Mientras descendía hacia la puerta principal me encontré con el Sargento en los peldaños. Se hubiera hallado en pugna con mi carácter demostrar ahora interés alguno en sus proce- dimientos, luego de lo acontecido entre ambos. A despecho de mí mismo, sin embargo, me sentí poseído por una curiosidad irresistible. Mi dignidad se hundió bajo mis pies y di sali- da a las siguientes palabras: —¿Qué nuevas trae de Frizinghall? —He estado con los hindúes —respondió el Sargento Cuff—. Y he averiguado lo que Ro- sanna compró secretamente en la ciudad el jueves último. Los hindúes recobrarán la liber- tad el miércoles de la semana entrante. No me cabe la menor duda, y de la misma opinión es Mr. Murthwaite, de que vinieron aquí en busca de la Piedra Lunar. Pero sus cálculos se vieron f

