Capítulo 17: Tensión

1112 Palabras
Ossian miró el imponente edificio a través de la ventanilla, como un niño pequeño se pegó totalmente al cristal y trató de ver la cima de la estructura. —Vaya, esto es genial. —Miró a Elizabeth. —¿Puedo ir con usted? Jamás creí conocer a alguien que fuera dueño de un edificio tan alto. —Volvió la mirada al edificio. —Parece tocar el cielo. —Elizabeth agrandó la sonrisa. —Es mejor que te vayas a casa con Jacob. —Ossian se sentó al instante y clavó sus ojos grises en la mujer que le ha dado esa negativa que no esperaba. —Escúchame, Ossian, hay personas que me quieren hacer daño, incluso más daño del que esa persona quería hacerme con esas noticias falsas. —Ossian bajó la mirada, pero Eli lo obligó a mirarle. —No quiero que estés en peligro, no quiero que salgas en la prensa ni que los paparazzi vayan tras de ti. Corrimos con suerte al no ser fotografiados el día que corrí tras de ti, ¿Lo entiendes? —El chico suspiró. —No me importa que hablen de mí o salgan fotos mías, ¿Acaso me mantendrá escondido para siempre? ¿Por eso ha venido en este coche de cristales negros? —Eli sonrió al negar. —Por supuesto que no te tendré oculto por siempre, pero debes entender que hay gente mala y dirán cosas que pueden lastimarte. —Acarició su mejilla con ternura. —Es mi obligación protegerte desde ahora, ¿Lo entiendes? —Ossian con el corazón acelerado la miró a los ojos, observando esa ternura con la que lo mira, sintiendo por primera vez un amor real y teme que todo eso sea una fachada, pero... ¿Acaso no le ha demostrado ella que realmente es buena? —Yo... —Calló por un momento. —Puedo decir quién me pagaba para vender las noticias falsas de usted. —Jacob como nunca, giró la cabeza y miró a al chaval. —Es Jayden Bennett. —Bajó la mirada, Elizabeth sostuvo sus manos temblorosas. —Él me obligó a hacerlo o de lo contrario me enviaría a un horrible lugar, eso dijo. —Elizabeth lo abrazó. —Perdón por no decirlo antes, pero me daba mucho miedo. —No te preocupes. —Lo consoló. —Yo me encargaré de todo, ¿De acuerdo? —Lo apartó para mirarlo a los ojos. —No temas, no te pasará nada. —Sonrió ocultando la furia que siente, ¿Cómo puede ser Bennett un maldito? —Jacob, llévalo a casa y cuando vuelvas sube a mi oficina, estaré esperando por ti. —Sí, señora. —Eli se despidió de Ossian y bajó del auto, Bennett se arrepentirá de usar a un niño para meterse con ella. Una vez el auto se puso en marcha, ella se adentró al edificio con un par de ojos siguiéndola. James entró al despacho al que fue guiado, tal y como lo esperó. Amplió, bien decorado y con colores claros. Al mirar el enorme escritorio, sonrió por aquella mirada de sorpresa. —Buenas tardes, señora Hamilton. —Se acercó para tenderle la mano. —Gracias por recibirme. —La mujer correspondió el saludo con una sonrisa. —No podía quedarme con la incertidumbre, señor Ferguson. —Le invitó a sentarse. —¿Un café? —James negó amablemente. —Gracias, pero no tardaré mucho. —Suspiró, ha estado pensando todo el camino como iniciar la conversación sin que la mujer se ponga a la defensiva, pero no hay maneras. —He estado hablando con su hijo y la relación que lleva con mi... —¿Qué haces aquí? —Christian entró al despacho, furioso por verlo hablar con su madre, ¿Acaso vino a contar lo que le dijo cuando estaba borracho? —¿Qué parte de quedarte lejos no has entendido? —Hijo, no seas grosero. —Débora se puso en pie, atónita por el comportamiento de su hijo. —El señor Ferguson solamente ha venido a hablar conmigo. —¡No tienes nada que hablar con él! —Sentenció dejando a su madre más sorprendida. —Quiero que se aleje de mi familia y de mí, no quiero volverlo a ver aquí. —James se puso en pie, sin premura. —Christian, no tienes que exagerar las cosas, no tienes de que preocuparte. —Su voz tan relajada le hirvió la sangre a Chris, ¿Cómo se atreve? —No, aquí el que debería preocuparse por algo, eres tú, ahora, sal de aquí y no vuelvas. —James miró a Débora, quien no se movía por la estupefacción y le sonrió. —Gracias por recibirme, señora Hamilton. —La mujer volvió en sí y asintió bastante confusa. —Lamento este inconveniente, las cosas no están siendo fáciles. —Sonrió levemente. —Su esposa es una buena competencia. —James dio un asentimiento y tras darle una mirada a Chris, se retiró. Falló, él debía haberle sacado algo de información a la mujer y el necio de Christian no se lo permitió. ¿Cómo podrá enterarse de la verdad si Christian se interpone? —Oh, lo lamento. —James abrazó a la mujer para que no callera al piso. —Venía sumido en mis pensamientos, lamento mi distracción. —La rubia lo miró a los ojos y le sonrió. —No se preocupe. —Se arregló la ropa una vez la soltó. —Yo tampoco estaba prestando atención. —Río. —De hacerlo no me hubiera estrellado con usted. —James sonrió divertido. —No le hice daño, ¿Verdad, señorita Hamilton? —Oh, por favor, llámeme Megan. —De acuerdo, Megan, ¿Estás bien? —Ella un tanto sonrojada, asintió. —No tiene de que preocuparse, estoy bien. —Inició a caminar. —Pasa buen día, James. —El aludido la miró alejarse, ella sabe quien es su esposa y aun así fue amable, ¿Podría ella sacarlo de todas sus deudas? Convencido de la respuesta, se marchó. Por ahora no queda más que esperar el momento adecuado. —No es momento, Megan, ve a casa. —Chris la miró amenazante. —Estoy hablando con mi madre y no quiero interrupciones. —Megan dejó caer los hombros y se marchó tras recibir una mirada de su suegra. —¿Qué hacías hablando con ese tipo? —Débora, cada vez más confundida, negó. —Pidió una cita conmigo, ¿Por qué se la negaría yo? —Christian cayó en cuenta, su madre no sabe nada, ella no sabe que la mujer que los ha estado dejando sin clientes es la misma chica que trabajó para ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR