Un destino marcado

1354 Palabras
La mansión Blackwood estaba sumida en un silencio solemne, envuelta en la penumbra inquietante de la noche. Las sombras de los altos candelabros danzaban suavemente sobre los muros, mientras que la luz de la luna entraba como torbellino por los grandes ventanales. Los ojos carmesí de Lucian, que estaba de pie junto a uno de ellos, estaban fijos en el sendero que llegaba hasta la entrada de su mansión, como si pudieran traspasar la oscuridad y arrojaran un poco de luz sobre las preguntas que lo atormentaban. El sonido de las ruedas de un carruaje sobre la grava rompió la quietud de la noche, haciendo que Lucian tensara sus hombros. Bajó la mirada hacia el elegante carruaje y abriendo sus puertas con un suave chirrido, dos figuras descendieron con pasos firmes: Margaret Whitmore, impecable como siempre, y Elizabeth, mostrando una fragilidad que incluso perforaba el endurecido corazón de Lucian. La puerta de su despacho se abrió, haciendo que la atención de Lucian se centrará nuevamente en el interior del mismo. Alaric, con una leve inclinación de cabeza, ingresó al despacho y dijo: – Mi señor, la señora Whitmore y su hija han llegado. Lucian asintió, tomando un momento para recomponerse antes de responder. – Hazlas pasar. Alaric se retiró y poco después, las dos mujeres cruzaron el umbral del despacho. Margaret, con paso firme y elegante, ocultando cualquier atisbo de vulnerabilidad, y Elizabeth, abrumada, con los hombros ligeramente encorvados y un rostro marcado por las sombras de sus emociones, evitando cualquier contacto visual con Lucian que no dejaba de mirarla con una intensidad que parecía estudiar el alma de la joven. Margaret, fue quien rompió el silencio primero, con su voz clara y firme. – Gracias por recibirnos, duque Blackwood. – su tono era controlado, pero en su mirada brillaba la feroz preocupación de una madre. – Supongo que sabe porque estamos aquí. Lucian por un momento sostuvo la mirada de la Sra. Margaret antes de responder, luego se giró hacia Elizabeth y dijo: – Lo sé… veo los cambios en su cuerpo. Elizabeth levantó la mirada de golpe, llevándose instintivamente las manos a su vientre, su madre, frunció el ceño y con una mirada interrogadora preguntó: – ¿Qué quiere decir con eso? Aún ella no le había dicho que Elizabeth estaba embarazada de él, pero sin hacerlo, Lucian parecía intuir lo que pasaba, incluso esperarlo. – Puedo verlo… los cambios en su cuerpo son sutiles pero evidentes. Su vientre ha comenzado a hincharse y en tres meses… dará a luz. Elizabeth dio unos pasos hacia atrás aterrada, sin despegar las manos de su vientre. – ¿Qué? – expresó atónita sin poder creer lo que escuchaba. – ¿Tres meses? – tratando de controlar su miedo. – Eso es imposible, ningún embarazo ocurre tan rápido. – intentando que sus piernas no flaquearan al recibir tal noticia. Lucian, avanzó un paso hacia ella y con un tono calmado pero firme, respondió: – No es posible para los humanos comunes, pero tú no eres una humana común. Elizabeth… – manteniendo su distancia. – Portas el grimorio en tu interior y estás gestando un híbrido. Elizabeth sabía perfectamente todo lo que poseía en su interior y lo que conllevaba, pero… ¿Tres meses? Era demasiado… En ese momento sus piernas temblaron y Elizabeth se sostuvo en el antebrazo de un sillón. Su madre, la sostuvo preocupada y desesperada, al ver que su hija se desvanecía por un mareo repentino. La sentó en el sillón aún preocupada y Lucian se aproximó a ella tomando sus manos, preocupado también. – Elizabeth… cálmate… respira hondo. – sus ojos brillaban de preocupación y mirando a Alaric expresó. – ¡Alaric rápido trae un poco de alcohol! Alaric salió del lugar rápidamente también preocupado, mientras tanto, Margaret y Lucian trataban de calmarla. – Hija, cariño… – dijo su madre muy preocupada pero manteniendo el control, acariciando el brazo de su hija. – Respira hondo, mira a mamá. – Elizabeth miró a su madre. – Así cariño… respira. En ese