Capítulo 4

958 Palabras
La habitación en la que me dejó Evander huele perfectamente a hombre. Las paredes son de madera y las sabanas de la cama son de color azul rey. Todo me dice que esta no es la habitación para invitados, en mi criterio esta sería la principal. No tengo idea de por qué se sintió en la necesidad de dármela pero no puedo ser grosera. Miro con asombro la rapidez con la que mis heridas y moretones se están curando. Es impresionante. Dos toques suaves en la puerta me hacen sentarme e intentar lucir decente, no sé durante cuánto tiempo dormí. —Adelante. Evander entra a la habitación sonriendo al verme. —¿Dormiste bien? Me sonrojo. Supongo que mis ojos deben estar hinchados de tanto dormir. —Excelente —respondo con sinceridad—. Creo que no había descansado tanto en toda mi vida —me desperezo—. ¿Cuánto dormí? —Un par de horas nada mas —se sienta en una silla cerca de mí—. ¿Te gustaría comer algo? —asiento—, ¿Algo en especial? —Cualquier cosa estará bien —aclaro mi voz ronca—. ¿Sabes? En la casa anterior no tuve la oportunidad de escribir la carta a mi familia, se supone que tenía que regresar para… —suspiro—. Para casarme. Se queda en silencio observándome. También lo hago, cualquiera que lo viera a primera vista pensaría que es una persona intimidante, tosca y que actúa brutalmente. Pero lo que llevo conociéndolo es todo lo contrario. —¿Quieres regresar? —No tengo a donde más ir —sonrío—. Además, con lo del accidente perdí mis cosas o por lo menos no sé si se logró recuperar algo, no les he preguntado ¿el auto quedo deshecho? He querido desprenderme de las cosas que me atan a mi realidad, algo no maduro de mi parte. Tengo que afrontar los hechos. Su mano se estira al punto que toca mi rostro con suavidad, me congelo. —Tus cosas se arruinaron, pero mande tu auto a un talle en el pueblo vecino —abro mis ojos con sorpresa—. No te preocupes, el mecánico es amigo mío, no me cobrara. —De todas formas no me parece correcto, con más razón tengo que hacer que me envíen dinero de alguna forma —se levanta. —Ya te dije que el dinero no es problema, no te preocupes por eso… Por favor —murmura para no ser tan brusco. Suspiro llevando una mano a mi frente. —No puedo no preocuparme cuando un extraño se está haciendo cargo de mí, una adulta hecha y derecha —remarco—, sin ningún tipo de queja. Vuelve a mirarme con serenidad. —Dijiste que no querías volver, no tienes por qué hacerlo —me detengo cuando estoy a punto de decir algo. Se acerca—. Escucha. Podemos hacer dos cosas, escribir la carta, le dices a tu familia que no quieres regresar, suspende el compromiso y te quedas aquí tanto como desees o —sonríe—, vamos por todas tus cosas a la ciudad, suspendes el compromiso, les dices que te vas y te quedas aquí tanto como desees. —Muy prometedor —pienso voz alta. No negare que no había pensado en no regresar a mi casa, pero esa idea no es propia de una persona de mi edad. Ya no soy una adolecente que por un acto de rebeldía escapa de su casa. Yo debo hacer las cosas bien, arreglar en lo que me metí. Ir allí casarme con el desgraciado o suspender el maldito compromiso. Claro que si suspendo el compromiso tendría que largarme sí o sí. —Hablo en serio, aquí no serás molestia, lo prometo —Evander se acerca una vez más—. Tú lo tendrás todo aquí y no tienes que pagar por nada. Mi corazón late rápido por el camino que están yendo mis pensamientos y decisiones. —Tienes que dejarme pagarte o algo —reclamo. —No aceptare tu dinero —su rostro lleno de felicidad no me pasa desapercibido. —Entonces ayudare en la casa. —De eso se encargan Yohany y las demás —me cruzo de brazos. —Déjame hacer algo o no aceptare tu oferta —dictamino. Rayos. Yo soy la que debería estar rogando por quedarme y no al revés. —Está bien, puedes hacer lo que quieras pero no aceptare tu dinero —se sienta—. Entonces, ¿Quieres escribir la carta? Niego. ¿Cartas? ¿Qué es esto? ¿Siglo XV? Si tuviera mi celular un w******p sería bastante prometedor pero no, ya no estoy en secundaria y no es con cualquier novio con el que voy a romper. Voy a terminar con un compromiso de un año. Sera emocionante ver la cara de mis familiares cuando lo haga. Me llena de adrenalina aceptar lo que estoy haciendo. Confiar en un completo desconocido que vive en un pueblo secreto. —Tengo que ir, romper con mi prometido y buscar mis cosas, me largare de allí para siempre —mi corazón golpea fuerte. No puedo creer que haya dicho eso. No puedo creer que Evander sonría. —Cuando estés mejor iremos. —¿Iremos? —Claro, yo voy contigo. —Está bien. —Perfecto —celebra, su emoción no se compara con la mia—. Bajemos a cenar. Mi cabeza es un remolino, no puedo dejar de pensar en: ¿Qué estás haciendo? ¿Qué demonios estás haciendo? Pero no me retractare, pensar en irme llena de vida a mi corazón. La clase de vida que no me hubiese hecho pisar el acelerador a fondo.      
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR