—No siempre es tan amenazadora y cruel. —Chris tensó la mandíbula con rabia.
—No quiera decirme cómo es. —Lo miró a los ojos demostrando su desagrado por él. —Sé perfectamente como y que es esa mujer. —Ladeó la sonrisa con fastidio. —No olvide que primero fue mía. —Dicho eso y dejando más evidente lo que James sospecha, se marchó lleno de furia.
—Gracias por recordármelo. —Soltó una risita tediosa, no le agradó ese recordatorio.
Chris se mantuvo a raya, observando cada paso que Elizabeth da y cada empresario que descaradamente se asocian a ella. Asistió al lugar con un propósito y hasta el momento no ha podido hacer nada porque todos parecen morir por un poco de atención de la dichosa dama de rojo.
—Muy calladito, Hamilton, ¿También estás alegrando las vistas? —Chris gruñó fastidiado. —Vamos hombre, todos sabemos que tu esposa es ardiente, pero también sabemos que no dejas de apreciar una verdadera belleza, nadie te juzgará.
—Escúchame bien. —Lo encaró. —No menciones a mi esposa y lárgate de mi vista con tus perversiones. —Escupió de malhumor. —Eres detestable. —Bennett carcajeó.
—Cuanto rencor hay en ti, Hamilton... ¿Acaso no ser el centro de atención te hace daño? —Chris apretó los puños, no lo soporta. —¿O es solamente que no puedes con el hecho de que esa mujer esté hundiendo la empresa de tu madre? —Riendo se alejó, no valía la pena seguir mirándole la cara.
Chris quiso ir a por él y golpearlo como se merece, pero no se rebajará, aún puede hablar con esos traidores y tratar de persuadirlos para que no hagan la estupidez de abandonar New Era Construction Company.
—Quita esa cara, muchacho, no se acercarán a ti si no cambias el gesto. —Chris miró al hombre y simplemente desvió la mirada nuevamente. —Este año la competencia es difícil, esa muchacha ha sabido revolucionar el mundo de las constructoras.
—¿También te irás con ella? —Bufó burlón.
—¿La verdad? —Bebió un sorbo de su copa. —Es tentador todo lo que ofrece y más tentador es las grandes empresas que la respaldan. —Chris lo miró de inmediato. —Pero tranquilo, permaneceré leal a tu madre. —Ladeó la sonrisa. —Aunque sigo pensando que deberías tomar el frente de la compañía.
—No hablaré del tema, Collins, tomé una decisión hace años y permanecerá así. —Lo miró a los ojos. —Estoy bien dándole consejos y ayudando a llevar a la empresa a otro nivel. Mi madre lo está haciendo bien. —Manson suspiró, ese muchacho es un cabezota.
—Te he estado observando. —Dijo cambiando de tema. —No le quitas la mirada a esa chica de encima y parece ser que su felicidad te llena de amargura. —Chris se tensó. —Y tampoco he podido evitar que tiene un parecido a Liz.
—No digas estupideces. —Gruñó mirándole. —¿Por qué me la mencionas? La maldita mujer se puede podrir en el infierno y a mí no me afectaría en nada.
—Es tu dolor quien habla por ti, Christian... ha pasado años, ¿Por qué no te perdonas y no la perdonas? ¿O por lo menos tratas de averiguar que fue lo que pasó?
—¡¿Averiguar dices?! —Gritó con fuerza. —La busqué por años, casi llevándome a la ruina, ya no merece mi esfuerzo ni mi interés, siempre la odiaré y nunca la voy a perdonar... jamás. —Todos miraron la escena con desconcierto. —No solamente destruyó mi vida, todo hubiera podido ser distinto si no... —Calló.
—Nada garantiza que las cosas serían distintas. —Aprovechó que bajó el tono de su voz. —Hijo, el odio que dices sentir, es solamente dolor. Ella volvió, es una oportunidad que no muchos tienen.
—Por si lo has olvidado, volvió felizmente casada y con ansias de robar a todos los clientes.
—Eso no lo sabes. —Lo detuvo. —No veo que se esfuerce mucho por llevárselos con ella. —Chris pasó por su lado, no piensa perder más su tiempo hablando estupideces.
James, quien veía todo lo que pasaba, suspiró, ahora no sabe si ese hombre siente dolor u odio. Es complejo lo que pasa y más porque no sabe si está enojado porque Elizabeth volvió casada con él, o solamente porque ha estado llevándose los clientes de su compañía.
—¿Estás bien? —Elizabeth lo miró a los ojos, guardando las apariencias. —¿Te duele? —James sonrió, no entiende por qué tiene que comportarse tan fría y distante cuando está frente a los demás.
—Estoy bien, tranquila. —Eli respiró con más tranquilidad.
—Siento mucho estar dejándote solo, pero las propuestas son realmente alucinantes y no quiero perder ninguna oportunidad y...
—Tranquila. —La cortó con una gran sonrisa, ama el brillo en sus ojos cuando habla de las cosas que la apasiona. —Ve, yo iré al baño. —Elizabeth negó.
—Quiero tomar el aire, te espero en el balcón, ¿Vale? —James le guiñó y se marchó en dirección contraria a la de ella.
Chris, quien estaba en una esquina oscura, la observó salir, su densa cabellera negra bailando al ritmo del viento, sus grandes ojos oscuros reflejando la luz tenue de la luna y el vestido rojo que le queda perfecto, sexy y sofisticado, gritando elegancia en cada costura, lo enfureció. ¿Por qué tiene que verla a detalle?
—Vaya... creí que estaría solo, pero veo que me esperaba una compañía bastante grata. —Eli se tensó. —Hola, señorita Ferguson... ¿Ya le dije lo sexy que se veía esta noche? —Elizabeth decidió ignorarlo, pero no pasó mucho tiempo cuando ya estaba de frente al hombre.
—Bennett, por su bien, suélteme de una buena vez. —Intentó soltarse de su agarre, pero el hombre, al contrario de soltarla, la abrazó por las caderas y la pegó más a su cuerpo.
—¿Realmente quieres que te suelte? —Ladeó la sonrisa con arrogancia. —En lo que a mí concierne, la manera en la que me trataste al inicio de la noche no fue más que para llamar mi atención y aquí me tienes.
—Está usted equivocado. —Se apresuró a sacarlo de su error, sus manos se están aventurando por su cuerpo y el miedo crece en ella. —Por favor, suélteme, alguien podría vernos y... —Jayden se separó con brusquedad de ella, al punto de hacerla chillar por el tirón que le dio a su vestido.
—Eres un ser repulsivo. —Gruñó mirándolo a la cara y apretando más su cuello. —Eres tan detestable que das asco. Haber heredado un imperio, no te hace rey ni mucho menos un Dios invencible. —Soltándolo, lo miró amenazante. —Lárgate de aquí, Bennett. —Elizabeth, aún con el escalofrío en su cuerpo, miró atónita al hombre que se marchó casi corriendo.
—Gra...
—No lo hagas. —La cortó. —Eso ganas por estar seduciendo a personas equivocadas. —La miró con frialdad. —Cuídese mucho, señorita Ferguson, mire bien como se está ganando a los clientes. Las personas pueden ser crueles y estar al ojo público no es divertido. —El corazón de Elizabeth falló un latido por el significado de sus palabras, ¿Acaso piensa él que ella se acuesta con hombres por negocios? La tristeza cubrió su corazón al verlo marcharse, ¿Cómo puede él ofenderla de esa manera y marcharse sin remordimientos? Negó con un gesto de cabeza y sonrió, un hombre como él no siente remordimiento y solamente sabe dañar.