—En el momento que salí de la tienda de vestidos de novias supe lo que quería hacer —narro con voz ronca—, era demasiado, no me reconocía ni un poco.
—Lamento tanto, tanto… —niego cortándolo.
—Tranquilo, eso ya quedo en el pasado, ahora lo que quiero es recuperar mis cosas y no volver a verlos —suspiro.
La noche ya callo y el frio comienza a calar mis huesos, tristemente la blusa gigante que traigo puesta no me protege lo suficiente de ello. Al abrazarme a mi misma Evander mueve con rapidez su mano y enciende el que creo que es la calefacción.
—Gracias.
—No es nada.
Reconozco el cartel que nos da la bienvenida a la ciudad.
Foster no era malo, de hecho, creo que llegue a quererlo, obviamente como una estúpida ciega. Me avergüenzo porque se supone que soy escritora y veo las cosas que los demás no pueden.
Pero no puedo sostenerme a esos recuerdos que carecen de importancia, ya no puedo hacer nada, lo que paso, paso.
Y el pasado hay de dejarlo en el pasado, porque realmente nunca se mueve de allí, somos nosotros a los que nos gusta removerlo y hurgar como si pudiésemos cambiarlo.
—Ariadna —su voz me hace girar la cabeza en su dirección. Tiene el rostro arrugado y los ojos sorprendidos.
—¿Qué sucede? —interrogo enderezándome.
—¿Esa eres tú? —detiene el auto y señala un cartel pegado en la pared de un edificio.
Son varios carteles de “Desaparecida”.
—Oh, mierda —llevo una mano a mi boca—, sí, esa definitivamente soy yo.
La foto que seguramente proporciono mi familia es una de mi pasado cumpleaños. Mi rostro lucía una gran sonrisa enmarcada por labios rojos, mi cabello me hacía lucir divertida y sensual. Claro, ellos no publicarían una foto mia normal, tenía que ser la mejor, la más llamativa.
Ariadna Liz Walker Ruiz.
Me quejo hundiéndome en mi asiento.
—¡Por supuesto, mi nombre completo! —pongo mis manos frías sobre mi rostro caliente—, ¡También el número de Foster!
—¿Hacia dónde me dirijo? —urge serio Evander.
—Derecho y luego a la izquierda —murmuro—, hay que salir del centro.
Solo espero no encontrar nada extraño en la que era mi casa.
*****
Definitivamente eso iba pasar.
Sabía perfectamente que mi familia y la de Foster querrían llamar la atención de cualquier modo, y que mejor forma de hacerlo que metiendo a toda la maldita policía de la ciudad en la urbanización donde vivía.
—Oiga, él está conmigo —vocifero al ver como sujetan de mala manera a Evander—. Y suélteme de una vez, por dios —me obedecen—, no estoy herida.
Con pasos furiosos y apresurados entro a la enorme casa donde reside mi familia, ¿y cómo no esperarlo?, también está llena de policías.
—¡Está viva! —es lo primero que grita mi tía al verme.
Siento Flashes siendo disparados hacia mí.
Por supuesto, tan típico.
Evander me cubre de las cámaras.
—¿Qué significa esto? —por el pasillo aparece el reluciente Foster.
Su cabello castaño peinado hacia atrás dejando a la vista sus atractivos ojos color caramelo. Lo que más me gustaba de él.
Al reconocerme se sorprende, luce incomodo antes de venir a mí y envolverme con sus grandes brazos.
—¡Quiero todas las cámaras fuera de mi casa ahora! —vocifera, dejándome aturdida, no correspondo su abrazo—. ¿Qué rayos pasa contigo, Ariadna? ¿Sabes cuantos canales internacionales logramos que pusieran tu rostro? ¡Justo tenías que aparecer ahora! —susurra.
Me congelo.
Un fuerte gruñido retumbaba en mis oídos, Foster es arrancado de mi cuerpo. Evander lo mira con ojos desorbitados. Lo sujeto del codo.
Esta es mi pelea.
Mi mano duele en el momento que estampo mi puño contra su dura mandíbula, retrocede dos pasos sosteniéndose la zona del impacto.
—Maldito interesado de mierda —las personas con las cámaras luchan por quedarse dentro de la casa—. Solo vine para decirte que la boda se cancela, lo nuestro se acabó para siempre y espero que te pudras en el infierno.
La habitación se queda en completo silencio. Mi familia jadea.
—¿Qué? —Foster me mira perplejo.
Lo dejo con la palabra en la boca.
Me dirijo a la que era nuestra habitación dispuesta a hacer mis maletas. Escucho los pasos de Evander a mi espalda, debe estar incómodo con esta situación.
Me adentro a el hermoso dormitorio color canela, con una cama con el suficiente espacio para 5 personas, y de cierto modo, cuando dormía con Foster era como si tuviéramos de por medio tres o mas personas.
Busco todos mis bolsos posibles y abro la puerta del armario.
—¿Quién demonios es este tipo, Ariadna? —me giro para encontrarme a Evander deteniendo a Foster sin nada de esfuerzo—, ¿Por qué lo traes a la casa? ¡Tú y yo necesitamos discutir esta situación ahora mismo!
Cuando siento que mi cabeza va a explotar llegan los padres de Foster junto con los míos y mis tíos.
—¿Te volviste loca? ¡¿Cómo se te ocurre decir esa sarta de estupideces frente a televisión nacional?! —comienza a farfullar el padre de Foster.
—¡Cierren la boca! —grito perdiendo el control.
