Capítulo 15

1374 Palabras
Malek —He escuchado que es uno de los mejores abogados del país —no respondí, solo me empeñaba es estudiar cada una de sus expresiones. El secreto que me ha ayudado para jamás perder un caso se debe solo a una cosa: soy capaz de detectar cualquier tipo de mentiras. Una sola mirada y sabría si la persona que solicitaba mis servicios era culpable o inocente. Desde que tengo memoria soy capaz de leer las expresiones de cualquier persona y de esa manera puedo descifrar si miente o no. Una de las razones del porqué Varick me odia y gracias a esa habilidad, supe que Francescca tenía potencial desde el primer momento en que la conocí. —Se lo agradezco. —También escuché que jamás ha perdido un caso —asentí ¿qué quería exactamente este sujeto? —¿A dónde quiere ir con todo esto señor Hayes? —Cedric sonrió. —Ya te lo dije muchacho, quiero que trabajes para mí. —¿Algún problema legal? —Elevé una ceja, curioso por su respuesta. —Dígamos que sí. > Recuerdo que hace cuatro años fui consultor del FBI como abogado penalista y nos llegó un reporte de evasión de impuestos por parte de uno de los hoteles que Cedric, cuando comenzamos a investigar no encontramos nada, todo estaba en orden. Según los reportes se trataba de un mal entendido; sin embargo, después Ann me contrató hace dos años en su bufete y nuevamente encontramos altas cifras de dinero que involucraban a Cedric de nuevo, pero esta vez, el dinero podría verse involucrado con el tráfico de drogas; sin embargo, no contábamos con las pruebas suficientes para inculparlo. —Me gustaría que llevaras a cabo los trámites de uno de mis negocios —él le dio una nueva calada al puro que tenía en su mano —. Quiero registrar mi nuevo hotel en Las Vegas y quiero que tú te hagas cargo. —Para empezar señor Hayes, para llevar a cabo los trámites de su hotel no es necesario contratar a un abogado penalista a menos que quiera pasar desapercibido algún dato —la sonrisa de Cedric se transformó en una mueca de desagrado. —Me ofende que tenga esa impresión de mí, abogado —las manos regordetas de Cedric se posaron sobre el escritorio —. Sin embargo, insisto que lleve mi caso, además le ofrezco una cuantiosa suma para pagar sus honorarios. —El dinero es lo de menos señor Hayes —interrumpí, ya había escuchado todo lo que me interesaba —así que, me temo que tendré que declinar su oferta. Él dejó su puro sobre el cenicero de cristal que tenía sobre su escritorio, su imponente mirada no abandonó mi rostro en ningún momento, no estaba feliz ante mi negativa, de eso podía estar seguro. —Espero que no se vaya a arrepentir de su decisión, abogado —el tono cauteloso y tajante de sus palabras sonaban como una advertencia implícita —. Sería un placer que trabajara para mí. —Hasta luego señor Hayes —y sin esperar una respuesta de su parte salí de la oficina. [...] El aroma del cigarrillo salía de mi boca en forma de una pequeña y espesa nube de humo, tenía el estúpido hábito de fumar cuando la sensación de ansiedad se apoderaba de mí y el silencio de Francescca solo lograba empeorar mi situación. Desde que le conté la razón por la que Cedric me había citado y su repentina propuesta de trabajo, ella se mantuvo en silencio con la mirada fija en la barra, era como si estuviera analizando la situación. —Era la única forma de estar cerca de Cedric y ahora que llegamos a un acuerdo será más difícil —habló sin dejar de mirar la madera. —Eso mismo pensé —dejé caer las cenizas del cigarrillo para después apagarlo. —¡Ya sé! —De pronto los labios de Francescca se curvaron en una sonrisa como si hubiera hecho el mayor descubrimiento —. Tengo una idea. —¿Y cuál es? —Una denuncia anónima —no pude evitar compartir su sonrisa, sin duda ella era una mujer muy talentosa —podríamos pedirle a Lucas que denuncie lo que descubrió y podría entrar en programa de testigos protegidos de la policía. Nosotros podremos estar presentes como sus abogados y podríamos investigar con la policía. —Tienes razón —su sonrisa se hizo más amplia cuando estuve de acuerdo —sabía que no me equivoqué contigo —dije más para mí que para ella —. Tengo una propuesta para ti —me atreví a decir. Ella me miró con interés. —Eres muy eficiente y como sabrás tenemos mucho trabajo —inhalé aire para tomar el valor para decir mis siguientes palabras —Así que ¿te gustaría tomar un caso tu sola? —Un brillo iluminó sus hermosos ojos. —¿Hablas en serio? —Asentí. —Tú llevarías el caso, pero yo te estaría asesorando —advertí. —Me encantaría —la radiante sonrisa se apoderó de sus labios además lucía ¿entusiasmada...? Estuvimos en el bar cerca de dos horas, dos horas en las que conocí más a la mujer de ojos bicolor que no había podido sacar de mi mente desde que la conocí. —Ya es tarde —anunció cuando vio la hora en el pequeño reloj que adornaba su muñeca. Me puse de pie junto a ella. —Déjame llevarte —después de todo era algo tarde para que ella tomara un taxi tan tarde, podía ser peligroso. —No te preocupes Malek —sonrió —. Varick está aquí. De pronto mi buen humor se esfumó, solo con escuchar ese nombre me daban náuseas. Sigo sin entender como Francescca puede estar comprometida con un tipo así. —Gracias —dijo de pronto —. Por confiar en mí, no sabes lo mucho que lo aprecio. Entonces sucedió lago que me dejó paralizado, los labios de Francescca se posaron en mi mejilla en un leve roce que provocó que todo mi cuerpo se tensara. ¿Pero qué demonios...? Antes de que pudiera decir algo o reaccionar ella desapareció entre la multitud hasta llegar a la entrada del bar. Regresé a la barra y le di un trago a mi bebida, esta mujer me estaba volviendo loco, había comenzado a provocar en mí una extraña sensación que jamás había sentido antes, la cual no me resultaba desagradable del todo. Un nuevo trago atravesó mi garganta cuando sentí como un afilado objeto se posicionaba cerca de mi costado. —Señor acompáñeme —mascullé una maldición cuando reconocí esa voz. —¿No eres muy obvio Kaim? —Dije con calma; sin embargo, no hubo respuesta —. ¿Él te envía? —No puedo decirle, solo tengo órdenes de llevarlo conmigo —no pude evitar soltar una risa fingida. —Y supongo que sabrás que no pienso ir a ningún lado contigo —llevé el vaso de vuelta a mis labios. —También tengo órdenes de tomar otras medidas si se resiste —la punta de aquel objeto fue presionada aún más cerca de piel. —Vamos. El hombre al que llamaba Kaim me tomó del brazo y me obligó a entrar a un Mercedes color n***o, una vez dentro dos de sus hombres me esperaban en el asiento trasero. —¿Es en serio? —Reí con diversión al ver a sus escoltas custodiándome. Mi mandíbula se tensó y mis palmas se encontraban hechas puños. Maldita sea, él me había encontrado. El auto se detuvo afuera de un centro nocturno el cual no solo se encontraba a unas calles del edificio en donde vivía Francescca, admito que la vez que la traje a su casa no me percaté del lugar, su estilo tropical y colorido jamás me hubieran pasado desapercibidos. —La persona que solicitó verlo se encuentra en la zona VIP —anunció Kaim —. No intente escapar señor, no me gustaría hacer algo contra usted. —Solo inténtalo —desafíe para después girar sobre mis talones e ir a encontrarme con ese idiota. Pero mi sorpresa no me encontré con él sino con ella.  — Dalia.
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