●Antoine El teléfono no deja de sonar y la idea de aventarlo lejos no sale de mi cabeza; justo como la imagen de Jazmín entre mis brazos y el sabor de sus labios sobre los míos, de solo volver a imaginarlo ya me encuentro duro. Tomo el celular, buscando quien es el insistente que no se da cuenta de la hora y para mi sorpresa no es una sola persona: tengo seis llamadas de mi abuelo, diez de la rubia y 20 de Alexandro, pero este imbécil de que va, ¿20 llamadas? Vuelve a sonar y respondo. —¿Qué sucede? ¿te has levantado con ganas de joder hoy? —pregunto en tono molesto, parándome de la cama para ir al baño. —No te creas tan importante, ahora arrastra tu culo de vuelta a la cama y prende la tele. Le hago caso y el primer canal que diviso nos tiene a mí y a la rubia, captados en cámara bes

