Capítulo 18

1429 Palabras
Malek El silencio reinaba entre nosotros, Francescca se limitó a mantener la mirada hacia el frente al igual que yo; sin embargo, a pesar de la serenidad que reflejaba en mi exterior mi mente era todo un caos. Cada vez que la miraba su ceño se fruncía ligeramente y una mueca de disgusto se asomaba en si rostro, era evidente que algo le preocupaba, pero era demasiado orgulloso para preguntar. No por el hecho de que no me importara, sino que tal vez, temía a que ella no confiara lo suficientemente en mí para confiarme sus problemas. —Sé que dijiste que evitara relacionarme contigo con asuntos fuera del trabajo, pero ¿podrías olvidar por un momento que somos compañeros de trabajo y podrías escucharme? Necesito hablar con alguien —la petición que salió de sus labios fue capaz de hacerme contener en aliento, una chispa de culpa me llenó, ya que, fui yo el que quiso poner distancia entre nosotros. Asentí como respuesta. Ella llevó el vaso de vodka a sus labios, pero se detuvo a medio camino para después dejar el vaso en su lugar, ella mantenía su mirada fija en en cristal como si tratara de armarse de valor, pasaron algunos minutos sin que ella emitiera alguna palabra mientras que yo la acompañé con mi silencio, no quería presionarla. —¿Alguna vez te has sentido atrapado? ¿Tan atrapado cuando tu familia hace lo posible por decidir por ti sin importar lo que sientes? —Sí —susurré, no conocía por que clase de situación estaba pasando Francescca, pero estaba familiarizado con ese sentimiento. Cuando tu familia, lo único que en realidad amas te utiliza para sus propios beneficios sin importarle si daña a los suyos, ese sentimiento de frustración que recorre cada parte de tu cuerpo y a pesar de todos los intentos jamás encuentras la salida. —No sabes lo difícil que es que las personas que amas tengan tan poca fe en ti —por primera vez Francescca me miró a los ojos, en ellos se reflejaba tristeza y algo que jamás había visto en ellos —. No sabes lo difícil que es creer que yo no estoy hecha para ser abogada. Miedo. —Entonces no son dignos de merecer tu amor o respeto —las palabras fluyeron de mi boca como el agua fluye de los ríos —. Las personas que en verdad te aman no dudarían de ti o de tus capacidades —en su rostro no podía ver nada más que inseguridad, no había rastro de aquella sonrisa que me mostró cuando estábamos en el bar. —A veces me cuesta trabajo tratar de convencerme a mí misma de que estoy haciendo lo correcto. —Dudar de tus capacidades es lo peor que puedes hacer —me sentí como un padre reprendiendo a su hija ante mis palabras, pero la verdad era que odiaba que ella se menospreciara así misma y a sus capacidades. Si tan solo pudiera mostrarle lo que veo en ella, quizás su percepción cambiaría; sin embargo, esa no era una opción. Solo había una sola que cosa que podía hacer por ella en este momento. —cuando te conocí vi a una novata,pero entre más te veía trabajar me di cuenta de que eres una gran abogada —confesé. Ella me miró con sorpresa, como si no pudiera creer lo que estaba diciendo, esas palabras no eran para hacerla sentir bien ese no era mi estilo, yo no solía decir cosas que las personas quisieran escuchar, yo solo decía lo que pensaba. Este último que mes que estuve trabajando con Francescca me di cuenta de lo entregada que es hacia su trabajo, ella se esforzaba por aprender y dar lo mejor de sí, desde que fue asignada conmigo al caso de Cedric fue entonces cuando me di cuenta de que ella tenía potencial y que además me sentía honrado al ser yo quien la guiara en este camino. —En un juicio hay dos opciones: la primera es la oportunidad de argumentar y mostrar las pruebas adecuadas para ganar el caso y la segunda, a pesar de tus argumentos y preparación puedes perder —dije con seguridad —. Sin embargo, ganar o perder no es lo