Malek
No puedo creer que después de nueve años hice las pases con Dalia, mi hermana mayor. Ella me explicó las verdaderas razones por las que perdió contacto conmigo y una de esas razones era porque no quería que me involucrara en el mundo en que ella vivía. Su mundo.
El mundo de la mafia.
Una voz en mi interior me decía que era estúpido por confiar en ella, pero por otra parte no podía evitar sentirme como un chiquillo de diez años cuando estoy con ella.
—No sabes lo feliz que me hace estar así de nuevo contigo —la cálida sonrisa que la caracterizaba volvió a aparecer en sus labios.
Me limité a asentir mientras llevaba mi whisky a mis labios, pero aún la duda me carcomía ¿por qué Dalia me había buscado?
—Has crecido mucho Malek, eres todo un hombre y estoy orgullosa de ti —halagó; sin embargo, hice caso omiso a sus palabras —. Si mamá estuviera viva te apuesto que...
—Dalia —interrumpí —dime la razón por la que estás aquí —mi voz sonó más agresiva de lo que pretendía —. Si querías mantenerme a salvo ¿por qué volviste?
Ella comenzó a juguetear con sus dedos y se removió en su silla mostrando cuán incómoda le resultaba la pregunta, pero no importó, necesitaba respuestas.
—Supe que él se ha puesto en contacto contigo —mi mandíbula se tensó al recordar lo mensajes de texto que solía recibir.
—Quiere verme —aferré mi mano al vaso de cristal que descansaba sobre la barra.
—Lo sé ¿qué le has respondido?
—Nada. Lo mandé a la mierda —una ligera risita brotó de su boca.
—Tan típico de ti —Dalia dejó de reír para adoptar una postura seria e intimidante, postura que solía usar cuando me reprendía hace tantos años —. Él te necesita.
Esta vez fue mi turno de reír. ¿Quién lo diría? Nader Eljal necesitaba mi ayuda. «Te lo dije». Habló una voz en mi cabeza, ahora sabía la razón por la que Dalia me había buscado. Estaba furioso, ella me había visto la cara de estúpido, solo bastaron unas cuantas lágrimas de cocodrilo para convencerme, pero no caería en su juego, así que tomé mi abrigo dispuesto a irme.
—Malek espera... —la pequeña mano de Dalia se aferró a mi brazo impidiendo que me fuera.
—Suéltame.
—Mierda Malek, no te busqué para que veas a Nader —se apresuró a decir —. Él no sabe que he venido a verte, solo vine a advertirte.
El agarre de su mano se volvió más débil en cuanto dejé de luchar por soltarme, así que, regresé a mi lugar dispuesto a escucharla.
—¿Qué es lo que sabes? —Ella tomó una gran bocanada de aire antes de continuar.
—Tenemos algunos problemas —no me inmuté, era lógico que alguien que lidera un grupo de la mafia tuviera problemas.
Siempre habrá alguien que deseé tu posición. Esa era la frase que solía decir nuestro padre, sin embargo, el resto de aquel dicho era: no importa cuanta sangre se derrame, lo importante es demostrar quién es el verdadero líder. Gracias a ello, el apellido Eljal es respetado y vanagloriado, después de todo, yo llevo el nombre de un asesino.
—Nader está preocupado y necesita todo el apoyo que pueda.
No me molesté en responder y aunque no lo hubiera preguntado, ella sabía mi respuesta.
—No voy a ayudar a ese imbécil.
—Lo sé —Dalia me dedicó una mirada triste —. Pero no es eso lo que quiero decirte.
—¿Entonces?
—Si las cosas se salen de control será inevitable un enfrentamiento, algo peor se avecina —hizo una pausa —. Nader hará lo que sea para tenerte de su lado, pero tú Malek —ella tomó mis manos entre las suyas —debes prometerme que haga lo haga no te involucrarás en esto.
—No iba hacerlo de todos modos —su expresión preocupada se transformó en una de alivio.
—Gracias —dijo aferrando su agarre —. Haré lo posible para que te mantengas lejos de esto.
Asentí.
—Debo irme Dalia, tengo que hacer.
—Oh... Por su puesto —su mirada se oscureció ante mi partida. Para ser sinceros yo tampoco quería irme, pero necesitaba despejarme un momento, tenía que pensar, era demasiada información.
Le dirigí una última mirada a mi hermana, después de tantos años de ausencia no quería separarme de ella de nuevo. Ella había traicionado a Nader para venir a verme y ponerme al tanto de los planes de mi...
>
La palabra quemaba con tan solo pensarla, llevé mi mano al interior de mi chaqueta y tomé una de las tarjetas de presentación que solía llevar conmigo y la puse en las manos de Dalia.
—Llámame si necesitas algo.
—Malek —susurró para después envolverme en sus brazos —. Gracias por darme otra oportunidad.
Me dejé envolver en esa cálida sensación familiar que ya había olvidado al separarme de mi hermana, pero ahora no estaba dispuesto a perderlo de nuevo. Estaba tan concentrado en mi reconciliación con Dalia que no me percaté que unos ojos bicolor me miraban con atención, pero cuando lo hice fue demasiado tarde.
[...]
Francescca
El sonido de mis tacones resonaba en el pavimento, no sabía hacia dónde iba ni tampoco me importaba. Lo único que quería era alejarme de todo y de todos. La iluminación de un peculiar club nocturno se posó frente a mí, el lugar lucía agradable y bastante concurrido, así que, sin pensarlo dos veces entré. Mi visión no se enfocó en las decoraciones estilo tropical que adornaban el lugar sino en algo que me dejó pasmada. Frente a mí se encontraba el hombre más frío que haya conocido en los brazos de una mujer.
Malek Eljal.
El hombre más frío y calculador se encontraba en los brazos de una mujer. Sus ojos grises se posaron sobre mí y no pude evitar sentirme avergonzada al ser descubierta, así que, hice lo que cualquier persona haría en esta situación.
Huir.
Estaba a punto de llegar justo a la salida cuando una mano se aferró con fuerza a mi brazo, su mandíbula estaba tensa y sus ojos no se apartaron de mí ni un segundo, él no me iba a dejar ir.
—¿Francescca? —Cada palabra de su voz detonaba sorpresa y confusión al encontrarme casualmente en un centro nocturno justo después de vernos.
«Seguramente pensará que lo estuve siguiendo»
—Malek...eh... Hola.
—¿Qué haces aquí? —Pude notar un pequeño destello de curiosidad en esa pregunta.
Antes de responder miré a la mujer con la que se encontraba Malek hace un momento, su cabello era corto y rubio, vestía un elegante vestido n***o con un pronunciado escote en la espalda que no llegaba a ser vulgar en ningún momento. Ella nos miraba con atención y una sonrisa se formó en sus labios antes de dar media vuelta y marcharse, una sensación de familiaridad me inundó, tenía el presentimiento de que había visto a esa mujer en alguna parte.
Pero ¿dónde?
—¿Vas a responder? —Centré mi atención de nuevo en el hombre que tenía frente a mí.
—Solo vine por un trago —respondí tratando de sonar convincente.
De hecho, no era del todo mentira, ya que, después de la pelea con Varick necesitaba despejar mi mente por un momento.
—¿En serio? Por un momento creí que estabas siguiéndome.
—¿Por qué te seguiría? —Pregunté con indignación.
—No lo sé. Tal vez porque soy ¿irresistible? —Mi mandíbula casi cae al suelo cuando comprendí lo que estaba sucediendo.
Malek Eljal acababa de hacer un chiste.
—¿Te vas a quedar ahí o aún quieres ese trago? —Preguntó de repente.
—Sí.
—Vamos.