-¡NO! -espetó Ricardo sin poder contener la ira. Tenía que haber despedido al maldito chofer cuando quiso sobrepasarse con Mirella. ¡Cómo se atrevía a invitar a salir a su novia! Aquella relación era falsa, por supuesto, pero eso él no lo sabía. -Ya te lo dije y creo que no lo has comprendido –respondió Mirella con voz trémula sin atisbo de emociones, se llevó un bocado de cereal con leche – no puedes decirme qué hacer y qué no hacer –agregó aun masticando. Hablaba la Mirella audaz, no la chica inocente y vulnerable. Se quedó sin argumentos por unos segundos. Ella volvió a engullir una cucharada y un hilo fino de leche se derramó con la comisura de los labios, se le enrojecieron las mejillas mientras se limpiaba con el dorso de la mano. -Da la casualidad de que necesito que trabajes h

