Karol
Al apenas cerrar la puerta me choco a ella y estampo con cuidado sus labios con los míos, se que solo había probado una ves sus labios pero para mi ya eran una droga, tenía el sabor a menta con un poco de alcohol, sus labios eran tan suaves y carnosos, mordí su labio y él soltó un gruñido, me cargo y enrollé mis piernas en su torso, camino sin despegar nuestros labios hasta la cama.
Se sentó en ella y yo quedé arriba de él, sus manos empezaron a viajar por todo mi cuerpo mientras las mías despeinaban su pelo con desesperación.
Su boca bajó a mi cuello hasta mi hombro y con su boca bajo el tirante del vestido, deje que me lo quitara, el vestido resbaló hasta mí obligó, se tomó un tiempo para observarme antes de empezar a besar el comienzo de mis pechos, cambio de posición, me dejó recostada en la cama y él arriba de mi, sus besos eran desesperados, su lengua lamió mi pezon en círculo y yo curvé mi espalda por el placer, me quite por completo mi vestido quedando en bragas, se separó de mi un poco para verme, sus ojos estaban completamente dilatados y brillaban de lujuria, mi mano fue a su mejilla acariciando lo, le di una sonrisa sincera, él me la devolvió y juntó nuestras frentes.
- No te voy hacer daño- me susurro antes de besarme de nuevo, me sentí segura, estaba confiando en él.
Mis manos se deslizaron al comienzo de su camisa y empecé a quitársela, él me ayudó, se levantó de la cama y se quitó su pantalón dejando ver mejor su bulto y mi humedad creció, de su cajón sacó un condón, se posición o de rodillas frente a mi, me tomé un segundo para admirarlo, pase mi mano por su musculoso torso, podía ver diferentes tatuajes, él me miraba esperando mi aprobación, asentí y subí mis piernas para que él me quitara mi única prenda.
Abrió mis piernas y él se acomodó entre ellas se quitó su última prenda y pude ver como su m*****o chocaba con su estómago por lo excitado que estaba, chille de placer al ver lo grande que era, Aaron pasó dos de sus dedos por mi intimidad y yo mordí mi labio con apuro, con mi humedad se lubricó antes de ponerse el plástico.
- Si te duele dime y parare- asentí y pasó su sexo por el mío, estaba jugando conmigo, al oír mi bufo de molestia el río y se preparo en mi entrada, empezó a entrar despacio mientras gemía de dolor.
- Mierda- gemí cuando entró por completo, agarro mis rodillas para que no las cerrara, empezó a salir y a entrar despacio sin apuro.
Sentía como si fuera un estorbo quería sacarlo pero el placer empezaba a llegar porque Aaron trataba de encontrar mi punto G para dejar el dolor atrás.
Hasta que lo sentí, en una suave embestida sentí el placer, mis gemidos cambiaron de dolor a placer, Aaron lo noto al instante y empezó a embestirme con más fuerza, mis manos apretaban con fuerza las sábanas, mi cabeza se hundía en las almohadas y mi espalda se encorva, sus gemidos solo lograban hacerme sentir más placer, nunca había sentido tanto placer.
- Dios, estas tan apretada-quería responderle pero no podía ni hablar.
Mis sentidos se desmoronaban a cada embestida, en la casa solo se escuchaba nuestros cuerpos juntándose, como nuestros cuerpos sacaban fricción y nuestras almas se unían.
Mis manos fueron a su cuello obligándolo a que él bajara hasta mi y juntar nuestras frentes, quería acercar nuestros labios pero solo salían gemidos de la mía provocando que eso fuera imposible, rasguñe su espalda y él gruñó por la acción, mis pies se estiraron y el placer empezaba a llegar, podía saber que Aaron también lo sentía porque sus movimientos se hacían torpes y no tan repentinos y bruscos como antes.
Sentí como una ola de placer me inundaba y mordí mi cachete interior tratando de no morderlo a él y marcarlo como mío.
Él dio unas embestidas más pero no acabó, su erección duraría dos días seguidos.
- Te doy cinco segundos para descansar- dijo antes de besarme.
Esto sería una larga noche y apenas había empezado.
- No, no pares- pedí y ella empezó a embestirme de nuevo.
- Dime, dime que quieres- susurro en mi oreja.
- Follame hasta que no pueda caminar- me dejó un camino de besos húmedo desde el lóbulo de mi oreja hasta mi clavícula.
Y subió a mis labios dejando una feroz mordida.
- No te detengas- susurre y el sonrió.
- Será un gusto- empezó a embestir con más fuerza.