importante. Lo importante es hacer justicia y buscar en bienestar de nuestros clientes. —Jamás lo había visto de eso modo —dijo con asombro —siempre creí que lo que definía a un buen abogado era la cantidad de casos ganados. —Lo que define a un buen abogado está en la pasión con la que hace su trabajo —dije con firmeza —. Solo debes confiar en ti misma como yo confió en ti —mi mano se posó sobre su mano involuntariamente, fuera del sentido romántico, solo quería demostrarle que tenía mi apoyo. —Malek. —Si dejas que comentarios como estos te hagan creer que no eres buena en lo que haces y dejas que te dañes de esta manera, no podrás ser buena abogada y lo mejor será que renuncies —el rostro de Francescca palideció como si le hubieran dejado caer un balde de agua fría, sabía que mis palabras eran duras, pero tenía que hacerla reaccionar —recuerda que no importa si ganas o pierdes, lo importante es intentarlo —su mano se aferró a la mía con fuerza para después asentir —, Así que, deja de hundirte en tus inseguridades y demuestra lo que tienes. —Malek, gracias —su semblante serio cambió a uno más relajado —. No sabes cuanto necesitaba escuchar esas palabras. —Bien. Solté mi mano de las suyas y regresé mi atención a mi bebida, al menos me alegraba que este día no haya terminado tan mal como empezó. Al menos puede ayudar a Francescca, aunque por desgracia sabía que sus problemas apenas comenzaban. Ella no lo dijo, pero pude leer entre líneas cuando dijo que las personas que amaba no confiaban en ella, puede entender a quien se refería y una de esas personas era Varick Bauer. —Es tu turno —su voz me sacó de mis especulaciones. —¿Qué? —Es tu turno de decir lo que te sucede —me alentó a hablar. Fue entonces cuando una alarma se encendió dentro de mi cuerpo, ella trataba de involucrarse conmigo y trataba de ver al Malek que se escondía detrás de ese semblante de frialdad, eso no lo iba a permitir, así que, inmediatamente opté por una postura defensiva. —No necesito hablar con alguien para resolver mis problemas y menos contigo, yo solo puedo resolver mis propios asuntos. No creas que tienes el derecho de meterte en mi vida solo porque te di algunas palabras de aliento —dije a la defensiva, sabía que la estaba lastimando con mis comentarios, pero no podía permitirle que cruzara esa delgada línea que nos separaba, si lo hacía estaría perdido. —No pretendo meterme en tu vida —defendió —, A veces la carga es menos pesada entre dos. —No trates de sobrepasar los límites conmigo, no necesito que me ayudes a llevar esa carga que supuestamente tengo. No sabes nada de mí —ella me lanzó una mirada de frustración y enfado, pero no me inmuté ni un solo momento. —Tienes razón, no sé nada sobre ti ni tampoco pretendo hacerlo, pero en estos casos con solo decir no gracias, estoy bien bastaba. No era necesario ser un idiota. No la miré, sabía que ella tenía razón, pero si ella se enteraba de la verdad ¿me hablaría como lo hace ahora? No lo creo. Ella tomó su bolso y lo aferró a su hombro para después dar media vuelta, pero por alguna razón se detuvo. —Déjame devolverte el favor —dijo débilmente —. Si crees que con esa actitud lograrás algo estás equivocado, los miedos que escondes no definirán lo que eres ahora, así que, no temas a dejar que las personas te conozcan como en realidad eres. Yo ya lo he visto y puedo apostar que a las demás personas les encantaría conocer al verdadero Malek Eljal tanto como a mí. Francescca retomó su camino dirigiéndose a la salida, sus palabras dulces, pero a la vez duras me dejaron pasmado y aturdido, ella había logrado leerme como un libro abierto. «Idiota, idiota, idiota» No quería que ella tuviera esa impresión de mí, no quería que ella se alejara de mí, no ella. Así que sin poder evitarlo corrí tras ella.
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