Evander ignoro cada una de mis quejas acerca de cargarme, solo Dios sabe a dónde me lleva y si es cerca. Resulta magnifico por fin apreciar todo fuera de esas cuatro paredes hermosas, el pasillo que muchas veces vi pero que no pude recorrer ahora lo recorro en brazos de un hombre que no conozco.
—¿Esta es la casa de un alcalde? —susurro mi pregunta a mi salvador viendo a los que parecen ser guardias. Ninguno de ellos me mira un solo segundo. Evander reprime una sonrisa.
—Algo así.
No pensé que hablara enserio cuando dijo que me llevaría a su casa porque aquí ya no era bien vista. Eso lo supe incluso cuando desperté y sé que Evander se arrepentirá de ofrecerme su casa en algún momento.
Comienza a bajar una escalera, mi herida duele cuando me sujeta más fuerte.
Hago una mueca y muerdo mi labio para no chillar.
—Perdón —se detiene y me mira por un largo segundo antes de continuar.
Sus ojos reflejan tanta sinceridad que me intimidan.
Hay más personas en el piso de abajo, por suerte la chica extraña me trajo ropa que cubre mejor mi cuerpo. Se trata de un pantalón sencillo para no lastimar mi herida y una camiseta que me queda algo suelta.
Las uñas de mis pies relucen de un color carmín. Recuerdo cuando me las pinte… Necesito cambiar ese color.
—Veo que ya la… sacas.
El hombre que ahora conozco por Teneer me mira severo.
Sacar… como se saca a la basura.
No resisto su mirada que destila poder, bajo mi cabeza.
El pecho de Evander vibra cuando este suelta un gruñido. Lo miro sorprendida.
—Más respeto, Teneer.
Todos se quedan en un silencio tenso. La mujer hermosa que estaba cuando desperté aquí me mira.
Aclaro mi garganta.
—G-gracias por salvar mi vida y por su hospitalidad, siempre estaré agradecida.
Entiendo que se hayan cansado de mí, pero después de todo me dieron medicinas y cuidaron de mí en todo momento, más el ojis azules.
Todos me miran, incluso Evander.
—Ten más cuidado la próxima vez —dice la mujer hermosa.
Evander avanza y pasa de ellos como si no fueran nada. La luz del sol me hace ocultar mi rostro con mis manos.
—No tenías por qué agradecerles, linda. Y por favor no sientas que les debes algo, todos sus servicios serán pagados.
Bufo.
—No creo que mi prometido… —me interrumpe bruscamente.
—Yo lo hare.
—No lo hagas, yo lo resolveré en cuanto me recupere —su cuerpo se tensa.
—Porque no mejor sacias tu curiosidad por ver el pueblo, estaremos algo alejado de el —desvió mi mirada de su perfil y lo veo todo.
*****
Mi rostro debe ser épico, a decir verdad, me siento épica. En otra época, en otro tiempo.
—Todos es tan hermoso —suspiro.
Los brazos de Evander me presionan.
—Me alegro que pienses eso, aunque… ¿no te parece anticuada?
Observo una vez más la casa que se alza frente a nosotros, es pequeña y rustica. Hermosa.
—Es increíble, nunca había visto una casa de este estilo, es emocionante —cierro mi boca sintiendo mis mejillas sonrojarse—. Perdón.
—¿Por qué te disculpas? —Evander me mira con ojos brillosos—, escucharte hablar así de mi casa es halagador.
El enorme hombre reanuda su paso hacia su casa conmigo en brazos.
Su casa.
—¿Estás seguro que no soy molestia? —los escalones chillan bajo sus pies.
Cuando se adentra jadeo fascinada.
Me encanta.
—¿De qué hablas? Ya te dije que nunca serias una molestia —niego riendo.
—Ay, Evander —suspiro—, recuerda que el pescado hiede después de tres días.
Su rostro se contrae en una mueca extraña. Una tos hace que gire mi rostro hacia el fondo del recibidor, donde un hombre de aspecto jovial y divertido nos mira.
—Le aseguro que ese no será su caso, señorita —enrojezco.
—No entiendo —Evander parece no preocuparse por llevarme tanto tiempo en brazos. Sinceramente a mí me avergüenza y alarma que lleve más de media hora en sus brazos y él no parezca consciente de ello.
—Yo se lo explicare luego, señor —sonríe, tiene una sonrisa espectacular—, ¿la señorita desea algo de tomar?
Niego cohibida por tantas atenciones.
Mis manos pican por escribir o redactar algo sobre estas personas, sobre este lugar.
—Te llevare a nues… tu habitación para que descanses un poco —me informa.
Me mantengo callada admirando el lugar y a su dueño, pensando en lo que muero por escribir.
“El hombre de ojos viejos me permitió entrar en su fortaleza pequeña y rustica. El ambiente que se vive desde que entras es mágico, misterioso. Las cosas te llaman para que las toques y las inspecciones mientras que las personas de piel de porcelana te miran invitándote a descubrir sus secretos, su oscuridad y luz”.