Narrador omnisciente Joseph no cabía en sí mismo, se regocijaba de felicidad porque había llegado el tan esperado día. Sus bisnietas comenzarían a llegar en diez minutos, solo diez minutos lo separaban de su mayor sueño, reunirlas a todas en la casa familiar. —Señor, ya es hora —le avisó Roger, entrando a su habitación. —Lo sé, viejo amigo —contestó, girándose para salir en dirección al recibidor. Desde el enorme ventanal, Joseph veía como las limosinas comenzaban a llegar. Bajó con una enorme sonrisa en el rostro, aunque en el interior, sentía una amalgama de sensaciones, nostalgia, tristeza, esperanza, felicidad, amor, todas luchando, por ver cual salía a flote primero. Salió a la entrada y allí estaban, nueve niñas, eran nueve pares de preciosos ojos azules que lo miraban fijament

