—¿Qué tengo yo que ver con todo eso? —le pregunté, pues no acabada de entender por qué había mencionado eso. —Mira, en lo primero que me fijé, fue en tu chaleco, esa fue la verdad, y me dije “Ese sería un buen regalo de cumpleaños”, me gustó desde el primer momento en que le vi, tanto bolsillito, ¡No sé!, fue como un capricho de niño, cuando uno va al parque a jugar y hay otro niño con una pelota por allí, y se le antoja, y coge una llantina que no hay quien le calle porque no se la dan. Si él la quiere no comprende por qué no la puede tener, pues algo parecido fue lo que me sucedió a mí. No lo sabría explicar. —¿Y por eso me preguntaste que si te lo vendía? —le dije recordando en este instante aquel momento que me pareció tan raro. —¡Claro!, si no ¿Por qué? ¿Hubiera sido mejor que te l

