Capítulo 5: ¿Cita?

1921 Palabras
Antoine No lograba sacármela de la cabeza. ¡Maldita bruja rubia! Me tenía el puto día entero pensando en ella y duro, parecía un pervertido con una erección permanente. Cómo se supone que la voy a enamorar, ser dulce, delicado, cariñoso, cuando solo quiero tenerla tendida frente a mí y desnudarla. Debo saciar mis deseos. Necesito sacar estas imágenes de mi cabeza, para poder centrarme en lo realmente importante: ganarme el corazón de la rubia en tres meses, solo tengo tres malditos meses. Llamo a Jassié, porque es ella, la única que me puede ayudar a liberar todas mis frustraciones; como era de esperarse, en menos de veinte minutos está en mi apartamento, arrodillada frente a mí. Viste sensual lencería de encaje rojo y comienza a devorarme justo como me gusta: suave y profundo. Termino; más no me encuentro satisfecho, porque no es a ella a quien deseo. —Ya puedes irte —le digo sin darle mucha importancia. Necesito tomar un baño y descansar. —Pensé que querías que te acompañase esta noche. Es muy tarde ya, amour —habla pasando sus manos por mi pecho. —Cuando te llamé, te dejé saber exactamente para que te quería. —No puedes utilizarme para luego tirarme, tenemos un trato. Nos vamos a cansar —trata de reclamarme, pero su tono se asemeja más a una súplica. Cuando la llamé le hice saber que esta sería nuestra última vez juntos. Le dije que estaba caliente, que quería satisfacerme y luego terminaríamos por completo, ella aceptó sin pensárselo dos veces. —Siempre hemos sido claros al respecto Jassié, no tienes que hacer un drama. —¿Un drama?, te he sido fiel por casi 14 años, apoyándote en cada crisis. He soportado cada término. He aceptado tus condiciones sin pedir nada a cambio. He renunciado a tener hijos por ti ¡fils de pute! y ¿qué recibo?, que me utilices como una maldita puta, en vez, de la dama que soy —espeta furiosa manoteándome sobre el pecho. (Fils de pute: hijo de la gran puta) Sujeto sus manos porque está fuera de control, nunca le pedí que renunciara a ninguno de sus sueños por mí. A Jassié la conocí en una de las fiestas de la fraternidad en mi último año de universidad y la verdad, me encantó, es ese tipo de mujer que derrochan sensualidad, delgada con las curvas necesarias, de metro ochenta, cabellera larga negra, piel aceitunada, ojos negros y una personalidad arrolladora. Era la reina de la fiesta, todos mis compañeros la deseaban y esa noche fue mía, mi trofeo. Desde ese entonces, hicimos muy buen equipo en los negocios, amigos ante las cámaras y excelentes amantes durante la noche. Siempre lo tuvimos claro, ambos éramos libres de frecuentar a otras personas. Con los años, Jassié se convirtió en una mujer fría y calculadora, pero era la ideal para mis demonios; luego de la muerte de mis padres, renuncié a la idea de tener hijos y para mi sorpresa, a ella tampoco le interesaban. — Siempre he sido sincero contigo, respecto a mis sentimientos y lo que significabas para mí. No te amo. Nunca lo he hecho. — Y yo siempre te he amado, siempre he sido devota a ti —grita comenzando a llorar. —Yo no soy un dios, no merezco devoción. Hemos terminado Jassié, estoy cansado y necesito descansar —digo entre dientes, harto de sus gritos. — ¡Te odio Antoine! ¡Te odio! —Puedo vivir con ello; ahora, si no te molesta, retírate y cierra la puerta. Mi actitud indiferente la enfurece; pero es una mujer inteligente y sabe, que, si sigue gritando, solo logrará que me aleje aún más. Por suerte llama su buen juicio, se viste rápidamente y se marcha. Tomo una ducha y me recuesto en la cama desnudo, la verdad es una costumbre que tengo desde pequeño, además de cómodo, es dinero que ahorro en pijamas. Mi celular vibra y de inmediato, lo desbloqueo al leer que es un mensaje de la rubia. El corazón se me quiere salir del pecho y mi m¡embro duele de lo duro que se pone al ver una foto de la rubia, luciendo solamente un tanga diminuto rojo. Deja a la vista la silueta de su joya femenina, acompañada de un caliente mensaje: Anto, ya estoy lista para que me la metas bien duro, estoy muy húmeda para ti. ¿Quién diría que la rubia tendría una boquita tan sucia? Esos mensajes tienen conversaciones previas, así que estoy seguro de no ser el afortunado destinatario de esa foto, pero de igual manera la molesto. ** Amanezco descansado y con una sonrisa enorme. La foto que estoy viendo es la razón, Jazmín se ha vuelto el objetivo en mi mirilla y no descansaré hasta acertarle. Llego a la empresa queriendo ir directamente a verla, pero tengo una reunión importante a primera hora con futuros inversionistas y no es hasta alrededor de la una que logro encontrarla. En el ascensor, llevo esperándola desde que salió de la oficina de mi abuelo, quien casualmente, también pensó que podía pasar desapercibido. Su rostro me indica que no me esperaba, asi que me acerco, quiero tocar su piel, quiero saber si es tan suave como pienso. Quiero olerla, besarla. Quiero sentirla, pero debo ir paso a paso, tener paciencia e ir ganándome su confianza y afecto. La haré desearme tanto que será ella, quien venga a mis brazos. La burbuja en la que nos sumergimos es interrumpida cuando el ascensor se detiene y Marie me llama. No corto el contacto de nuestros ojos. Siento su corazón latir con fuerza y