Capítulo 18: Corazones rotos El siguiente día, sábado, el clima no estaba para nada bueno, había llovido por bastantes horas durante la madrugada y en todas aquellas horas yo no había podido conciliar el sueño, tenía —por primera vez— el corazón roto. Me dolía horrores el pecho, como si me hubieran arrancado de un tirón la maquina que da latidos y no me daban ganas de hacer absolutamente nada, ya eran las dos de la tarde y no me había levantado de la cama ni a desayunar, la comida no iba a llenar el hueco en mi corazón; ya había dejado de llorar, pero aun así me seguía sintiendo muy mal, y entonces entendí que las personas que tienen el corazón roto sufren mucho —entendí a la mamá de Nicolás un poco— había perdido al amor de su vida y yo había perdido a su hijo y deberían como mínim