Sus voces suben de volumen al punto de aturdirme.
—LARGO DE LA HABITACIÓN —ruge para mi sorpresa Evander, con una voz que me hace querer hacer lo que dice—, AHORA.
Todos salen, Foster a empujones.
Me apresuro a cerrar la puerta con seguro y sigo con mi tarea de guardar mis cosas.
—Gracias —murmuro—, estoy tan avergonzada.
—Déjame ayudarte, querida —toma mis zapatos y los mete en otra maleta, rio suavemente.
—Cada vez que me dices querida me siento algo vieja —confieso.
Me regala una hermosa sonrisa de lado.
En tres maletas guardo mi vida entera, dispuesta a llevarla a otro lado.
—¿Lista? —niego.
Intensiones maliciosas comienzan a invadirme.
Busco en la masita de noche de Foster “el cuaderno”.
—¿Qué es eso?
—El cuaderno de claves —sonrío enormemente en el momento que la guardo en una de mis maletas—. Foster nunca recuerda nada, por lo que anota sus claves de todo allí —sus ojos azules brillan—.Espero que tengas televisor, tendremos Netflix por un mes.
—¿Pero cambiara la clave en el momento que no se acuerde? —rio descontrolada.
—Para eso tendrá que entrar en su correo y tampoco tendrá la clave —limpio mis ojos—. No te preocupes, no es muy inteligente cuando se trata de eso.
Me sonríe mostrándome todos sus dientes, sus colmillos parecen brillar un poco más que nunca.
Evander me ayuda con mis maletas, al llegar a la sala un reportero apunta su grande cámara hacia mí.
—Esa mujer —exclama Foster señalándome—, la mujer que yo pensé que me amaba —sus ojos comienzan a brotar lagrimas falsas y ensayadas, lo sé porque todas las noches se hacía llorar frente al espejo para cuando lo necesitara—. Ella —recalca—, escapó con su amante sin decirnos nada, nosotros le importamos nada —limpia sus lágrimas descaradas—. Y ahora vuelve, con el descaro que solo ella puede poseer para hacerme este daño, para causarme este dolor.
Me rio de él sin importarme los rostros furiosos de todos.
—Bello —aplaudo—, bello que te quedo el papel de víctima.
—¡Ariadna! —riñe mi padre.
—Hasta nunca, gente —me despido empujando a Evander hacia la puerta.
—¡Apaguen la maldita cámara! —ordena la mujer que me dio la vida antes de detenerme.
—Ramiro, controla a tu desquiciada hija —ordenan a mi padre.
Todos se vienen hacia mí como una avalancha. Es mi padre quien decide explotar primero, abofeteándome.
Cierro mis ojos anonadada.
Nunca antes en la vida se había atrevido a tocarme.
Alguien sujeta mi rostro y lo acaricia con suavidad.
—¿Ariadna? —parpadeo dejando caer las lágrimas provocadas por el impacto.
Evander sigue cada una de ellas con sus ojos, hasta que es él el segundo que explota, contra mi padre.
Con un solo puñetazo hace que este se vaya al suelo, pero eso no parece ser suficiente para Evander.
—Ya —lo sujeto, pero él solo ve a Ramiro, mi padre.
—Debería arrancarle la cabeza —masculla temblando.
—¡Por Dios, Ariadna! ¿Cómo puedes traer a esta jodida bestia a la casa? —mi tía me observa indignada auxiliando a mi padre.
El pánico comienza a gobernarme.
Quiero irme. Necesito salir de aquí ahora.
Jalo a Evander una vez más hacia la puerta, cuando Foster intenta detenerme Evander lo empuja estampándolo contra la pared.
—¡Animal! ¡Bestia asquerosa! —gritan su madre, mi madre y mis tías.
Evander me ve pronto con algo diferente en sus ojos, quizás, arrepentimiento.
No.
Todo esto es mi culpa.
Esta vez logramos salir sin nadie deteniéndonos, la policía retiene a los camarógrafos mientras subimos mis cosas a la camioneta.
—Vámonos, vámonos —urjo.
La camioneta inicia una marcha dramática con el chillido de los neumáticos.
El silencio alivia mis lastimados oídos.
—Perdón —jadea Evander—, perdón, no quise golpear a tu padre.
—Yo lo hubiese hecho sino hubiera estado tan sorprendida —miro su perfil—, la avaricia los está consumiendo a todos. No te lamentes, Evander, gracias por hacerlo y por darle un golpe mejor a Foster.
Sus manos se aprietan en el volante.
—¿Crees que soy una bestia? —escupe las palabras—, ¿Un animal?
—Para nada —me rio—. No creas sus palabras, todas ellas piensan que si se rompen una uña necesitaran cirugía.
Se queda en silencio.
—Además, a mí me gusta la bella y la bestia —intento hacerlo reír y lo consigo.
—No me convertiré en un príncipe, lo siento —voltea a verme un segundo.
Me relajo en mi asiento.
—Cuando Foster me tachó de infiel frente a la cámara estuve tentada a darle la razón, quise restregarle en la cara que eras el mejor de los amantes y que me das todo lo que él no pudo, eso y mucho más —termino de decir antes de darme cuenta lo que sale de mi boca.
Una corriente eléctrica llena el auto.
—Eso no hubiese sido una mentira, Ariadna —su voz sale ronca, atractiva—, cuando quieras estoy dispuesto a demostrártelo.
Me sonrojo.
—Cuidado, te puedo tomar la palabra —coqueteo.