El Capítulo 40 se sitúa en la frontera líquida del Estrecho de Gibraltar, un espacio donde las nacionalidades se diluyen y solo sobrevive la ley del más fuerte. Aquí, la calma posterior a la tormenta de Tánger no es un alivio, sino un intervalo de angustia donde Valeria debe asumir el mando absoluto de su destino mientras el Halcón lucha por no desvanecerse en el olvido de la fiebre. La barcaza de Selim cortaba las aguas negras del Estrecho con una pesadez rítmica, como un animal herido que busca el refugio de la costa andaluza. El aire ya no olía a la podredumbre orgánica de los curtidores, sino a sal pura y al frío metálico de la madrugada en alta mar. Valeria estaba sentada en el suelo de la cabina de carga, rodeada de sacos de sal que actuaban como un aislante improvisado contra el ru

