Gustavo había quedado ahí sin saber que decir o hacer, estaba paralizado de ira, de miedo, o de una mezcla de ambas. -Señor -una vocecilla aguda se alzó detrás de él -se giró para mirar de quien se trataba, la mujer rubia y delgada lo miraba con lástima, aquello lo cabreó aun más -creo que debería marcharse -agregó y Gustavo asintió con la cabeza. El camino de regreso a casa se le hizo largo; demasiado. Después de romperse la cabeza preguntándose cómo el maldito de Lincoln había conseguido aquellas pruebas, se enfocó en pensar en posibles soluciones para toda esa mierda que acababa de caerle encima. La única forma de deshacerse de Zacary Linconln era recurrir a Di Auguro, Gustavo dejó salir un suspiro al pensar en aquella opción. Pedirle un favor a Di Auguro en ese momento no era lo me

