Francescca
No podré olvidar la expresión de Wilson cuando Malek le mencionó la demanda, su arrugado rostro palideció como si hubiera visto un fantasma.
—Parece que esconden algo muy gordo como para poder querer evitar una demanda —miré a Malek, la luz que de los enormes rascacielos se reflejaban en su bello rostro.
—Así parece, al menos dijeron que lo iban a pensar —él asintió.
Lo único que logramos con la amenaza de demandar al hotel fue que Wilson accedió a reportar el incidente con sus superiores para llegar a un acuerdo; sin embargo, dudo mucho que alguien como Cedric Hayes acceda tan fácilmente sin obtener algo de por medio.
—Es hora de irnos —anunció.
Eran cerca de las seis de la tarde, no tenía caso regresar al bufete a esta hora. Caminé junto a Malek en silencio, fueron los minutos más largos hasta que nos detuvimos frente a su auto.
—¿Vendrán por ti?
—No —respondí, Varick salía un poco tarde hoy, así que, esta vez me iría a casa sola.
—¿Quieres que te lleve? —Me sorprendió su ofrecimiento ¿acaso ya había olvidado que lo golpeé esta mañana?
—No quiero causar molestias.
—Bien —respondió secamente para después subir al auto.
Rodé los ojos. ¿Qué esperaba? ¿Qué me suplicara?
—Sube —Malek abrió la puerta del lado del copiloto de su deportivo n***o, sin responder me subí para después colocarme el cinturón de seguridad —¿hacia dónde? —Le di mi dirección a Malek y sin decir más nos pusimos en marcha.
[...]
7:30 p.m.
Eran las siete treinta y todavía no llegaba a mi casa, me encontraba atascada en medio del tráfico con Malek. Sí, llevaba más de una hora en el mismo auto que Malek y aún no ha hecho explosión. Un buen comienzo supongo.
—¡Avancen, maldita sea! —Maldijo por quinta vez.
—No puedo creerlo —recargué mi cabeza contra el cristal de la ventana, esto iba para largo.
El auto avanzó aproximadamente dos metros, esto debía ser una broma de mal gusto y al igual que Malek estaba comenzando a desesperarme. Y la tensión entre nosotros no ayudaba.
—¿Quieres? —De mi bolso saqué golosinas, ositos de goma para ser exactos. Desde que era niña siempre me gustaron este tipo de golosinas; recuerdo que cada tarde después de regresar de la escuela mi padre solía llevarme a la heladería y siempre elegía los ositos de goma. Malek me lanzó una mirada como si quisiera matarme, me encogí de hombros, más para mí supongo.
—¿En serio solo piensas en comer en este momento? —Se veía frustrado al igual que yo, no iba a negar que me molestaba estar aquí en medio del tráfico, pero ¿qué podía hacer? Enojarme no era una buena solución.
—Enojándote no resolverás nada, así que, cállate y come algunos ositos —y por arte de magia Malek sonrió y llevó un osito color rojo a su boca.
—Gracias.
—No hay de que —sonreí, dejé la bolsita en medio de ambos. Malek no dudó tomar otro.
—Jamás había probado estas cosas —lo miré incrédula.
—No puedo creerlo —espeté —. ¿Jamás los comiste de niño?
—Viví en Negev cuando era niño y a pesar de que mi familia se encontraba económicamente acomodada gracias a sus negocios, así que, yo... —por un momento creí que Malek me hablaría más de su vida personal, pero tal parece que cayó en cuenta de su error y se detuvo —así que, no había esta clase de dulces —dijo finalmente. Sentí una opresión en el pecho, había escuchado que Negev era un lugar árido y de muchas carencias; sin embargo, Malek dijo que su familia se encontraba económicamente estable ¿qué clase de negocios tendría alguien que vivía en lugar tan carente?
—Mi padre nunca fue muy atento con nosotros, así que, nunca probamos ese tipo de cosas dulces —Malek se encogió de hombros.
Me sorprendió que Malek haya compartido esta clase de recuerdo conmigo, después de todo no teníamos que relacionarnos con nada fuera del trabajo, él se aclaró la garganta como si de hubiera dado cuenta la imprudencia que acababa de cometer.
—Mañana nos reuniremos con Lucas para informarle lo sucedido —asentí —tenemos que comenzar a hacer los trámites para la demanda y redactar unos documentos para una auditoría ¿podrías encargarse de eso?
—Por supuesto.
Mi corazón latía con fuerza, esta era la primera vez que Malek me tomaba en cuenta para este caso, le demostraría que no se iba a arrepentir de trabajar conmigo. Cuando miré el reloj por milésima vez, eran las ocho de la noche cuando llegué a mi casa, después de nuestra pequeña charla en el auto, el tráfico comenzó a fluir de manera rápida y ahora nos encontrábamos frente al edificio de mi departamento.
—Gracias por traerme —sonreí, ajusté mi bolso a mi hombro, pero mi mano se detuvo antes de abrir la puerta, miré a Malek quien se encontraba con la mirada fija en el volante —Malek...
—¿Qué? —Tragué en seco al tener esos ojos grises sobre mí.
—Lo siento —dije rápidamente para después abrir la puerta, pero antes de bajar fui detenida por un fuerte brazo.
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—Haz hecho buen trabajo —por segunda vez en el día fui sorprendida por Malek.
—Gracias —Malek aflojó el agarré de su mano y después bajé del auto.
Malek cerró la puerta y encendió el motor para ponerse en marcha, vi como su auto se alejaba en la oscuridad de la noche.
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Esa era la palabra que lo describía a la perfección al hombre que podía mantener una actitud fría e indiferente frente a mí. Cuando entré al departamento me sorprendió no encontrar a Varick, seguramente le surgió algún asunto importante, le resté importancia así que preparé una humeante taza de chocolate caliente y encendí mi ordenador. Esa demanda no de iba a redactar sola. Sin embargo, nuevamente los profundos ojos grises de Malek aparecieron en mi mente, sacudí mi cabeza de un lado a otro tratando de evitar cualquier pensamiento en el cual apareciera Malek Eljal.
[...]
Malek
Después de dejar a Francescca en su casa giré en una esquina para retomar mi camino a mi casa cuando mi celular se iluminó con un mensaje de texto. Cuando el semáforo se tornó color rojo me detuve a leerlo, mi mandíbula se tensó y con mi mano que tenía libre sostuve con fuerza el volante.
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¿Hasta cuando dejaría de molestarme?
Lo conocía muy bien y sabía que no dejaría de insistir. ¿Qué quería? No lo sabía, además y no me interesaba averiguarlo. Le dejé muy claro que no me interesaba relacionarme con él o alguna de sus mierdas y mucho menos después de lo que pasó aquella noche.
¿Era muy difícil entenderlo?
Arrojé el aparato al asiento que hace unos minutos ocupaba Francescca, había pasado un largo tiempo para que pudiera establecerme como es debido y ese idiota no me iba a joder lo que había logrado. Mi celular vibró de nuevo, no iba a responder a ningún mensaje de ese imbécil por más que insistiera. La pantalla se iluminó con un número desconocido, no era el mismo que el mensaje anterior, así que, tomé la llamada.
—¿Diga?
—¿Malek Eljal? —Preguntó una voz masculina del otro lado de la línea.
—Él habla.
—Habla Cedric Hayes.