momento llega Alaric con él alcohol en sus manos y se lo da a Lucian. El duque lo agarra rápidamente y sentándose al lado de Elizabeth, hace que huela el alcohol. – Elizabeth… huele esto te sentirás mejor. – dijo acercando la botella a su nariz. Elizabeth obedeció y con lentitud aspiró el fuerte aroma que hizo que frunciera el ceño. Poco a poco, su respiración comenzó a estabilizarse. Margaret se calmó un poco al ver a su hija respirar con más de normalidad, y tanto Lucian como Alaric también. – Ya está bien… – dijo Lucian, dejando la botella de alcohol arriba de una pequeña mesa. Mientras que Alaric la tomó y la cerró. Y Lucian, acariciaba con lentitud la espalda de la joven con cuidado para no molestarla. – Ya pasó Elizabeth… ya pasó… La madre de Elizabeth mira fugazmente a Lucian con agradecimiento y él, responde a su mirada asintiendo y curvando levemente sus labios. Elizabeth, tiene su mirada fija en el suelo, tratando de procesar todo aquello. Tres meses… en tres meses sería madre de un niño que desafiaba toda lógica humana. *** Luego de que todo parecía más tranquilo, el despacho se sumió en un silencio expectante, como esperando una solución ante la situación delicada que se estaba gestando. La respiración de Elizabeth aún permanecía inestable, pero controlada. Lucian se había aproximado a su escritorio cuando todo regresó a la normalidad, pero aún mantenía una mirada fija en ella y sus ojos carmesí, reflejaban determinación y algo más profundo que no dejaba entrever con facilidad. Finalmente, rompió el silencio con voz firme y solemne. – Elizabeth, no permitiré que tu honor y dignidad sean manchadas en esta sociedad tan cruel y despiadada. Esto no solo lo hago por el niño que llevas dentro, sino por lo que ambos representan. Elizabeth levantó la cabeza lentamente, sus ojos reflejaban confusión y un destello de desesperación. – ¿Qué quieres decir? – preguntó, aunque en el fondo intuía una respuesta a su pregunta. Lucian, avanzó un paso hacia ella y respondió: – Me casaré contigo. – declaró con una serenidad que contrarrestaban la tormenta de pensamientos que envolvían la mente de Elizabeth. – De este modo, no sólo tu integridad será protegida, sino también la de nuestro hijo. Como mi esposa, nadie se atreverá a cuestionarte ni a poner en duda lo que ocurre. Margaret, que había permanecido en silencio hasta ese momento, se irguió, asintiendo con una expresión serena, aunque su corazón se contrajo al ver la resignación en el rostro de su hija, pero sabía que Lucian tenía razón. – Elizabeth, esto es lo correcto. – dijo mirando a su hija, intentando transmitir fortaleza. – Esto no es solo una solución, es la única forma de protegerte. Elizabeth bajó la mirada, sus manos apretaban con fuerza los pliegues de su vestido, no quería esto, pero las palabras de su madre y la mirada intensa de Lucian, la encerraban en una realidad que no podía escapar. – No tienes elección. – continuó Lucian, suavizando su tono al percibir la lucha interna de Elizabeth. – Esto no solo se trata de ti o de mí, sino de algo mucho más grande. Lo que portas en tu interior es más que un simple hijo; es el cumplimiento de un destino que no podemos ignorar. Las lágrimas en los ojos de Elizabeth amenazaban con escapar, pero se contuvo y con una mirada suplicante, dirigió sus ojos hacia su madre, buscando en ella desesperadamente una salida, pero solo encontró resignación. Elizabeth suspiró y dejando caer sus hombros respondió: – Está bien. Si es lo que debo hacer… lo haré. Lucian asintió y su expresión se suavizó. – Será rápido y discreto. – prometió, mirando fugazmente a Margaret que asintió. La señora Whitmore se acercó a su hija y colocando una mano reconfortante en su hombro dijo: – Todo estará bien, hija. – dijo con una punzada de tristeza en su interior. – Sé fuerte. Elizabeth cerró los ojos y asintió, respirando profundamente. Su destino ya estaba marcado y no podía seguir esquivándolo.
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