Desafío entre reyes

1302 Palabras
El salón del trono estaba iluminado por la tenue luz de la tarde cuando Gerald, el príncipe del Reino Dravenhall, escuchó por enésima vez, los rumores sobre que Elizabeth Whitmore, estaba casada, pero con un vampiro, aunque no sabían quién. Esto al príncipe le parecía ridículo, antes de que Elizabeth fuera a su primer baile, donde casi logra poseerla, había investigado sobre su vida, donde claramente estaba escrito que ella odiaba a los vampiros, ya que uno de ellos, habían asesinado a su padre. Para Gerald ella era la pareja perfecta, pues no sólo compartían su aversión hacia estas especies, sino que también era una joven con una intachable reputación y llena de misterio. Sin embargo, debía reconocer que su desaparición repentina de la sociedad era un poco extraña, para una persona que recién había debutado en la sociedad. Uno de sus informantes se acercó a él y Gerald le preguntó en un tono severo: – Y… ¿Qué han descubierto? Lord Brighton, su consejero, se acercó y dijo: – Su Alteza. – con una leve reverencia. – Según parece los rumores son ciertos, mi Lord, la señorita Whitmore ya no vive con su familia. Gerald se tensó un poco al escuchar eso. – ¿Cómo que no? ¿Dónde está entonces? – preguntó, esperando lo peor. Brighton dudó en responder por un momento. – En la mansión Blackwood. El silencio cayó sobre la Sala, Gerald dejó la copa de vino sobre la mesa no creyendo lo que escuchaba. Apoyó sus codos en la misma y entrelazando los dedos respondió: – Eso es ridículo. – risa seca. – Elizabeth desprecia a los vampiros. – Es cierto. – dijo asintiendo Brighton. – Pero entonces… ¿Cómo explica usted que no haya regresado a la sociedad? ¿Por qué nadie ha vuelto a verla? Recuerde Alteza, que cuando el río suena, agua lleva. – ¡Que no es cierto, carajo! – exclamó enojado golpeando la mesa y poniéndose de pie mirando con desafío a su consejero. – Eso no es cierto. – tratando de calmarse y volviéndose a sentar. Su consejero lo miró pensativo. Jamás había visto a su príncipe tan alterado y menos por una mujer. Con cautela se acercó un poco más a él y expresó: – De no ser así. ¿Qué haremos? Todo indica que está ahí. Gerald mirando a la nada con rabia y apretando los puños dijo: – Manda inmediatamente una carta al duque Blackwood, quiero verlo. – Sí, mi señor. – dijo con una leve reverencia y se marchó. Una vez solo el príncipe pensó para sí: "Eso no puede ser cierto. ¿Cómo alguien como ella, puede permanecer en su hogar? Debo saberlo y confirmar que no es cierto." *** La mansión Blackwood estaba envuelta en su eterna penumbra de siempre cuando un sirviente ingresó a la sala con una expresión tensa. Lucian Blackwood, el Rey de los Vampiros, estaba sentado en un sillón de terciopelo n***o, teniendo en una de sus manos, una copa de cristal con un líquido color carmesí y en la otra, un libro de historia antigua que estaba leyendo. Sin levantar la vista del mismo, Lucian notó el nerviosismo de su sirviente y dijo: – Habla. El hombre tragó saliva y extendió a su rey un sobre sellado con el emblema de la casa real de Dravenhall. – Mi señor… ha llegado una carta del príncipe Gerald. Lucian dejó el libro con calma sobre la mesa y tomó la carta fríamente, como si el mensaje del príncipe humano no fuera más que una distracción innecesaria. Rompió el sello con un movimiento ágil y comenzó a leer la carta, que poseía una caligrafía pulcra y refinada. "Duque Blackwood, Ha llegado a mis oídos un rumor que encuentro difícil de creer. Se dice que Lady Elizabeth Whitmore reside en su hogar. Como sabe, su familia pertenece a la aristocracia de Dravenhall y su repentina desaparición ha causado ciertas inquietudes en la corte. Espero que estas habladurías sean infundadas, pero considero necesario escuchar una confirmación de su parte. Le solicito un encuentro privado para aclarar estos asuntos. Espero su pronta respuesta. Atentamente, Príncipe Gerald de Dravenhall." Lucían dejó escapar una risa baja y peligrosa. Elizabeth, que estaba junto a la chimenea con un libro entre las manos, alzó la vista y preguntó: – ¿Qué sucede? Lucian se acercó al sillón de su esposa y apoyándose en el respaldo del mismo con una sonrisa pícara, extendió la mano con el sobre y se lo dió. Elizabeth lo tomó con cautela y la leyó rápidamente. – Parece que el príncipe humano aún está desesperado por ti. El rostro de la joven se tornó sombría, recordando lo que casi sucede esa noche y lo que la arrastró a esta situación. Apoyando una mano en su vientre sintiendo una opresión en el mismo expresó: – No puedo creer la poca vergüenza que tiene este hombre. – Él aún cree que puede reclamarte. – murmuró con desdén. – No tiene idea de que ya eres mía. – dijo entornando sus ojos, analizando cada gesto de su joven esposa con sus ojos rojos como la sangre. El último comentario de Lucian la incomodó bastante. En si no era de nadie, pero el destino se había empeñado en unirla a él. Desvió la vista ante su mirada penetrante y preguntó: – Y… ¿Qué vas hacer? ¿Le vas a responder? Lucian sonrió de lado, nuevamente volvió a su escritorio y desenfundó su pluma de manera elegante comenzando a escribir refinadamente. "Príncipe Gerald, Me sorprende su repentina preocupación por Lady Whitmore, cuando, según tengo entendido, nunca mostró tal interés antes por su desaparición. Para que su mente descanse en paz, debo aclarar que Elizabeth no está retenida ni desaparecida, ella reside en mi hogar por voluntad y derecho como esposa y futura madre de mi hijo. Aclarado los rumores por mi propio puño y letra en esta carta, no veo la necesidad de un encuentro privado. Si duda de mis palabras, las puertas de mi hogar están abiertas para usted y comprobar la veracidad de las mismas. Mi esposa y yo estaremos encantados de recibirle. Atentamente, Lucian Blackwood, Rey de los Vampiros." Lucian selló la carta con su emblema y se la entregó al sirviente. – Que la reciba antes del amanecer. – ordenó con autoridad. El hombre tomó la carta y apresuradamente salió del lugar haciendo una reverencia. Elizabeth, acercándose a él con una mano acariciando su vientre y el ceño fruncido dijo: – ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? ¿Cómo lo vas invitar a venir sabiendo en el estado que estoy? Con este vientre de embarazo que llevo, va a pensar que hace más de un mes que tenemos una relación y que por este motivo me tuve que casar contigo, para evitar un escándalo en la sociedad. Lucian sonriendo se puso de pie y acercándose a ella, apoyó delicadamente sus manos sobre sus brazos y expresó: – Esposa mía, no debes preocuparte. El orgullo herido del príncipe y su arrogancia, no lo dejarán llegar hasta aquí. Él odia a los de mi especie y no soportaría que una mujer a la que siempre le interesó, fuera robada por un vampiro. Así que no debes preocuparte. – acariciando su mejilla. – Y si en el peor de los casos él decide venir a verte, deberá comprender que lo que llevas ahí dentro no es un niño común, sino un híbrido, que tiene un período de gestación distinto al de un niño completamente humano. Por lo tanto, no podrá especular nada fuera de ello. Lucian abrazó a Elizabeth y ella, a pesar de todas sus dudas y la distancia emocional que había impuesto entre él y ella, por un momento se desvaneció, tranquilizandola completamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR