Francescca
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Esa preguntaba rondaba mi mente desde que salí de aquél bar, una sonrisa boba se formó en mis labios al recordar la calidez y suavidad del rostro de Melek. Desde que tengo memoria siempre viví rodeada de comentarios como: las mujeres deben dedicarse a su hogar, las mujeres deberían estudiar algo les ayude de criar a sus hijos etc. Y cuando mis padres se enteraron que quería convertirme en abogada recibí reproches de ellos y de mis hermanos, decían que debía estudiar algo que me ayudara en mi matrimonio, por esa razón mi madre deseaba que me casara con Varick cuanto antes.
Ella decía que a mis veinticinco años no debía seguir soltera, aunque sonara imposible todavía había personas con pensamientos machistas en pleno siglo XXI. Y ahora que Malek ha confiado un caso en mis manos sentí que por primera vez alguien tenía fe en mí.
—Has estado muy callada —dejé mis pensamientos a un lado cuando la mano de Varick se posó en mi pierna desnuda.
—Estoy bien —dije con sinceridad.
—¿Y esa sonrisa? —Me encogí de hombros.
—Malek me ha propuesto tomar un caso yo sola —solté con emoción.
La mano de Varick dejó mi pierna y su sonrisa se desvaneció, su mandíbula se tensó y una ligera arruga se posó sobre su frente.
Estaba molesto.
—¿Qué sucede? Parece como si no te agradara la noticia.
—No es eso, cielo.
—¿Entonces? —Insistí.
—Solo que me parece muy irresponsable por parte de Eljal dejarte llevar un caso tu sola —dijo sin despegar la mirada del volante —. No estás lista aún.
—¿Y cuándo lo estaré si no me dan la oportunidad? —Esta vez mi voz sonó irritada, estaba harta de que no me creyeran capaz de hacer algo por mí misma.
—No me lo tomes a mal, nena —se apresuró a decir y cuando intentó tomar mi mano me aparté.
Varick se estacionó a unas calles del edificio en el que vivíamos, él llevó sus manos a su cabello para después mirarme.
—Franny, sabes que pienso que eres una gran abogada —inició.
—No parece.
—Pero sabes lo que pienso acerca de que te involucres en casos tan complicados, puede ser peligroso —rodé los ojos, por más peligroso que fuera no iba a cambiar de opinión —. Mi amor, sabes que no es necesario que hagas esto —tomó mis manos entre la suyas —sabes que una vez que nos casemos no será necesario que trabajes.
—¿Qué? —Interrumpí antes de que dijera otra estupidez —. No puedo creerlo ¿tú también Varick?
—Franny, tus padres están preocupados por ti y me pidieron que hablara contigo —él soltó un pesado suspiro —ellos quieren adelantar la boda y yo accedí.
—No puede ser —cerré los ojos con fuerza —. Quedamos que la boda sería después de mi graduación y no antes.
—Piensa esto Francescca, desde que iniciaste a trabajar en ese bufete hemos descuidado nuestra relación —se quejó —. Apenas te veo en todo el día y...
—¿Y qué esperabas? Sabías que este era mi sueño y tú aceptaste.
—Lo sé, pero mira lo que nos está pasando —él hizo una pausa y después de un largo silencio habló —. Sabes, creo que ya es momento de formalizar esta relación.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que no nos vendría mal un poco de responsabilidad y que mejor que el fruto de nuestro amor —no me gustaba hacia donde quería llegar —. Franny quiero tener un hijo.
Juro que estoy a punto de colapsar en cualquier momento.
—¿Qué?
—Fui muy claro, quiero que tengamos un hijo.
—N- No estoy lista para eso Varick —no le bastaba con adelantar la boda sino que ahora me presionaba para que le diera una familia.
—¿Ves? ¿Por qué te empeñas en arruinarlo?
—¡Porque no estoy lista!
—Entonces creo que ya no estoy muy seguro de que esto funcione —una opresión se instaló en mi pecho y las lágrimas se asomaron en mis ojos sin llegar a derramarse.
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—¿Estás terminando conmigo? —No sé como pude formular la pregunta sin que mi voz se quebrara.
—Cielo, claro que no —el pulgar de su mano derecha acarició mi mejilla —. Solo estoy diciendo que el trabajo no debe ser un impedimento entre nosotros —sus brazos me envolvieron en un abrazo.
Estaba entre la espada y la pared, mi trabajo era mi prioridad en este momento, pero Varick tenía razón, a penas teníamos tiempo para nosotros; sin embargo, dentro de mí algo me decía que asa no era la verdadera razón.
—La boda será dentro de tres meses y una vez que nos casemos tendremos un hijo —susurró sobre mi cabeza.
Un escalofrío provocó que los vellos de mi nuca se erizaran ¿en verdad quería esto?
—Varick, aunque sabes que te quiero no puedo aceptarlo —él dejó de abrazarme para verme a los ojos —. La boda será después de la graduación y sobre el hijo que quieres no podrá ser, no por ahora —finalicé.
—¿Por qué te empeñas en hacer esto? —Ahora era él quien sonaba molesto —¿por qué no aceptas que tu lugar es en casa junto a un hombre que te ama?
Esa fue la gota que derramó el vaso.
—¿Y tú por qué no aceptas que no dejaré mi trabajo? —Y sin decir algo más bajé del auto dando un portazo.
[...]
Malek
No había cambiado en nada, su mirada profunda reflejaba sinceridad en aquellos ojos grises, su cabello castaño estaba teñido de un color rubio que la hacía ver más hermosa de lo que ya era.
—Malek —sus labios se curvaron en una sonrisa en cuanto me vio y antes de que me diera cuenta sus delgados brazos rodeaban mi cuello.
—Dalia —me alejé un poco para verla mejor.
—¿Es todo lo que dirás? ¿Dalia? —Una sonrisa juguetona adornó su rostro, estaba a punto de responder cuando la figura
de Kaim se posó a su lado. Ella pareció percatarse de mi incomodidad y mi enfado porque le lanzó una mirada al hombre que la acompañaba.
—Hiciste un buen trabajo al traer a mi hermano, puedes irte —Kaim asintió y se alejó para darnos privacidad.
—¿Se puede saber por qué me has traído? —Espeté —cuando vi a Kaim creí que se trataba de él.
—¿Asustado Malek? —Rodé los ojos.
—¿Qué quieres Dalia? —Ella hizo un puchero infantil.
—Esa no es forma de hablarle a tu hermana mayor —una punzada se instaló en mi pecho cuando mencionó la palabra hermana.
—No tienes derecho de llamarte así —cada parte de mi cuerpo se tensó —. Yo no tengo hermanos.
La expresión de Dalia reflejaba dolor y tristeza, como si mi comentario la hubiera herido de la peor manera. Quería que ella sintiera un poco de lo que yo sentí cuando me dio la espalda.
—Malek...yo en verdad lo siento.
Reí sin ganas.
—¿Crees que con un lo siento podría compensar lo que hiciste?
—Malek...
—¡Nueve años Dalia! —Grité, la música del club era tan fuerte que nadie podría escuchar mis reclamos a la mujer que una vez fue mi hermana —. Nueve años en los que tú me diste la espalda, preferiste estar al lado de él.
—Melek él también es...
—No te atrevas a decir esa palabra —advertí con una chispa de cólera —. Estuviste fuera de mi vida por nueve años ¿por qué ahora? ¿por qué viniste a buscarme?
—¡Traté de buscarte! ¡Todo este tiempo te estuve buscando!
—Claro —el sarcasmo era evidente en esa sola palabra —. Me dejaste a mi suerte.
—¡Lo sé! Y no sabes cuan arrepentida estoy...—su voz sonaba entrecortada mientras luchaba por contener las lágrimas —. Sabía que querías salir de toda esta mierda en la que estábamos metidos y cuando por fin lo lograste... —ella hizo un pausa intentando contener el llanto, sin embargo, pude notar la tristeza en su voz —. Cuando por fin lograste ser libre no quise arruinarlo.
Por primera vez en mi vida no tenía argumentos para defender mi posición ¿ella decía la verdad?
—Aunque no lo creas Malek, yo te quiero —las lágrimas comenzaron a rodar por sus bronceadas mejillas.
El fuego que se expandía por mi pecho de pronto se congeló, no podía soportar verla llorar y aunque lo negara sabía que ella no tenía la culpa de lo que había pasado, la culpa solo era de él y solo de él, así que tomé a Dalia entre mis brazos.
—Yo también te quiero.