Capítulo 56

1509 Palabras

El reencuentro en las ruinas de la aldea de Zé do Rio no fue el abrazo cinematográfico que Valeria había imaginado durante sus horas de soledad en la balsa de goma. Fue un choque de realidades brutas en medio de un cementerio de madera astillada y lodo humeante. Cuando la balsa de Valeria encalló finalmente en lo que quedaba del muelle principal, el aire todavía vibraba con el eco de las explosiones y el siseo del agua sobre el metal caliente de los drones derribados. Aarón emergió de entre los restos del secadero como una aparición de la misma tierra. Estaba cubierto de una costra de lodo rojo y ceniza, con la camisa hecha jirones y una herida superficial en la sien que le bañaba la mitad del rostro en un carmesí denso. Sostenía el fusil con una mano laxa, como si el arma hubiera pasado

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