Malek
Miré la hora en el reloj que adornaba mi muñeca izquierda.
Eran las 10:00 a.m.
Ahora me encontraba en el lobby del hotel esperando que Cedric me recibiera. Todavía no podía creer que me haya contactado tan pronto, aún recuerdo nuestra conversación de anoche. El sonido de las bocinas de los autos detrás de mí me sacaron de mi aturdimiento, el semáforo se había puesto en verde, así que, aceleré.
—¿Sigue ahí, abogado?
—Sí, lo siento —me disculpé —¿qué se le ofrece señor Hayes?
—Sé que usted es un hombre ocupado, así que, iré directo al grano. Wilson me dijo que usted y una de sus colegas fueron a mi hotel para demandarme.
—Y supongo que Wilson le comentó la razón o ¿me equivoco? —Pregunté —. Mi colega y yo somos los representantes legales de Lucas Hult.
—Estoy enterado del caso abogado.
—¿Entonces, a qué debo su llamada?
—Estoy dispuesto a negociar —debo admitir que eso no me lo esperaba —. Pero tengo algunas condiciones.
—¿Qué clase de condiciones?
—No me gustaría entrar en detalles por teléfono. ¿Qué le parece venir al hotel mañana a las diez en punto?
—Ahí estaré.
—Me parece bien, pero necesito que vaya solo. Estos negocios son entre hombres —no pude evitar tensarme.
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Pensé.
No podía dejar fuera de esto a Francescca; sin embargo, tampoco podía desaprovechar esta oportunidad.
—Ahí estaré.
[...]
10:45 a.m.
Y seguía sin noticias de Cedric, así que, saqué mi celular y busqué el número de Francescca en mi agenda, una vez que la encontré marqué.
—¿Hola? —Ella respondió al segundo tono.
—Francescca.
—¡Malek!¿Dónde has estado? Te he estado buscando para que revises la demanda y la orden para la auditoría —me sorprendí al notar lo eficiente que es.
—Francescca me temo que no iré a la oficina hasta mañana. En este momento estoy a punto de hablar con Cedric Hayes.
—¿Qué? Pero ¿por qué no me informaste? —Su voz sonada resentida, eso era lo que me temía.
¿Cómo iba a explicarle que Cedric solicitó solo verme a mí porque es un maldito machista? Estaba buscando una respuesta a su pregunta cuando el cabello canoso de Wilson apareció en mi campo de visión.
—Escucha, te llamaré en cuanto termine. Te mantendré informada —colgué antes de que ella pudiera responder.
Era hora.
—Abogado Eljal el señor Hayes lo espera.
Me puse de pie y me dirigí al ascensor, presioné el botón que indicaba el último piso, me detuve frente a una elegante oficina en donde un hombre robusto con espeso bigote y canas nos recibió.
—Malek Eljal, el abogado —saludó mientras me extendía una mano.
—Señor Hayes —acepté la mano que me ofrecía y la estreche.
—Tome asiento por favor —hice lo que Cedric me indicó y me senté frente a él, Cedric sacó de un pequeño estuche, un puro y me lo ofreció —. ¿Quiere uno? Son los mejores puros importados de Cuba.
—Gracias, pero no fumo.
—Es una lástima —él encendió su puro y le dio una larga calada.
—Señor Hayes ¿a qué debo a su repentina solicitud de reunirse conmigo? —Él soltó una carcajada.
—Me gusta que vaya directamente al grano licenciado.
—¿Y bien? —Insistí.
—Como le dije anoche, estoy dispuesto a negociar —apreté mis labios —. ¿Qué pide?
—Según las leyes de los Estados Unidos establece que ante cualquier despido es necesario una indemnización del veinte por ciento del salario —dije con seguridad.
—Estoy consciente de eso abogado y estoy muy apenado por esto —lo miré detenidamente —. Así que, estoy dispuesto a pagar con la cantidad que corresponde a Hult.
—Sin embargo, usted dijo que pondría algunas condiciones ahora es mi turno de preguntar ¿qué pide? —Pregunté, la sonrisa de Cedric se expandió por su rostro.
—Obviamente que no quiero que demanden a mi hotel, soy un hombre importante y no quiero escándalos —asentí, estoy seguro que no es lo único que pide.
—¿Y?
—Quiero que trabaje para mí.
[...]
Francescca
La noche anterior no dormí lo suficiente, me había quedado la mayor parte del tiempo redactando la demanda y realizando lo trámites para la auditoría. Varick llegó unos minutos más tarde y se fue a dormir, mientras que yo me quedé ajustando los últimos detalles, Malek confiaba en mí y no lo iba a defraudar. Así que, en cuanto llegué a la oficina, caminé a mitad de los pasillos del bufete con cara de zombie, pero satisfecha por el resultado de mi trabajo, ahora lo único que faltaba era que Malek le echara un vistazo.
Pero cuando abrí la puerta de su despacho me extrañó no encontrarlo ahí. Le resté importancia y comencé a trabajar con el caso, lo mejor sería esperar a que él regresara. Sin embargo, después de recibir su llamada, no podía creer que Malek fuera a hablar con Cedric sin mí, algo dentro de mí temía que él no me tomara en serio en este caso.
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Me ordené.
Estaba a punto de guardar mis cosas e irme cuando mi celular se iluminó con el nombre se Malek, no dudé en contestar en el primer tono.
—¿Malek? ¿Qué pasó? ¿Hablaste con Cedric? —Inmediatamente lo comencé va interrogar, la curiosidad me estaba matando.
—¡Wow! Jamás había escuchado tantas preguntas como saludo —rodé los ojos ante su broma.
—¿Me vas a decir que pasó? —Me estaba comenzando a desesperar.
—Te veo en club Bolivia —pidió —. Es el bar que está cerca del bufete.
—Lo conozco.
—Bien, te veo en quince minutos.
Bolivia era un bar que se encontraba solo a unas cuadras del bufete, nunca había venido, pero el lugar parecía ser agradable, su diseño latino le daba clase y estilo mientras que las luces color neón le daban un toque divertido. Divisé a Malek sentado en la barra con un vaso con un líquido de lo que parecía ser whisky, me acerqué a él; dejé caer mi bolso sobre la barra y fijé mi mirada en él.
—¿Y bien? —Malek sonrió de lado.
—Te cité aquí por una razón —apreté mis labios, no me gustaba el tono misterioso que estaba adoptando esta conversación —. Quiero que canceles la demanda contra Cedric Hayes.
—¿Qué?