Antoine —¡Despierta! —escucho a lo lejos— ¡Despierta imbécil! Abro los ojos porque de estar soñando, lo estaría haciendo con esos labios rosados y carnosos sobre los míos y ese cuerpo de infarto, que como si de un retrato se tratase, lo tengo dibujado en mi mente. —¿Qué quieres? —le pregunto a Ale, cuando abro los ojos y lo veo al frente de mi cama con dos vasos de café en las manos. —Tenía que presenciar en persona, tu despertar, luego de pasar la noche con Jazmín —dice con una enorme sonrisa, extendiéndome uno de los envase. —¿Cómo supiste que estaba aquí y no en el departamento? — Llamé al portero y me dijo que no habías llegado anoche. —¿Quién te dijo que pasé la noche con ella? —inquiero, sentándome. —lo sé, porque son las 9 de la mañana, sigues en la cama, tienes una sonrisa

