido mis perros quienes habían ensuciado, o quizás sí… Lógicamente, la mayoría de las veces me costaba saber si era mierda de mis perros.  Conecté mis audífonos al iPod y comencé a hacer unos cuantos estiramientos antes de empezar a trotar, mientras estuve en servicio de la guardia militar, debía entrenar cada día un mínimo de dos horas, mi cuerpo estaba acostumbrado al ejercicio, a sudar hasta más no poder y nunca pero nunca me rendía ante nada, o al menos no solía hacerlo hasta ese día.  Siempre me destaqué por mis habilidades de agilidad e inteligencia, llegué a ser capitán de la tropa de inteligencia, estuve en ese cargo durante tres años, tres años en los que nos preparamos arduamente para la siguiente gran caída del narcotraficante más grande de todo América, entrené a mi equipo, armé y perfeccione cada una de las misiones y salimos invictos en cada una de ellas. Estábamos a tan solo una misión de conseguir llegar al narco, cuando lo capturara sería ascendido a coronel y por ello cada día intentaba ser mejor y llevar a mi equipo a destacar entre los demás.  Cuarenta hombres a mi disposición no era una tarea fácil, pero pude con ella, junto a mi mejor amigo lideramos el grupo, confiaba en mi equipo, tenía a los mejores hombres conmigo, mi mejor amigo, Dante Rojas, sub capitán, era experto en despliegue de hombres, era el encargado de posicionar a cada grupo de manera correcta para ir acabando poco a poco con el enemigo, triunfamos juntos al unir nuestras capacidades, nos confiamos de que todo había salido bien hasta el momento, no habíamos perdido ninguna misión ni a ningún hombre y el afán de querer ascender y demostrar que podíamos lograr más nos cegó por completo y no pudimos ver qué nos estaban traicionando.  Un hijo de puta infiltrado entre mis hombres, reveló nuestra posición, nos atacaron de noche, desprevenidos y a quema ropa, perdí esa noche a la mayoría de mis hombres y a mi mejor amigo, yo quedé herido y me habían dado por muerto, pero pude luchar un poco más y resistí a las heridas, una metralla había perforado parte de mi pulmón y mi pierna estaba salida de su posición, pero eso no fue nada, me recuperé en poco tiempo, perdí la misión, perdí mi rango y fui expulsado del ejército por traición.  Porque si uno del equipo traicionaba, todos éramos culpables, porque allí todos somos uno.  Dante perdió la batalla tras el impacto de una granada muy cerca de la torre en la que se encontraba, cayó desde ocho metros de altura y quedó empalado en un tubo de acero que lo atravesó de lado a lado por su torso, la imagen de él era lo que veía cada noche al cerrar los ojos, su cuerpo pálido y esa mirada que aún me atormentaba, corrí a ayudarlo, pero era en vano, el tubo era demasiado alto, yo solo no podía levantarlo y nos seguían atacando. —Nicolás —, había pronunciado con sus últimos alientos —cuida de él.  —No, no, no. Debes cuidarlo tu — pedí desesperado tratando de liberarlo. No supe cuánto tiempo pasó, el pedazo de torre que aún permanecía en pie, cedió ante una nueva explocion, me cubrí como pude pero está cayó sobre mí y aunque sólo me hizo lo que mencioné anteriormente, el dolor más grande fue haber visto como mi amigo perdía su vida en ese instante.  No tuve cara para mirar a Kelly a los ojos cuando volví a la ciudad sin él con vida, le había prometido que le cuidaría a su esposo porque debía volver con ella y con su bebé, Nicolás apenas tenía un año cuando nos tuvimos que ir; lastimosamente Kelly recibió a su esposo dentro de una caja y el pequeño Nicolás nunca pudo conocer al gran hombre que fue su padre. Mientras ella lloraba sobre el ataúd de su esposo, mi sobrino preguntó por qué lloraba su madre. —Porque tu papá se fue al cielo — nunca me habían gustado los niños, mi temperamento no me permitía ser amable con ellos, eran pequeños y llorones, justo todo aquello que me irritaba, pero Nicolás despertó en mí ese sentido de protección. Me sentía culpable porque por mi culpa su papá se había ido, por mi culpa él nunca conocería al gran hombre que lo engendró, debí haber muerto yo, no tenía nada que perder, nadie sufriría por mi muerte porque a pocos deje entrar en mi vida, mientras Dante si tenía una familia que lo esperaba y fui yo quien volvió con las manos vacías.  