Capítulo 6

1262 Palabras
Verla sonreír es lo mejor. Sus mejillas adquieren un deseable color rosado y su nariz se frunce solo un poco. Es gentil. Lo ha sido cuando la he despertado por mis vergonzosas pesadillas, esas en las cuales ella desaparece, donde no puedo hallarla, donde vuelvo a estar solo encadenado a la inmortalidad. Ella está conmigo ahora y no se quiere ir, al contrario, este lugar le fascina y a mí me fascina ella. Nunca había sentido tanta dicha como ahora y eso solo teniéndola cerca, no puedo imaginar lo que se sentirá tenerla en mis brazos, sin nada de ropa que evite el roce de nuestros cuerpos. —Mierda —me apresuro a ayudarla. —¿Te encuentras bien? —inspecciono su pierna. —Sí —me mira haciéndome sentir suyo—. Esa rama apareció de la nada. —Prometo que te acostumbraras, querida —sus ojos me dejan para mirar el bosque. —Espero que no —murmura. Necesito que sepa la verdad lo antes posible. Ella tiene que saber que significa el mundo para mí. Que lo que yo siento jamás se comparara con lo que cualquier hombre sentirá por ella en su vida. Su respiración es agitada lo que me recuerda una vez más que ella es humana, me obligo a ir más lento y me arrepiento de hacerla caminar tanto. Debí hacer que metieran la camioneta al bosque. —Ya casi llegamos —paso una mano por mi nuca—, ¿puedo cargarte? No me molesta en lo absoluto —me apresuro a aclarar. —Por supuesto que no —jadea sonrojada—, lamento mi lentitud, es que he perdido la práctica, desde que me comprometí, la familia de mi novio solo me ha mantenido en casa enseñándome el orden de los malditos cubiertos en la mesa —aprieto mis manos—, ex novio, tengo que acostumbrarme. Maldito sea. Juro que si lo veo le arrancare cada extremidad. Trago saliva. —¿V-vivían juntos? —mi voz sale estrangulada. —Sí —murmura después de un rato—. Sinceramente las cosas antes no eran malas, hasta que descubrí que solo estaba conmigo porque le interesa mi puesto en el periódico más importante de la ciudad, él es reportero por lo que si se casaba conmigo eso le traería la atención de mis lectores —bufa—. A veces me pregunto si algo en nuestra relación fue real, es solo que, tuvimos un excelente noviazgo y luego… las familias tuvieron que meter sus narices. Proceso su información. Ella quiso a ese hombre, afortunadamente ahora lo detesta pero no puedo dejar la guardia baja. Por otro lado, afirma que vivían juntos por lo que es fácil deducir que se quedaban en la misma habitación, donde dormían juntos. O hacían algo más que dormir. Siento fuego en mi garganta. Tengo que calmarme. —Es un malnacido que nunca te ha merecido —gruño. —Así es, aunque la única razón por la que lo soporte fue porque tuvo el descaro de ofrecerme dinero a cambio de aceptar el compromiso y claro —sacude su cabeza—, eso llamo la atención de mis padres. —No puedo creer que hayan sido capaces de obligarte a eso —comienzo a visualizar la carretera, donde una camioneta nueva nos espera. —No puedo creer que lo haya permitido. —Pero ya no tendrás que hacerlo, te vendrás a vivir conmigo y serás libre —sus ojos se iluminan. —Así es —acepta riendo, mi corazón se acelera—, ¿sabes? Hablar contigo me resulta tan natural como respirar, se siente bien desahogarte un poco… Aunque lamento que tengas que escuchar mis penurias. Me contengo de acariciar su rostro. —Tú escuchas las mías por la noche —digo—, además, escucharte hablar me gusta. Sus mejillas se vuelven más coloradas. La ayudo a subir la pequeña colina hasta la carretera. —¡Vaya! —silba—. Qué bonita camioneta. —Es nuestra —aviso emocionado porque le guste, pero pronto me tengo que corregir—, digo, es la que nos llevara a la ciudad. Asiente el viento azota su cuerpo atrayendo todo su aroma, delicioso. Se me es imposible no acercarme a ella, lo que la sorprende. —D-deberíamos irnos  —urge nerviosa por mi cercanía. Asiento no queriendo que escuche mi voz ronca. La ayudo a subir a la camioneta con cuidado para luego subir yo. Su corazón acelerado llama mi atención, la observo completamente tensa aferrándose al asiento de cuero. Sujeto su mano preocupado. —Arranca, por favor, solo hazlo —cierra sus ojos y comienza a expulsar el aire violentamente por sus labios. —¿Qué ocurre, Ariadna? —pregunto totalmente alarmado. Aprieta mi mano. —Solo arranca, por favor —abre sus ojos y me mira desesperada. Hago lo que me dice con tal de reducir lo que sea que la perturbe—. Te contare, pero dame un momento. Me encargo de manejar sin dejar de sostener su mano. Ella sube completamente el vidrio de la ventana y se recuesta en el asiento con los ojos cerrados. Trato de calmar el temblor de mis manos, no quiero que se dé cuenta de lo muerto del miedo que me tiene. —Ariadna —susurro su nombre para calmarme. —Yo lo hice —llora poniéndome completamente rígido, reduzco la velocidad para detenerme, no puedo seguir con ella en ese estado—, yo lo deseaba, quería hacerlo y es tan doloroso. Detengo el auto abruptamente. Sujeto su rostro, la olfateo disimuladamente. No huele a sangre, no está lastimada, esto es otra cosa. Sus ojos no paran de brotar lágrimas. —Dime, tesoro, por favor, dime ¿Qué ocurre? —suplico sintiendo mis huesos temblar. Cubre su rostro. —Yo lo hice, yo baje las ventanas —mis manos se aferran a las suyas para intentar descubrirla—, yo pise el acelerador a fondo. Mi vida, quise acabar con mi vida. Me congelo. —¿Por qué? ¿Por qué, Ariadna? —nada me duele más que verla de esa forma. —Porque no era feliz —me deja verla, expuesta ante mi esta su alma—, esa boda seria mi final, así que preferí terminar conmigo yo misma. Cierro mis ojos y respiro lentamente. Todo por ese maldito hombre. Quiso suicidarse por su jodida culpa. Yo hare que ese cabrón quiera acabar con su vida, lo hare pagar por cada dolor que sufrió mi mujer. La envuelvo en mis brazos y ella me deja abrazarla. —Soy patética —chilla—, estoy tan decepcionada de mí. —Shh —la calmo—. Prometo que todo va a estar bien ahora, no te seguirás ahogando, lo prometo —aspiro su aroma—. Lo prometo. —No, ya no me siento ahogada —me aleja y hace que la vea a los ojos—. Tú me sacaste del fondo, me trajiste a la superficie, esa es la verdad —sorbe por la nariz—. Y siempre estaré agradecida por eso, por recordarme quien soy. Mi pecho vibra. —Siempre, Ariadna, siempre que lo necesites. Me estudia mientras limpia sus lágrimas. —Vamos, vamos a mandar a todos a la mierda y a comenzar mi nueva vida. Una vida libre —intenta sonreír. Una vida donde serás amada de verdad. Donde serás protegida y nunca sentirás la necesidad de acabar con tu vida. Una vida donde me tendrás completamente a tu merced.
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