apenas respira. Está nerviosa. Ansiosa, sus ojos la delatan de que al igual que yo, siente la tensión s****l que nos rodea. —La próxima vez —susurro en su oído—. No tendrás tanta suerte rubia. Te lo prometo. Es una promesa que voy a cumplir, que necesito cumplir. **** Se suponía que debía trabajar, pero me ha sido muy difícil poder concentrarme —Señor —me llama Marie desde la puerta de mi oficina. —Si —Solicitan su presencia en los talleres, señor. Se debe de realizar la última elección de los diseños para la sesión fotográfica del viernes. —Dígale a Clara que estaré allí en diez minutos. Y…avísele a Jazmín, quiero que baje conmigo. —¿Me mandó a llamar señor Antoine? —pregunta apareciendo de repente la rubia en mi oficina. —Ya lo había hecho señor —habla Marie antes de salir por la puerta. —Debemos bajar al taller para la selección de los modelos para la sesión fotográfica—expongo indiferente y me mira extrañada. Llegamos al taller, me mantengo a pocos pasos de Jazmín y durante todo el trayecto, no le dirijo la palabra, ni le dedico una sola mirada. Me mira extrañada. Como si no entendiera que está sucediendo. “La estamos volviendo loquita” —Jazmín, ¿podrías acercarte por favor? —le pide Clara, con voz prepotente. Río por lo bajo, es como si me hubiese puesto de acuerdo con ella, aunque, no es necesario. Clara siempre tiene ese tono controlador y demandante en su voz. Clara, es una señora de figura esbelta, estatura mediana y cabellos completamente blancos. Tiene un carácter intransigente y perfeccionista. No deja de gritarle a las modelos y a los diseñadores de cómo quiere que se hagan las cosas y eso, justamente, es lo que más amo de ella. Me muestran los modelos para la primera parte de la colección. Lencería sexy para embarazadas. Debo destacar, que es algo muy novedoso. Al principio me opuse, pero ahora veo el trasfondo. Son reveladoras y funcionales, predomina el n***o, el rojo, el azul rey y el rosa pastel en telas de encaje con transparencias y satín. Hay uno que otro modelito que me encantaría verle a la rubia. “ ¿Uno que otro? Te gustaría verle todos” —¿Y bien? ¿Qué opinas? —le pregunta Clara, a Jazmín. Enarcando una ceja con suficiencia. —Me gustan, los patrones son muy atractivos para el público, aunque creo que deberían pensar en todos los gustos, la línea que siguen es demasiado reveladora y deben recordar que las mujeres embarazadas nos llenamos de inseguridades en cuanto al físico se trata, según avance el embarazo, tal vez, puedan agregar algún camisón lleno de transparencias —responde la rubia, tomando una de las telas de encaje blanca. La miro embobado. — Algo como esto —añade, envolviéndose con la tela, imitando un camisón—. Así, aunque estén mostrándose por completas, se sentirían más seguras. Medito la idea y asiento en dirección a Clara para que de el aprobado. —Tienes talento, niña —alega marchándose en dirección a las modistas. Detallo a la rubia. Respira profundo. Se notaba tensa hablando con Clara; debo reconocer, que incluso, para mí, luego de tantos años la anciana resulta intimidante. —Jazmín me esperas un momento, debo revisar unos asuntos. Enseguida regreso para acordar los detalles de la sesión fotográfica —le digo muy educadamente. Me alejo un momento porque no creía poder aguantar ni un segundo más en molestarla, pero al acercarme, no me nota y pasa de largo apresurada. La sigo y veo como espera el ascensor cubriendo su rostro con ambas manos. ¿Está llorando? —Jazmín —la llamo y se monta en el ascensor sin dirigirme una mirada. Corro alcanzándola. La obligo a voltearse. —¡Mírame! Tiene la punta de la nariz roja al igual que sus ojos y su rostro se encuentra cubierto de lágrimas. —¿Estás bien? ¿Qué te ha sucedido? —No me sucede nada —gimotea entre sollozos. No soy tonto, las modelos de la colección de verano siguiente, tuvieron algo que ver, vi cómo se acercaron en manada de hienas a ella para luego alejarse otra vez. —¿Qué te hicieron para que estés así? —cuestiono acariciando su rostro. —Por favor, déjame sola. —Hasta que no me digas, no me iré. —No lloro por ellas, vale. No lloro por lo que me han dicho, me importa una mierda si ya no les resulto atractiva a los medios, me importa una mierda todo, pero lloro, porque he permitido que eso me afecte, no he hecho nada al respecto, cuando debería de haberles tirado de sus extensiones —responde molesta. —Te observo enfadada, ojerosa, colorada y solo puedo pensar, que incluso así, te ves hermosa —me escucho demasiado cursi, diciendo estas palabras y abrazándola, entonces agrego—. y caliente —logro que sonría y eso, extrañamente, me hace feliz. —Gracias —susurra apartándose de mí. —¿Gracias por qué? —Por el abrazo, lo necesitaba. —Ah eso —digo indiferente—. Que conste que solo lo hice para poder tocarte un poco, rubia —le guiño un ojo. Ella sonríe nuevamente y se despide. —¡Rubia! —la llamo y se detiene— ¿Te gustaría ir a cenar conmigo hoy en la noche? —¿Una cita? —inquiere divertida. —No, más bien, una reunión de negocios y motivación de personal —respondo y vuelve a sonreír. “Muy bien campeón, pronto caerá” —Si es así, perfecto. —Paso por ti a las 8:30 —termino de decir y luego de asentir se marcha. Jazmín aún no lo sabe, pero ella va a ser mía.
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