El pequeño Nicolás seguía a mi lado sentado sin decir ni una sola palabra, de vez en cuando acariciaba las cabezas de Bela y Zeus, sobre su regazo tenía un pequeño muñeco de Batman, era el superhéroe favorito de Dante y se notaba que él había heredado ese fanatismo. Nicolás bajó de la silla y comenzó a jugar con el Batman, Zeus viendo lo que el niño estaba haciendo decidió que quería jugar con él, pero Zeus era al menos el triple de tamaño que Nicolás y llevó al pequeño directo al piso al intentar jugar con él.  Nicolás comenzó a llorar, lo levanté con el ceño fruncido.  —Los niños no lloran — había dicho mientras rompía más su pantalón y revisaba la herida que se había hecho. —Pero me duele — respondió en medio de un sollozo. —El dolor no existe — mentí porque en ese momento yo sentía un gran dolor en mi pecho al ver el ataúd de mi mejor amigo. —No puedes estar jugando porque te harás más heridas.  Él secó sus lágrimas y se quedó tan quieto como estaba antes, llamé a Zeus para que permaneciera sentado y Nicolás comenzó a acariciar su cabeza de nuevo como si hubiera olvidado que él lo había tirado al piso y por consecuencia tenía una gran herida en la rodilla, pero él parecía haber olvidado eso y quise ser hacer, olvidar el dolor, olvidar quién lo había causado y seguir con mi vida.  Pero ya no era un niño. Tiempo después seguí frecuentando el mismo bar para ahogar mi maldito luto en alcohol, pasaba en aquel lugar varias horas en la noche y solamente me iba cuando el dueño, un hombre canoso llamado Kris, me pedía un taxi para ir a casa y yo no refutaba nada porque no me salían las palabras, volvía a casa y era la misma rutina, salir a correr con los perros, hacer ejercicio, intentar dormir en la tarde y de nuevo volver a aquel bar.  Mi vida se había convertido en un asco así que comencé a pagar a mujeres para liberar un poco de mi estrés, cada tarde llegaba una mujer diferente a mi hogar, disfrutaba tener sexo, me gustaba lo salvaje, hacerlas gritar porque me hacían ver que yo tenía el control, control que perdí una sola noche con mis hombres, así que necesitaba sentir que yo mandaba de nuevo y así se iban mis tardes. Una mañana, luego de llegar con Zeus y Bela a casa, llegó Kelly, la hice pasar a casa y le di un poco de té, se notaba muy mal, no parecía la misma Kelly alegre de siempre, aquella que con pasión bailaba junto a su esposo y le enviaba cartas cada cierto tiempo. —¿Cómo estás? — la pregunta era un poco tonta ya que se notaba que bien no estaba.  —Siento que me estoy ahogando — me extrañó su respuesta —No sé cómo haremos de ahora en adelante Nicolás y yo para seguir viviendo.  —Kelly, él dejó todo su dinero en tu cuenta, tienes millones para ti y tu hijo, prácticamente tienen la vida asegurada — ella negó con la cabeza —También me tienen a mí, yo cuidaré de ustedes cuando les falte alto, eso no tienes ni que dudarlo.  —No lo entiendes Franco, ya no tengo dinero.  —¿Cómo? — pregunté aturdido. El ejército de los estados unidos nos pagaba muy bien, aparte nos daban recompensa por llevar los cabecillas y las misiones siempre habían sido exitosas lo que significaba una remuneración extra.  Fácilmente Dante había guardado un millón de dólares de todas las misiones, dinero que estaba destinado a darle la mejor vida a su hijo y a pagar su educación, en menos de tres años era imposible que Kelly ya no tuviera ese dinero.  —Franco — ella cubrió su rostro y sollozo un poco, me quedé al margen dejándola tener su espacio —He estado de casino en casino — mordí mi lengua para no soltar nada aún —Lo he perdido todo.  —¿Por qué hiciste algo así Kelly? — ella sollozó durante más tiempo. —No sé porque lo hice, pero ahora Nicolás y yo estábamos a nada de quedarnos en la calle — quería soltar cuanto insulto se me pasara por la mente, pero por respeto a mi mejor amigo seguí callado —No tengo la forma de darle una buena vida a mi hijo, lo he llevado a la desgracia.  —Eso no puede ser así Kelly, viven en una casa del gobierno, no pagan mensualidad, les ayudaré en lo que necesiten, busca un empleo y deja de perder el tiempo en esos juegos que dañan, piensa en tu hijo y su futuro — pedí.  —No sé cómo verlo a los ojos y decirle que quedaremos en la calle — bufé impaciente, ¿Acaso no me había escuchado?  —¡Kelly, eso no pasará! Pueden venir a vivir acá conmigo, no deben pagar nada, el niño tiene cuatro años, no se dará cuenta de nada.  —¿Y cuándo no pueda ir a la universidad, qué? — preguntó ahora con la voz llena de enojo.  —Es momento de que te pongas a trabajar para asegurar su futuro, faltan muchos años aún para que entre a la universidad, el dinero es fácil de conseguir.  Ella parecía reacia a escuchar mis palabras, se estaba quejando por cosas que aún no iban a pasar.  —Ya debería de haber empezado el colegio y no pude ingresarlo porque no tuve la forma. —Conozco a alguien que nos puede ayudar y mañana mismo podría iniciar, estoy seguro de ello.  —¿Seguro? ¿Quién podría aceptarlo cuando el curso ya ha avanzado tanto?  —La madre superiora de la casa hogar en la que me crié tiene varios colegios a su disposición, sé que en alguno aceptarán a Nicolás, la llamaré y programare una reunión con ella mañana, ¿Bien?  Kelly asintió y yo llamé a la madre superiora, era una de las mujeres a la cual le tenía cariño, prácticamente había sido mi única imagen materna cuando mi propia madre me había abandonado con tan solo cinco años en la casa hogar, ella me acogió como un hijo más, todo lo que sé se lo debo a ella, me hizo ser un hombre fuerte que no le temía a nada, me ingresó al ejército sabiendo que tenía habilidades que allí me servían y definitivamente hizo de mi vida algo mucho más pasadero.  —¿Cuánto toca pagar de mensualidad en aquel colegio?  —No tiene mensualidad, es gratis. —Ella asintió un poco más comprensiva.  Cuando la madre superiora respondió el teléfono, le comenté el caso de Nicolás y ella respondió que se pondría en contacto con varios colegios, que mañana fuera a la parroquia y de ahí saldrían directo al colegio que lo había aceptado. Agradecí mucho su ayuda.  —No sé qué hacer, la verdad. — dijo.  —Cuidar a tu hijo, es lo que debes hacer — ella de nuevo comenzó a llorar y a mi ya me estaba irritando su actitud. El resto de la tarde lo pasó en mi casa, le dije que podía quedarse allí pero prefirió irse y esperaba no fuera a terminar en algún casino, aunque por todo lo que había dicho esa tarde, ya no tenía ni un dólar para apostar, como mi rutina normal, fui hacia el bar, a la entrada de este choqué con una chica muy guapa, cuando la sostuve contra mí, la sentí muy débil y cuando abrió los ojos pude observar un poco de tristeza en ellos, me alejé porque yo ya estaba lo suficientemente mal como para meterle el mal de otra persona, de lo contrario le habría invitado a una cerveza. No quería volver a casa y tener pesadillas, hablé un poco con Mick y también con Kris, pero a veces ellos comenzaban a hablar de alguno que no me incumbia y yo volvía a refugiarme en la botella de tequila.  —Ella debe saber la verdad.  —No puede saberlo, fin.  —Por Dios hombre, no puedes huir toda la vida de esa responsabilidad solo por miedo — Llamé a Mick para pedir otra botella pero él seguía escuchando a su jefe.  Carraspeo mi garganta con fuerza para llamar su atención.  —Otra botella — pedí. Mick me la pasa y se nota que está un poco molesto, me encojo de hombros y sigo con lo mío, al llegar a casa veo que la mujer que viene cada noche a organizar el departamento, había sacado a los perros y les había dado comida, los saludé y me tiré sobre el sofá a ver una película, fui al lago con los perros y al volver continúe viendo TV. A las doce del mediodía por fin me da sueño así que decido cerrar los ojos y descansar, no se cuanto tiempo más tarde, quizás media hora a lo mucho, tocan a mi puerta desesperadamente. Zeus y Bela ladraban con enojo a quien estuviera allí afuera, les cerré la puerta para que no se salieran y fui a la entrada, corro para ver qué es lo que está pasando y me encuentro con dos policías.  —Buenas tardes, ¿es usted familiar de Kelly Montenegro? — asentí — Debe acompañarnos por favor.  Mi cuerpo medio mareado no entendía nada de lo que estaba sucediendo, como su fuera un robot me puse unos tenis y una camisa, seguía teniendo el jean de anoche, tomé las llaves de casa y seguí a los hombres, me metieron en la camioneta.  —Me pueden explicar que esta pasando — tantos años en inteligencia, me tenían entrenado para leer las expresiones y sabía que nada de lo que dijeran era bueno. —Una mujer se ha lanzado de un puente, necesitamos que reconozca el cadáver.  La boca se me secó al escuchar la noticia, eso no podía ser cierto. 
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